Armaggedón en el Islám.
por Joaquín Albaicín *
Voces como las del Pseudo-Metodio, Nilo, Ireneo, Orígenes, Martín de Tours, Paracelso, Lutero, Fiore, Arnau de Vilanova o la recién beatificada Anna Katherina Emmerich han dejado constancia durante dos milenios de la preocupación íntima del corazón humano por la batalla prometida para el Fin de los Tiempos entre el anti-Cristo de pestañas albinas y el Enviado de Dios, lid que -enrollando el mundo como un pergamino- dará cerrojazo al ciclo de esta humanidad. Sir Robert Anderson y un servidor, incluso pusimos idéntico título -El príncipe que ha de venir- a nuestros respectivos libros en torno al Fin… Inevitable, referirse a uno de los tratados cimeros sobre el tema: El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos, de René Guénon. O a La Hora Undécima, de Martin Lings, de próxima aparición en castellano. Ahora, por gentileza de la Fundación Cultural Oriente y con matasellos de la lejana Qom, tan vinculada a la historia de los Reyes Magos, llega a nuestro buzón el nuevo libro del ayatollah Ya´far Subhânî: La doctrina del Islam Shi’ah a la luz de las enseñanzas de Ahl’ul Bait. Nada más abrirlo, se despliega ante nosotros un hadith de Muhammad referente al Mahdi, compañero de Jesús en la guerra apocalíptica contra las fuerzas de la perversión universal: “Aunque no quedara en el mundo más que un solo día, Dios alargaría ese día hasta que surja un hombre de mi descendencia que lo llenará de justicia y equidad, tanto como lo habrá estado de injusticia e iniquidad“.
No es ajena al Islam, en efecto, toda la escatología relativa al aquilón, los dos testigos y la “fuerza que lo retiene“, habiendo destilado sus doctores -en paralelo al Apocalipsis sinóptico, las Cartas a los Tesalonicenses y la revelación de Patmos- toda una tradición magisterial relativa tanto al hijo de iniquidad (Al Dajjal) como al paladín celestial (Al Mahdi). Como dice Subhânî sobre éste: “La existencia de tal Reformador mundial en el futuro de la humanidad es … asunto categórico sobre el cual no es factible la duda. Aquello objeto de discrepancias es si ya ha nacido y ahora mismo se encuentra con vida, o si es que vendrá en el futuro“. Los shiíes creen que advino en el año 225 de la Hégira, vive aún y no es otro que el XII Imam. ¿Por qué permanece oculto? ¿Para -como resaltara el Imam Bâqir- no ser asesinado al manifestarse antes de darse las condiciones requeridas? Esto, escribe Subhânî, constituye “uno de los secretos divinos“. Se asegura, en cualquier caso, que su ocultación “no equivale a la separación del Imam respecto de la comunidad”, pues es “como el sol que se encuentra detrás de las nubes, al cual no alcanzan las miradas, pero de cuya luz la gente de la Tierra se beneficia“.
¿Cuándo vendrá? Aunque muchos relatos se refieren a las señales mayores y menores anunciadoras de su aparición, Subhânî reitera que nos hallamos ante otro secreto divino y que “no se puede aceptar las pretensiones de aquellos que invocan conocer el momento de la manifestación del Imam o especifican un tiempo para su manifestación“. Hay, por supuesto, disenso sobre la cuestión, en especial ahora, cuando por doquier se advierte en cada ciudadano de Occidente un signo andante del Fin de los Tiempos. Así, un maestro espiritual sunní, el sheykh Al Haqqani, aseguró en 1985 -en su obra Misterio de los misterios detrás de los misterios- que el Mahdi había nacido en la década de 1930 en Wadi Fatimah, una aldea a medio camino entre Medina y Jeddah, siendo en su adolescencia retirado del mundo por sus padres. Hoy, viviría a resguardo de toda mirada en los Cuarteles Vacíos, gruta que da alojamiento a “la iglesia de la Felicidad … construida por ángeles“, en un desierto de arenas movedizas entre Yemen y el Hejaz. Según Al Haqqani, también el anti-Cristo -cargado de cadenas en una isla inaccesible- respira ya en la Tierra, encarnado en un cuerpo particular.
Armaggedón, explicó, será una gran guerra desatada a fines del siglo XX o principios del XXI entre el Este y el Oeste, la última de la Tierra y en la que morirán seis de cada siete hombres. El Mahdi la detendrá. Surgirá después un gran tirano: el anti-Cristo. Jesús y el Mahdi comparecerán entonces en Damasco, junto a la tumba del Bautista y a la hora de la plegaria del amanecer. A su proclamación de: “¡Allahu Akhbar!“, todo el poder de la tecnología sufrirá un colapso. Acto seguido, el Mahdi se enfrentará en Constantinopla al anti-Cristo, llegado de Khorassan. Consumada su derrota, la Tierra conocerá cuarenta años de paz absoluta -equivalentes al refrigerio de los justos de la tradición profética cristiana- al cabo de los cuales los demonios iniciarán su contraataque. Jesucristo morirá diez años después, es decir, cincuenta después de Armaggedón. El reinado del Mahdi -patente homólogo del Último Emperador del profetismo cristiano- durará siete, y Jesús pronunciará la oración en su funeral.
El sheykh Ad-Daghestani, maestro de Al Haqqani, comunicó en su día vaticinios complementarios en los que, con independencia de que toda profecía sea siempre, y más en los Últimos Tiempos, un espejo quebrado, no es difícil reconocer la facultad visionaria auténtica: árabes e israelíes, predijo, firmarían tras el desplome del comunismo la deseada paz duradera por mediación de América. Las guerras entre todos los países irían siendo sofocadas poco a poco bajo el liderazgo americano (ya el Pseudo Hipólito, allá por el siglo IV, advertía de que el dúplice anti-Cristo “ayudará a las viudas, protegerá a los huérfanos, amará a todos, hará que los enemigos hagan la paz“, siguiéndole Soloviev con su anuncio de que el tentador “revestirá con el brillante velo del bien y de la justicia el misterio de la absoluta iniquidad“). Mas, cuando nadie espere una nueva contienda, las bases americanas en Turquía serán atacadas por un país vecino y el conflicto se extenderá por todo el orbe. En ese tiempo, vendrá el Mahdi. También predijo Ad-Daghestani el fraccionamiento de China en pequeños países tras la conclusión con los Estados Unidos de un acuerdo de renuncia a las armas nucleares.
“Veo a Inglaterra entrando en el Islam“, agregó el sheykh, anticipando de algún modo la protección dispensada por la familia real británica al Islam europeo y su interés por diferentes religiones, lo cual, a no ser que Camilla Parker-Bowles resulte una Magda Lupescu, tiene bastante lógica a la luz de los retiros del Príncipe de Gales en el Monte Athos, sus visitas al manantial griálico de Glastonbury, su decidida oposición a la comida transgénica, su defensa de la arquitectura tradicional o su afición a la lectura de obras de Guénon o Titus Burckhardt…
Naturalmente, estas profecías de la familia abrahámica hallan su paralelo en las budistas sobre el XXV Kulika de Shambhala, las hindúes sobre Kalki, las zoroastrianas sobre Saoshyant… Y es que la configuración aparentemente heteróclita del corpus profético intertradicional no priva a este de consistencia simbólica –enorme- ni enmagrece en modo alguno la solidez de su esternón, que es uno.
Artículo publicado en el diario ABC el 23-I-2000
JOAQUÍN ALBAICÍN (Madrid, 1966)
Escritor, conferenciante y cronista de la vida artística, sus artículos y relatos, así como sus críticas de arte flamenco -que han contribuido positivamente al presente resurgir del género- han aparecido en diarios como ABC, El País y Reforma (de México), y revistas como El Europeo, Vogue, Sur-Exprés, Axis Mundi, Letra y Espíritu, La Clave, Generación XXI, Debats, Amanecer, Web Islam, 6 Toros 6, El Ruedo, MAN, Próximo Milenio, The Ecologist, Más Allá, Omarambo… El esoterismo de las grandes tradiciones espirituales, la geopolítica, la tauromaquia, el espionaje, el Imperio Mongol y el mundo de los últimos Romanov son algunos de los principales focos de interés de este escritor nacido en una familia de artistas de raíces gitanas.
Contertulio habitual del programa de TV El Faro de Alejandría, dirigido y presentado por Fernando Sánchez Dragó, ha publicado en España la novela La serpiente terrenal (Anagrama, Barcelona 1993), el cuaderno de viajes Diario de un paulista (El Europeo, Madrid 1995) y los ensayos Gitanos en el ruedo: el Indostán en el toreo (Espasa Calpe, Madrid 1993), En pos del Sol: los gitanos en la historia, el mito y la leyenda (Obelisco, Barcelona 1997) -única obra escrita sobre la materia desde la perspectiva de la Philosophia Perennis-, El Príncipe que ha de venir (Muchnik Editores, Barcelona 1999) y Monteras de aquí y de allá (Castilnovo, 2006), así como el libro de cuentos La Estrella de Plata (Manuscritos, Madrid 2000). Dos relatos suyos inéditos en castellano han sido recientemente publicados en Suecia en la antología de literatura gitana coordinada por Gunilla Lundgren Svarta rosor/Rosas negras (Tranan, Estocolmo 2003).
En la actualidad está concluyendo una nueva novela, un ensayo sobre la leyenda medieval del Reino del Preste Juan, otro sobre el misterio de la Gran Duquesa Anastasia y un tercero sobre la controvertida figura del Barón Ungern-Sternberg. Su cajón guarda además un libro de cuentos inédito.
En la web www.svabhinava.org, creada por Sunthar Visuvalingam y dedicada al modelo indio de aculturación, Joaquín Albaicín coordina la sección Roma, consagrada a la diáspora indo-gitana. Los interesados encontrarán más información tanto en dicha web como en la de International Romani Writers Association (www.romaniwriters.com), de la que este autor es miembro.
Entrevista con Joaquín Albaicín en: “Opinión y Toros”
Espías
Joaquín Albaicín *
Flotan en el Báltico las cenizas de Bormann, extraídas acaso de la Mina de Los Cuatro Hermanos. Reposan en San Petersburgo las de los Romanov, quién sabe si no importadas de Bariloche (Argentina). A los grandes enigmas de la Inteligencia siempre se les da carpetazo con tierra de la misma caja.
Revólver presto bajo la casaca, recorre Gurdjieff costas de Creta, periferias himaláyicas y estepas de Transcaucasia. Son los mismos cielos antaño vigilantes del Crowley que, hecho polvo y arruinado en Túnez, escribe a un Trotsky todavía no caído en desgracia, proponiéndose como cerebro y mano ejecutora de un plan para erradicar el cristianismo de la faz de la Tierra. Trebitsch-Lincoln, el que fuera consejero de Ludendorff, el que tomara habitación en Munich días antes del putsch, el mismo que se dejó ver en la guerra del Manchukuo y, luego, excitó a las masas en Manchuria con apocalípticos manifiestos pro nipones, aguarda -año 1943- en Shanghai el puñal pagado para darle muerte: ya no podrá gastar la fortuna estafada gracias a sus colectas para restaurar y fundar lamaserías. Michel Goleniewski, coronel de inteligencia polaco, tras años informando a Washington desde su privilegiado puesto, cruza a Occidente en 1960, revelando el más preciado de sus secretos: no es un coronel polaco, es… ¡Alexei, hijo del Zar Nicolás II! Paul Ernst Fackenheim, alias Paul Koch, el espía judío de Hitler, salta en paracaidas sobre Palestina para evitar que los alemanes maten a su madre.
Asmahan, la princesa drusa, diva de la canción de la Corte de Faruk a quien los servicios de la Corona y del Reich se disputan, muere al caer su coche al río durante un rodaje. Ernst Schaefer, jefe de la expedición SS al Tíbet de 1938, cazador de yetis para un general chino y, luego, pieza clave en la Operación Bernhardt que pretendía inundar Londres de moneda falsa, así como en los rescates de Ciano y Mussolini, cuenta muchos años después de la guerra, con el pseudónimo Walter Hagen, sus aventuras en varias novelas. Leopold Trepper, agente del Komintern que manejara la batuta de la Orquesta Roja, espera en su celda de la Lubyanka a que muera Beria y finalice el calvario con que la patria socialista le ha pagado sus servicios (Harro y Libertas Schulze-Boysen se ahorraron la recompensa: los tribunales nazis dictaron sus órdenes de ejecución).
En 1970, Jacques Vérges, antiguo asesor de Ben Bella, hace mutis por el foro. Tardará ocho años en volver a dar señales de vida. ¿Con quién estuvo? ¿Con Pol Pot? ¿Con El Chacal? Manabendra Nath Roy, brahmán bengalí fundador del Partido Comunista de la India, huido a México con ropajes de cura tras apresar los británicos un envío de armas para los revolucionarios de Calcuta, hombre que en el II Congreso de la Internacional hiciera mudar de opinión a Lenin sobre la importancia estratégica de la caída del Imperio colonial británico, consigue -lo que quizá tenga más mérito- sobrevivir a Stalin para terminar sus días, como un Solana o una Almeida cualquieras, encabezando manifestaciones pro-Aliados. El coronel Etherton, cónsul británico en Kashgar, que fuera uno de los principales alfiles en el Gran Juego, echa dos vueltas de llave a la casa en que brindó su hospitalidad a tantos peones. Shubas Chandra Bose se fuga de su domicilio en Calcuta y, tras atravesar Afghanistán bajo el nombre de Rehmat Khan, se embarca en un submarino para intentar llegar a Berlín y lograr apoyo para la independencia de India. Anatolio, vidente parisino, advierte en su mesa de tres patas al Príncipe Yusupov de los complots para asesinarle tramados por la hija de Rasputín, domadora de fieras en un circo. David Shayler, agente del MI5, desvela por internet los pormenores de un atentado británico contra Gadafi. Sir Richard F. Burton, explorador, espadachín, escritor y donjuán, además de agente secreto desde su incorporación en Baroda como oficial al ejército de la Compañía de las Indias Orientales, recoge en su cuaderno de notas, un cigarro entre los labios, sustantivos y adjetivos del idioma de los monos. Sarat Chandra Das, agente de la Royal Geographical Society, se juega el gaznate trazando planos en la Corte del XIII Dalaï Lama. Un hombre moreno a sueldo de Estados Unidos cruza varias veces la frontera de los dos Berlín días antes de que una bomba abata en la discoteca La Belle a varios marines y una chica turca. Evgeni Novikov, ex miembro del Comité Central del PCUS, deserta en 1988 para terminar en América de botones en un hotel (revancha para los rusos blancos que de general o conde pasaron en el París de los 20 a taxista o pianista de cabaret), François Genoud, banquero de la diáspora nazi, se suicida a orillas del lago Lausanne para eludir la citación de la banca suiza. James Earl Ray muere en prisión sin derecho a hablar el 24 de abril de 1998. Timothy Hutton da muy bien vida a Aldrich Ames en una adaptación cinematográfica más bien sosa de su caso. Moscú, Berlín Oriental, Darjeeling, Estambul, El Cairo… y también, desde que apareciera fugazmente en La carta del Kremlin de Huston, Zihuatanejo.
Artículo publicado en el diario ABC el 23-I-2000
JOAQUÍN ALBAICÍN (Madrid, 1966)
Escritor, conferenciante y cronista de la vida artística, sus artículos y relatos, así como sus críticas de arte flamenco -que han contribuido positivamente al presente resurgir del género- han aparecido en diarios como ABC, El País y Reforma (de México), y revistas como El Europeo, Vogue, Sur-Exprés, Axis Mundi, Letra y Espíritu, La Clave, Generación XXI, Debats, Amanecer, Web Islam, 6 Toros 6, El Ruedo, MAN, Próximo Milenio, The Ecologist, Más Allá, Omarambo… El esoterismo de las grandes tradiciones espirituales, la geopolítica, la tauromaquia, el espionaje, el Imperio Mongol y el mundo de los últimos Romanov son algunos de los principales focos de interés de este escritor nacido en una familia de artistas de raíces gitanas.
Contertulio habitual del programa de TV El Faro de Alejandría, dirigido y presentado por Fernando Sánchez Dragó, ha publicado en España la novela La serpiente terrenal (Anagrama, Barcelona 1993), el cuaderno de viajes Diario de un paulista (El Europeo, Madrid 1995) y los ensayos Gitanos en el ruedo: el Indostán en el toreo (Espasa Calpe, Madrid 1993), En pos del Sol: los gitanos en la historia, el mito y la leyenda (Obelisco, Barcelona 1997) -única obra escrita sobre la materia desde la perspectiva de la Philosophia Perennis-, El Príncipe que ha de venir (Muchnik Editores, Barcelona 1999) y Monteras de aquí y de allá (Castilnovo, 2006), así como el libro de cuentos La Estrella de Plata (Manuscritos, Madrid 2000). Dos relatos suyos inéditos en castellano han sido recientemente publicados en Suecia en la antología de literatura gitana coordinada por Gunilla Lundgren Svarta rosor/Rosas negras (Tranan, Estocolmo 2003).
En la actualidad está concluyendo una nueva novela, un ensayo sobre la leyenda medieval del Reino del Preste Juan, otro sobre el misterio de la Gran Duquesa Anastasia y un tercero sobre la controvertida figura del Barón Ungern-Sternberg. Su cajón guarda además un libro de cuentos inédito.
En la web www.svabhinava.org, creada por Sunthar Visuvalingam y dedicada al modelo indio de aculturación, Joaquín Albaicín coordina la sección Roma, consagrada a la diáspora indo-gitana. Los interesados encontrarán más información tanto en dicha web como en la de International Romani Writers Association (www.romaniwriters.com), de la que este autor es miembro.
Entrevista con Joaquín Albaicín en: “Opinión y Toros”
Arte Taurino. Oliva Soto: vuelve el duende
JOAQUÍN ALBAICÍN
A poco de cumplirse y celebrarse los cuarenta años del primer alunizaje, corrida lunar en honor de la Virgen de los Reyes, y yo que vuelvo a los tendidos de la Maestranza después de varios e involuntarios años de ausencia. La Luna, a los pies de la Virgen, hacía destellar con argénteo parpadeo el oro de los vestidos de los matadores, a la par que tintaba de esmaltes áureos los bordados de las cuadrillas. La terna de valientes, igual que la del Apolo XI: dos tripulantes hollaron con sus pies la regolita lunar –tocaron pelo- y otro hubo de contentarse con permanecer a los mandos de la nave a espera de mejor ocasión.
Yo fui a ver, en particular, a uno de los toreros, cuya presentación y repetición en Las Ventas viví con interés y entusiasmo hace ya dos estíos: Alfonso Oliva Soto, un hombre con Duende.
No me decepcionó. En esta selenia velada, la Virgen iluminó su capote con dorados fulgores durante toda la corrida. Alumbrado por tan privilegiada candela, derrochó Oliva Soto colorido, sabor a índicas especias en el cimbreo y el temple de las verónicas de saludo, así como en las tres chicuelinas galleando y el cambio de manos por la espalda con que dejó al toro en el caballo. Sentimiento y cromatismo derramó igualmente, con el tercer toro, en ese quite de dos verónicas, en su sacar, dar el pecho con acaganchado resoplido en el remate a una mano… Al cuarto, lo lanceó de capa aplomado por ese peso doliente de los renombrados capoteadotes gitanos de la Cava. Circulan por ahí otras dos capas, otros dos percales, uno de ellos de más o menos su misma quinta, con los que organizarle un duelo cordial -¿por qué no aquí mismo, en Sevilla?- resultaría un deleite para la afición: los de Manuel Amador y David Mora.
Su primer oponente fue complicado de manejar. Manso, quedado, reacio a tomar el primer muletazo, amagaba en el segundo con herir y, tras beberse a regañadientes el tercero, recetado siempre con enjundia torera por Oliva Soto, había ya que vaciarlo con el de pecho. Un toro grandote, soso y con guasa soterrada. El torero le aplicó la faena perfecta, una faena de aire netamente lustral, purificatorio… La más acorde posible con la condición del toro, medidísima de reloj, desgranando el compás y toque precisos. Atacó con el acero con enorme seguridad, sin volver la fisonomía en el embroque, cayendo el toro hendido de muerte y hasta el pomo al primer viaje. Salieron a relucir los pañuelos, y crepitaron las palmas en la vuelta al ruedo.
Su segundo, con embestida propiamente dicha sólo en el primer tercio, fue un regalito, ese toro con el que ciertos aficionados quieren ver a Oliva Soto: falto de fijeza, sobrado de mala uva y con seis o siete gañafones en la recámara, que sólo porque la Virgen, Reina de la Noche, así lo quiso, no rasgaron la nazarena seda. Oliva Soto se sabía en el punto de mira, bajo la lupa del enemigo, y no rehusó plantar batalla. Esquivó los puñales sin mover las zapatillas, muleteó con firmeza y, con la espada, fue un cañón. Esa estocada, su valor y esos lances de lapislázuli engarzado en oro valiéronle la oreja.
La banda no le ayudó, pero a sus manos, recién muerto tan hosco oponente, fue a parar el casi único trofeo de la noche. Ni un solo compás dedicó a sus dos trasteos una murga a la que su director instaba a romper a tocar apenas cualquiera de los otros dos alternantes en el ruedo ligaba muletazo y medio un poco aseados… Claro que no habían pasado diez segundos cuando, visto lo que se daba ahí abajo, había el de la batuta, muy a su pesar, de dar a sus músicos la orden de poner fin al pasodoble. Miraba uno hacia los excelentes músicos de la banda, reflexionaba luego acerca del criterio taurino de su jefe de filas, y no podía evitar pensar en aquello de: “¡Dios, qué buenos vasallos si ovieran buen señor!”
Volveremos, después de este sólido triunfo, a ver a Oliva Soto. Y es que un año en el dique seco nada supone para el Duende. El Duende, a veces, duerme. Pero nunca desaparece. Anoche, en Sevilla, se vio.
JOAQUÍN ALBAICÍN (Madrid, 1966)
Escritor, conferenciante y cronista de la vida artística, sus artículos y relatos, así como sus críticas de arte flamenco -que han contribuido positivamente al presente resurgir del género- han aparecido en diarios como ABC, El País y Reforma (de México), y revistas como El Europeo, Vogue, Sur-Exprés, Axis Mundi, Letra y Espíritu, La Clave, Generación XXI, Debats, Amanecer, Web Islam, 6 Toros 6, El Ruedo, MAN, Próximo Milenio, The Ecologist, Más Allá, Omarambo… El esoterismo de las grandes tradiciones espirituales, la geopolítica, la tauromaquia, el espionaje, el Imperio Mongol y el mundo de los últimos Romanov son algunos de los principales focos de interés de este escritor nacido en una familia de artistas de raíces gitanas.
Contertulio habitual del programa de TV El Faro de Alejandría, dirigido y presentado por Fernando Sánchez Dragó, ha publicado en España la novela La serpiente terrenal (Anagrama, Barcelona 1993), el cuaderno de viajes Diario de un paulista (El Europeo, Madrid 1995) y los ensayos Gitanos en el ruedo: el Indostán en el toreo (Espasa Calpe, Madrid 1993), En pos del Sol: los gitanos en la historia, el mito y la leyenda (Obelisco, Barcelona 1997) -única obra escrita sobre la materia desde la perspectiva de la Philosophia Perennis-, El Príncipe que ha de venir (Muchnik Editores, Barcelona 1999) y Monteras de aquí y de allá (Castilnovo, 2006), así como el libro de cuentos La Estrella de Plata (Manuscritos, Madrid 2000). Dos relatos suyos inéditos en castellano han sido recientemente publicados en Suecia en la antología de literatura gitana coordinada por Gunilla Lundgren Svarta rosor/Rosas negras (Tranan, Estocolmo 2003).
En la actualidad está concluyendo una nueva novela, un ensayo sobre la leyenda medieval del Reino del Preste Juan, otro sobre el misterio de la Gran Duquesa Anastasia y un tercero sobre la controvertida figura del Barón Ungern-Sternberg. Su cajón guarda además un libro de cuentos inédito.
En la web www.svabhinava.org, creada por Sunthar Visuvalingam y dedicada al modelo indio de aculturación, Joaquín Albaicín coordina la sección Roma, consagrada a la diáspora indo-gitana. Los interesados encontrarán más información tanto en dicha web como en la de International Romani Writers Association (www.romaniwriters.com), de la que este autor es miembro.
Entrevista con Joaquín Albaicín en: “Opinión y Toros”
Biblioteca errante
Joaquín Albaicín *
Biblioteca Errante no es sólo el sello editorial fundado por el bardo Carlos Lencero, letrista de Camarón, Pata Negra y Raimundo. Es también el puñado de libros conjurados entre sí para que en todo viaje que haga haya de cargar con ellos: el Bhagavadgita, El Rey del Mundo de Guénon, el ensayo de Slessarev sobre el Preste Juan, Espectro luminoso del budismo de Marco Pallis, Bestias, hombres, dioses de Ossendowski… Casi todos lucen en su contrasolapa relación de los lugares a los que me han acompañado y, algunos, aplanada y seca, la flor local que una beldad introdujo entre sus hojas en Kharkhorin o Udaipur. ¿Quién me iba a decir que un día de mi cumpleaños iba a pasarlo en Ulan Baatar leyendo La tournée de Dios de Jardiel, que una noche en tren de Lucknow a Agra me la iba a acortar Simenon, o que mi vuelta en autocar del estreno de Narciso por Canales en Sagunto dispondría el Destino que la consumiera en la lectura de Blues de la frontera de Sherman Alexie…?
Es una Mano Invisible la que decide esos encuentros, aunque a veces la relación libro-lugar la cree el viajero, que es quien lleva al primero en la maleta y arriba al segundo (si bien, en ocasiones, impulsado por un autor). Borges, por ejemplo, me parece -acaso, por lo de los laberintos- pluma muy para leer en Benares. Los relatos publicados por Lencero bajo el título Los arenales de la madrugada los imagino -no me pregunten por qué- paladeados junto a un luminoso ventanal por aquel Yul Brynner dedicado en su castillo de Normandía a la cría de palomas mensajeras. Y me gustaría releer en París, o en alguna pensión berlinesa con vistas al canal Landwehr, toda mi biblioteca anastásica.
Claro que, como dijera el ya citado Jardiel: “La mujer y el libro que han de influir en una vida llegan siempre a las manos sin buscarlos”. Hedin, cuando partió de Fergana rumbo a Kashgar con dos perros, “quince hermosos caballos y una verdadera muchedumbre de sirvientes”, se llevó consigo obra tan célebre -en Suecia, suponemos- como Fänrich Stal, de Runeberg. Bruce Lockhart, dos semanas preso en el Kremlin, aprovechó para devorar, entre otros, a Tucídides, la Historia de los Papas de Ranke y Contra la corriente, de Lenin y Zinoviev. Mientras esperaba a que sus carceleros fuesen a asesinarlo en la saca de la checa de Fomento, Ledesma Ramos alternaba el juego de los barquitos con la lectura de libros de astronomía. En San Pedro y San Pablo, aguardando sentencia (las sacas no eran cosa de las prisiones del Zar, sino de las mazmorras populares), Dostoievsky leía la Biblia, a Shakespeare y a Charlotte Brönte. En cuanto a Yuri Gagarin, primer funcionario en traspasar la atmósfera, no echó libros al morral. Sólo, pensamientos de tan dudosa credibilidad como: “Pensé que la nave volaba sobre el Congo, sobre el país en el que los imperialistas habían asesinado arteramente a Patricio Lumumba, valeroso luchador contra el colonialismo y por la felicidad de su pueblo”. Sí, es exactamente lo que un hombre inteligente pensaría a bordo de una nave espacial. ¿Cómo elegir otro objeto de cavilación? Y, ¡qué tierna infancia hubo de ser la de Yuri, que meses antes de su aventura se comía con los ojos las fotos de los astrochimpancés de Cabo Cañaveral publicadas por LIFE! Al pie de la escalera que conducía al interior de la cápsula, se detuvo un momento a recordar los fogonazos más felices de su vida. Uno de ellos es especialmente literario: “Escolar, escribiendo por primera vez la palabra Lenin”. Ni Boris Izaguirre -con su humor en el fondo tan aparatchik- lo superaría. ¿Qué sienten hoy los niños al escribir por primera vez la palabra Bush? ¿Aman a Bush con la intensidad que Gagarin niño amó a Lenin? Y, ¿lee Bush? Algo, seguramente. Pasaron, por desdicha, los tiempos en que los hombres éramos gobernados por analfabetos como Carlomagno. Roguemos por su vuelta.
Artículo publicado en el diario ABC el 21-VII-2002.
JOAQUÍN ALBAICÍN (Madrid, 1966)
Escritor, conferenciante y cronista de la vida artística, sus artículos y relatos, así como sus críticas de arte flamenco -que han contribuido positivamente al presente resurgir del género- han aparecido en diarios como ABC, El País y Reforma (de México), y revistas como El Europeo, Vogue, Sur-Exprés, Axis Mundi, Letra y Espíritu, La Clave, Generación XXI, Debats, Amanecer, Web Islam, 6 Toros 6, El Ruedo, MAN, Próximo Milenio, The Ecologist, Más Allá, Omarambo… El esoterismo de las grandes tradiciones espirituales, la geopolítica, la tauromaquia, el espionaje, el Imperio Mongol y el mundo de los últimos Romanov son algunos de los principales focos de interés de este escritor nacido en una familia de artistas de raíces gitanas.
Contertulio habitual del programa de TV El Faro de Alejandría, dirigido y presentado por Fernando Sánchez Dragó, ha publicado en España la novela La serpiente terrenal (Anagrama, Barcelona 1993), el cuaderno de viajes Diario de un paulista (El Europeo, Madrid 1995) y los ensayos Gitanos en el ruedo: el Indostán en el toreo (Espasa Calpe, Madrid 1993), En pos del Sol: los gitanos en la historia, el mito y la leyenda (Obelisco, Barcelona 1997) -única obra escrita sobre la materia desde la perspectiva de la Philosophia Perennis-, El Príncipe que ha de venir (Muchnik Editores, Barcelona 1999) y Monteras de aquí y de allá (Castilnovo, 2006), así como el libro de cuentos La Estrella de Plata (Manuscritos, Madrid 2000). Dos relatos suyos inéditos en castellano han sido recientemente publicados en Suecia en la antología de literatura gitana coordinada por Gunilla Lundgren Svarta rosor/Rosas negras (Tranan, Estocolmo 2003).
En la actualidad está concluyendo una nueva novela, un ensayo sobre la leyenda medieval del Reino del Preste Juan, otro sobre el misterio de la Gran Duquesa Anastasia y un tercero sobre la controvertida figura del Barón Ungern-Sternberg. Su cajón guarda además un libro de cuentos inédito.
En la web www.svabhinava.org, creada por Sunthar Visuvalingam y dedicada al modelo indio de aculturación, Joaquín Albaicín coordina la sección Roma, consagrada a la diáspora indo-gitana. Los interesados encontrarán más información tanto en dicha web como en la de International Romani Writers Association (www.romaniwriters.com), de la que este autor es miembro.
Entrevista con Joaquín Albaicín en: “Opinión y Toros”
Arte Taurino. Luis Francisco Esplá y su apoteosis de rioja y oro.
Joaquín Albaicín *
Se puede torear y triunfar por todo lo alto acordándose de Joselito El Gallo, de su hermano Rafael, de Antonio Fuentes y Manuel Granero. Sí, hoy mismo, en 2009 d. C. Mi tío Miguel, que aprendió a bailar viendo hacerlo en las fiestas familiares a su madre y a su tío El Gato y cuyo paladar de aficionado fermentó y se refinó en los tendidos de la Edad de Plata, me aseveraba ya a finales del siglo XX que únicamente dos toreros del escalafón llevaban hasta su pituitaria el aroma de los de sus días mozos: Rafael de Paula y Luis Francisco Esplá. Uno alcanzó asimismo a conocer a don Antonio Bellón, quien, habiendo visto de luces al gran Antonio Fuentes, seguía en la década de 1980 escribiendo y firmando reseñas en la prensa taurina. A juicio de don Antonio Bellón, Ignacio Sánchez Mejías había sido el mejor banderillero de la historia hasta que había visto a Esplá… O quizá –tendría que revisar mis notas de entonces, y no voy a hacerlo ahora- me dijo que el mejor, a sus ojos, con los rehiletes había sido Esplá, detrás sólo de Ignacio Sánchez Mejías.
El caso es que Ignacio se me ha “aparecido” varias veces. Se me apareció en un sueño, en el que me paraba en la calle Princesa para preguntarme si había visto pasar por allí a su perra Marquita. Se me “aparecía” siempre que iba a casa de Pilar López, cuando en cada cenicero creía apreciar la huella de una colilla de Ignacio. Y se me “apareció” la otra tarde en Las Ventas.
Bueno, no exactamente en Las Ventas, porque este año no me han dado pase (los pases deben ser, al parecer, no para quienes contamos lo que vemos acaecer en la plaza, sino para quienes redactan dificultosamente “reseñas” de dos líneas para no se sabe qué gacetillas locales), y la corrida de despedida de Esplá la vi, como todas las demás, gracias a las modélicas retransmisiones de Manolo Molés por el Plus. Pero bueno. El caso es que yo ya sentía un nudo presionándome la garganta, porque con el paso de Esplá a la tertulia de las clases pasivas se terminaba de ir de naja mi adolescencia, ya de por sí bastante prolongada. Yo creo que era el que quedaba de los espadas con cuyos paseíllos granó mi pasión por la Fiesta, allá en la grada del 3 donde la familia de mi amigo Carlos Lancha tenía varios abonos. Porque lo cierto es que ya no están –aunque estén- Rafael de Paula, Antoñete, Pepín Jiménez, Curro Romero, Manzanares, Curro Vázquez, Rincón (aunque el cesáreo advenimiento de este último aconteció siendo yo ya hombre de pelo en pecho)… Ni están Julio Robles, Ojeda, Lucio Sandín, Manolo Cortés, Miguel Espinosa Armillita, Paco Ruiz Miguel, José Luis Bote, Joselito, Capea, Galloso, Dámaso… Vivimos ya de pleno en otra época del toreo.
Así que la congoja estaba ahí. ¿Cómo podía ser de otro modo? Pero se me “apareció” Ignacio Sánchez Mejías y ya sentí la corbata de la emoción ceñirse a mi garganta como si estuviera escuchando a Antonio El Rubio cantar un fandango a la muerte de su perra galga. Se asió Esplá con la zurda a las tablas para recibir por las alturas al toro, y sí, allí estaba, guerrero y gallardo, el torero del 27. Cuando, tras el primer muletazo, se llevó la pañosa a la cadera, tenía las orejas cortadas. Dios estaba con él. Su faena a Beato -¡qué toros le salen a don Victoriano del Río cuando le salen!- fue una de las que más hondamente me han emocionado de cuantas he presenciado, a fuer de constituir la mil y una veces soñada sublimación, casi tangible, del sueño utópico gallista. El toreo al natural –ante todo, eso: naturalísimo- de Esplá dio fugaz, pero consistentísimo cuerpo a un sentido monumento que hora era ya de que alguien alzara en honor de la vieja plaza de la Carretera de Aragón. Enorme, gran y naturalísima sensibilidad, asimismo, la de don José Antonio Chopera al propiciar que el adiós del torero a Madrid tuviera lugar ante astados de un hierro de lujo. Limpiando los pinceles en los bufidos de Beato, Esplá, que también es pintor, terminó por fin, además, de rematar su autorretrato humano y artístico. Siempre aprecié en él a un torero fundamental y radicalmente tímido. Siempre creí detectar bajo su terno, incluso en sus comparecencias más felices ante la afición, un soterrado ataque de timidez que le impedía sacar a la luz muchas cosas vibrantes en su corazón y muñecas. Comprendo ahora que el ángel de su Destino le susurraba la orden de guardar todo eso en reserva para el final del camino. Nada menos que treinta y tres temporadas matando alimañas con trasteos repletos –para quien quisiera y supiera verlos- de subrayados, notas a pie y alusiones varias a la tauromaquia de Gelves le ha costado desprenderse de esa timidez.
Y ¡con qué elegancia se despojó del velo! Faena aromática, salpimentada de especias toreras, con pases de pecho tan gráciles como rotundos, con firmas y desdenes de tan sencilla como esmerada acuñación. ¡Esos dos naturales! Y todo, con un señor toro: toro con volumen, cuajo y arboladura. Toro con embestida, con brío, celo, empuje… Toro para toreros machos. Un toreo –lo subrayo- naturalísimo, sencillo, acunado por el don del ritmo, bendecido por un mágico sentido de la medida en cuanto a tiempo y distancias, sin ahogar al toro ni a la hora de la muerte, y para cuya plasmación los astros y el clima concedieron su preciso beneplácito.
Dios, decíamos, anduvo a su lado, y en la suerte de recibir, con permiso Suyo, Martín Agüero y Fortuna. La faena de Esplá, turiferada por ello con los inciensos de la verdadera espiritualidad y, pese al nombre del toro, ayuna por entero de esa beatería falsuna conformada a base de desplantes desencajados, zapatillazos, suma y sigue de pases de pecho y golpes de guedeja desordenada por el viento, ha quedado ya inscrita en el cuadro de honor reservado en el frontispicio de la Fiesta a las más nobles hazañas.
Gracias, torero. No te echaremos de menos, porque lo que hiciste es imborrable y nos acompañará siempre en la memoria. Espero te llegue mi emocionada y humilde enhorabuena.
JOAQUÍN ALBAICÍN (Madrid, 1966)
Escritor, conferenciante y cronista de la vida artística, sus artículos y relatos, así como sus críticas de arte flamenco -que han contribuido positivamente al presente resurgir del género- han aparecido en diarios como ABC, El País y Reforma (de México), y revistas como El Europeo, Vogue, Sur-Exprés, Axis Mundi, Letra y Espíritu, La Clave, Generación XXI, Debats, Amanecer, Web Islam, 6 Toros 6, El Ruedo, MAN, Próximo Milenio, The Ecologist, Más Allá, Omarambo… El esoterismo de las grandes tradiciones espirituales, la geopolítica, la tauromaquia, el espionaje, el Imperio Mongol y el mundo de los últimos Romanov son algunos de los principales focos de interés de este escritor nacido en una familia de artistas de raíces gitanas.
Contertulio habitual del programa de TV El Faro de Alejandría, dirigido y presentado por Fernando Sánchez Dragó, ha publicado en España la novela La serpiente terrenal (Anagrama, Barcelona 1993), el cuaderno de viajes Diario de un paulista (El Europeo, Madrid 1995) y los ensayos Gitanos en el ruedo: el Indostán en el toreo (Espasa Calpe, Madrid 1993), En pos del Sol: los gitanos en la historia, el mito y la leyenda (Obelisco, Barcelona 1997) -única obra escrita sobre la materia desde la perspectiva de la Philosophia Perennis-, El Príncipe que ha de venir (Muchnik Editores, Barcelona 1999) y Monteras de aquí y de allá (Castilnovo, 2006), así como el libro de cuentos La Estrella de Plata (Manuscritos, Madrid 2000). Dos relatos suyos inéditos en castellano han sido recientemente publicados en Suecia en la antología de literatura gitana coordinada por Gunilla Lundgren Svarta rosor/Rosas negras (Tranan, Estocolmo 2003).
En la actualidad está concluyendo una nueva novela, un ensayo sobre la leyenda medieval del Reino del Preste Juan, otro sobre el misterio de la Gran Duquesa Anastasia y un tercero sobre la controvertida figura del Barón Ungern-Sternberg. Su cajón guarda además un libro de cuentos inédito.
En la web www.svabhinava.org, creada por Sunthar Visuvalingam y dedicada al modelo indio de aculturación, Joaquín Albaicín coordina la sección Roma, consagrada a la diáspora indo-gitana. Los interesados encontrarán más información tanto en dicha web como en la de International Romani Writers Association (www.romaniwriters.com), de la que este autor es miembro.
Entrevista con Joaquín Albaicín en: “Opinión y Toros”
Flamenco en Crónicas: Miguel “El Rubio”: personalidad.
Nos ha tocado gozar y sufrir una época flamenca en la que hay grandes cantaores o, al menos, gente que borda los cantes sin que pueda ponérsele una pega y nada tiene que envidiar afinando al que inventó el solfeo. Tenemos cantaores largos y cantaores cortos, cantaores espontáneos y cantaores cerebrales, cantaores que modulan con verdad la voz y cantaores que la empanan con falsete, cantaores predilectos del Duende y cantaores nulos de inspiración, cantaores frágiles y cantaores que parece que se suben a un ring… tenemos de todo y para todos los paladares.
Pero, lo que no hay, y eso es también menester reconocerlo, lo que no abunda, es cantaores con auténtica personalidad. Es decir: tenemos camaroneros a puñados, maireneros por un tubo, caracoleros que no pasan desapercibidos, bastantes peineteros, algún que otro marchenero testimonial, tal o cual taleguero empecinado… Pero cantaores con personalidad, que saquen la voz, jueguen con ella, se expriman el corazón y lo que les salga por la boca suene diferente -siendo lo mismo- a lo secularmente consignado en los anales flamencos, se pueden contar con los dedos de la mano. Así, cuando en la actualidad se canta por soleá, o por fandangos, no se habla ya, como en el pasado, de estilos acuñados por cantaores contemporáneos, sino que se hace siempre referencia al fandango de Menganito, o a la soleá de Periquito (siendo Periquito y Menganito gitanos cuya fecha de nacimiento, en el siglo pasado o los albores de este, permanece dudosa incluso para los más sesudos flamencólogos).
Uno de esos poquitos de quienes podríamos decir que es un cantaor con verdadera personalidad es Miguel El Rubio, hijo de un gitano que nunca fue artista profesional, pero sí un gran aficionado distinguido por los Cielos con una intuición portentosa y un eco de almíbar amargo que ha quedado en la historia del flamenco -dada la enorme influencia que ejerció su cante de cuarto sobre un juvenil Camarón de la Isla- como uno de los principales protagonistas de la última revolución.
Tiene fama Miguel -y bien ganada, por cierto- de ser un cantaor de cuarto, de reunión, de fiesta gitana, de acabar con el cuadro cuando canta en la intimidad para los amigos… y de sentirse como pez fuera del agua cuando le suben a un escenario. Pero compareció en el de Caracol y, por la seguridad y resolución con que tiró de las amígdalas, parecía que llevaba treinta festivales en lo que de noventa y cuatro va. Acompañado por la sabrosa guitarra de su hijo y las palmas de Pelao Chico, regaló detalles verdaderamente únicos y singulares por fandangos y bulerías, cantando con un sentido flamenco de inusual factura, y puso la fragua del sábado flamenco al rojo vivo con su eco de corcel indomable, investido de la energía de un relámpago negro. Este cantaor va a ser, si graba un disco en condiciones, de los que -al margen de la mayor o menor proyección artística que alcance- queden como referencia ejemplar de lo que es cantar puro y gitano de verdad. También por taranto, tangos y soleá anduvo en la citada y difícil línea de punzar con espuelas de oro los costados del caballo grande del cante.
JOAQUÍN ALBAICÍN (Madrid, 1966)
Escritor, conferenciante y cronista de la vida artística, sus artículos y relatos, así como sus críticas de arte flamenco -que han contribuido positivamente al presente resurgir del género- han aparecido en diarios como ABC, El País y Reforma (de México), y revistas como El Europeo, Vogue, Sur-Exprés, Axis Mundi, Letra y Espíritu, La Clave, Generación XXI, Debats, Amanecer, Web Islam, 6 Toros 6, El Ruedo, MAN, Próximo Milenio, The Ecologist, Más Allá, Omarambo… El esoterismo de las grandes tradiciones espirituales, la geopolítica, la tauromaquia, el espionaje, el Imperio Mongol y el mundo de los últimos Romanov son algunos de los principales focos de interés de este escritor nacido en una familia de artistas de raíces gitanas.
Contertulio habitual del programa de TV El Faro de Alejandría, dirigido y presentado por Fernando Sánchez Dragó, ha publicado en España la novela La serpiente terrenal (Anagrama, Barcelona 1993), el cuaderno de viajes Diario de un paulista (El Europeo, Madrid 1995) y los ensayos Gitanos en el ruedo: el Indostán en el toreo (Espasa Calpe, Madrid 1993), En pos del Sol: los gitanos en la historia, el mito y la leyenda (Obelisco, Barcelona 1997) -única obra escrita sobre la materia desde la perspectiva de la Philosophia Perennis-, El Príncipe que ha de venir (Muchnik Editores, Barcelona 1999) y Monteras de aquí y de allá (Castilnovo, 2006), así como el libro de cuentos La Estrella de Plata (Manuscritos, Madrid 2000). Dos relatos suyos inéditos en castellano han sido recientemente publicados en Suecia en la antología de literatura gitana coordinada por Gunilla Lundgren Svarta rosor/Rosas negras (Tranan, Estocolmo 2003).
En la actualidad está concluyendo una nueva novela, un ensayo sobre la leyenda medieval del Reino del Preste Juan, otro sobre el misterio de la Gran Duquesa Anastasia y un tercero sobre la controvertida figura del Barón Ungern-Sternberg. Su cajón guarda además un libro de cuentos inédito.
En la web www.svabhinava.org, creada por Sunthar Visuvalingam y dedicada al modelo indio de aculturación, Joaquín Albaicín coordina la sección Roma, consagrada a la diáspora indo-gitana. Los interesados encontrarán más información tanto en dicha web como en la de International Romani Writers Association (www.romaniwriters.com), de la que este autor es miembro.
Entrevista con Joaquín Albaicín en: “Opinión y Toros”
Flamenco en Crónicas: El Son de Jerez. III Festival Flamenco de Madrid.
Rostros conocidos del mundo hondo (La Tati, Carmen Linares, Carmen Cortés, Luisillo, Juan Maya Marote, Toni Fernández, Elena Acaso, Juan Correa…), ya sujetos por el nudo de la corbata, ya enmarcados por sobrecuello de visón, deambulaban por el vestíbulo del castizo teatro de la Plaza de Benavente… Si, aun en arte tan netamente tradicional como el flamenco, aspira cada artista a tener su propia personalidad, también cada región y cada enclave hondo tienen su son, su acento, su aire característico. El de Jerez de la Frontera (solar de grandes como Terremoto, El Borrico, La Paquera, Manuel Morao… o Rafael de Paula, grandes a menudo incomprendidos) goza, especialmente por bulerías, de especial predicamento y prestigio, por lo que el público, anhelante de tomar la temperatura al agua de una de las fuentes más importantes del cante, abarrotó el Calderón en la primera velada del Festival Flamenco de Madrid.
A la guitarra estuvieron Manuel Parrilla y Moraíto, este último, además, director artístico del espectáculo. Al primero le faltó decisión a la hora de acompañar el cante de El Capullo, para después recobrar la soltura y el peso a la izquierda del de la Morena. En cuanto a Moraíto, volvió a escuchar olés a tiempo a lo largo de toda su actuación, reafirmándose como uno de los tocaores para el cante más apreciados por la afición de Madrid.
Es una pena que por siguiriyas y fandangos no luciera el citado Fernando el de la Morena un poquito más de variedad, porque cuanto con su cálido eco hizo nos gustó mucho, tuvo gran nobleza y enjundia cantaora. Como asimismo nos gustó el cante maxilar y duro -cada quejido, una esquirla arrancada al yunque- de Rubichi, que hubo que apechar con abrir cartel y salió de la prueba con vitola de artista a tener en consideración. ¿Y El Torta? El Torta no es sólo uno de los más largos de los cantaores de Jerez, sino que el cromatismo y la versatilidad de su garganta, así como la frecuencia con que el Duende le favorece, nos dicen de un cantaor que debería estar situado en los primeros puestos de su escalafón. ¿Por qué no se le contrata más a menudo para Madrid?
No nos olvidamos de La Macanita ni de El Capullo de Jerez. Éste pronto se abrirá paso, pues, aunque cantaor corto, es extraordinariamente comunicativo, tiene una expresividad peculiar y un carisma indudable ante los que ningún público puede permanecer indiferente. Ella, a tenor de lo que la escuchamos por soleá, tientos, tangos y bulerías, se ha convertido en uno de los valores femeninos más sólidos surgidos de la más reciente cantera andaluza.
Cantaores todos valientes y sinceros, sin afectación ni amaneramiento alguno, debieran servir de revulsivo a la actitud acomodaticia de muchos colegas suyos que, sumidos en la dinámica de la gran ciudad, corren el riesgo de que su alma robada por el asfalto y los halagos de los medios de comunicación jamás retorne a sus pechos… Y, si el baile de Luisa de Torrán quedó en pincelada, Bo, Chicharrito, Gregorio y Rafael reemplazaron, por su parte, al desde hace tiempo omnipresente cajón, devolviéndonos la percusión verdaderamente flamenca: las palmas.
El único pero del espectáculo quizá fuese la poca variedad de palos que se escuchó, el permanente recurso a la bulería, con lo que supone de frustración para los que estamos en el patio de butacas, sin una mala copita de whisky que llevarnos a los labios mientras vemos a siete tíos pegarse una juerga delante nuestra. También la dirección del teatro debiera, pensamos, prever un intermedio en el que dé tiempo a cambiar el agua al canario y templarse las carnes con un cafelito.
La segunda parte corrió a cargo de Joaquín Grilo (que se metió al público en el bolsillo con su baile recargado y efectista, netamente jerezano) y su grupo, del que se destacó por tangos Indio Gitano, posiblemente uno de los ecos gitanos mejor troquelados del siglo.
Artículo publicado en el diario ABC el 9-II-1994.
JOAQUÍN ALBAICÍN (Madrid, 1966)
Escritor, conferenciante y cronista de la vida artística, sus artículos y relatos, así como sus críticas de arte flamenco -que han contribuido positivamente al presente resurgir del género- han aparecido en diarios como ABC, El País y Reforma (de México), y revistas como El Europeo, Vogue, Sur-Exprés, Axis Mundi, Letra y Espíritu, La Clave, Generación XXI, Debats, Amanecer, Web Islam, 6 Toros 6, El Ruedo, MAN, Próximo Milenio, The Ecologist, Más Allá, Omarambo… El esoterismo de las grandes tradiciones espirituales, la geopolítica, la tauromaquia, el espionaje, el Imperio Mongol y el mundo de los últimos Romanov son algunos de los principales focos de interés de este escritor nacido en una familia de artistas de raíces gitanas.
Contertulio habitual del programa de TV El Faro de Alejandría, dirigido y presentado por Fernando Sánchez Dragó, ha publicado en España la novela La serpiente terrenal (Anagrama, Barcelona 1993), el cuaderno de viajes Diario de un paulista (El Europeo, Madrid 1995) y los ensayos Gitanos en el ruedo: el Indostán en el toreo (Espasa Calpe, Madrid 1993), En pos del Sol: los gitanos en la historia, el mito y la leyenda (Obelisco, Barcelona 1997) -única obra escrita sobre la materia desde la perspectiva de la Philosophia Perennis-, El Príncipe que ha de venir (Muchnik Editores, Barcelona 1999) y Monteras de aquí y de allá (Castilnovo, 2006), así como el libro de cuentos La Estrella de Plata (Manuscritos, Madrid 2000). Dos relatos suyos inéditos en castellano han sido recientemente publicados en Suecia en la antología de literatura gitana coordinada por Gunilla Lundgren Svarta rosor/Rosas negras (Tranan, Estocolmo 2003).
En la actualidad está concluyendo una nueva novela, un ensayo sobre la leyenda medieval del Reino del Preste Juan, otro sobre el misterio de la Gran Duquesa Anastasia y un tercero sobre la controvertida figura del Barón Ungern-Sternberg. Su cajón guarda además un libro de cuentos inédito.
En la web www.svabhinava.org, creada por Sunthar Visuvalingam y dedicada al modelo indio de aculturación, Joaquín Albaicín coordina la sección Roma, consagrada a la diáspora indo-gitana. Los interesados encontrarán más información tanto en dicha web como en la de International Romani Writers Association (www.romaniwriters.com), de la que este autor es miembro.
Entrevista con Joaquín Albaicín en: “Opinión y Toros”
Flamenco en Crónicas: Bailaores frente a frente.
Caracol celebraba con un magno festival su despedida hasta septiembre de la afición, y congregó a lo mejorcito de público y artistas para una noche memorable. Memorable porque, inmortales como los jinetes iránidas que –herederos de los catafractos asirios- aterrorizaron a las legiones romanas de los dos imperios, el de Occidente y el de Oriente, fueron esas cuatro patadas por bulerías con que puso en pie El Güito el prestigio de la pureza y la verdad del baile flamenco, constantemente –con más o menos razón- en entredicho.
Había antes cantado Ramón El Portugués por siguiriyas con eco sedoso y sentenciero, y había Jerónimo Maya ofrecido un toque por bulerías en el que derrochó poder, ambición y belleza por la boca de la guitarra. Y había debutado en Madrid José de los Reyes El Ring, bailaor jerezano y farruquero, gordo y artista, rabioso y súbitamente delicado, que tocó el timbre de la afición capitalina y consiguió dar que hablar –para bien- en una velada en que se bailó por todo lo alto. Y había cantado Guadiana con verdadero sentimiento por tangos. Y Silverio Heredia –también Luis Habichuela a la guitarra- por soleá, haciendo cosas antiguas con sabor y gusto. Y Duquende desplegado –el trío Ketama protegiéndole los flancos- una antología del fandango aguardentoso. Y La China bailado con entrega. Y Rayito iluminado su guitarra con picados virtuosos. Y Toni Maya y Cancanilla ofrendado sus ecos (como Vicente Sánchez, Pepe Maya y Juan Serrano sus guitarras) al rito del baile, que se lanzó Isidro El Mono generosamente a oficiar como monaguillo de solera en medio de tanto sacerdote…
Pero salió El Güito y, en la efervescencia de un consistorio que vibraba aún con los ecos de soberana personalidad que habían salido de la garganta doliente y genial de Ramón El Portugués, y con la asimismo mentada esplendidez de las cimas escaladas por Jerónimo, empezó a marcar el compás por bulerías y bordó cuatro patadas históricas desafiando las leyes de la gravedad y del equilibrio, girando sobre sí mismo y contra sí mismo, centrífugo en los remates de brazos que concentraban en el plexo solar la energía desplegada en la encolerizada y gitanísima apertura de sus alas.
Y eso que se lo había puesto relativamente difícil a El Güito otro bailaor: Joselillo Romero, que pertenece por parte materna a una conocida familia de anticuarios del Rastro y por la paterna desciende de insignes artistas de la literatura y la pintura… Nuevo delfín bailaor de Cascorro con tan sólo nueve años, danzó Joselillo Romero con un empaque, una profundidad, un sentido de la improvisación, un compás y una línea en la figura… naturalísimos, propios de quien es tocado en la cabeza desde la cuna por la varita del Duende. Sería una verdadera pena que este niño no granase en la gran figura que parece estar escrito que encarne. Porque esta noche, amistosamente y como por predestinación, se midieron sobre las tablas de Caracol dos grandes bailaores (veterano y legendario uno, niño y bisoño el otro) en cuyas venas late lo poco o mucho que nos resta de esa milenaria tradición del movimiento y del gesto que una gente honrada, errante y altiva se llevó de Benares hace siglos ante un crepúsculo de templos incendiados.
Artículo publicado en el diario ABC el 16-VII-1993.
JOAQUÍN ALBAICÍN (Madrid, 1966)
Escritor, conferenciante y cronista de la vida artística, sus artículos y relatos, así como sus críticas de arte flamenco -que han contribuido positivamente al presente resurgir del género- han aparecido en diarios como ABC, El País y Reforma (de México), y revistas como El Europeo, Vogue, Sur-Exprés, Axis Mundi, Letra y Espíritu, La Clave, Generación XXI, Debats, Amanecer, Web Islam, 6 Toros 6, El Ruedo, MAN, Próximo Milenio, The Ecologist, Más Allá, Omarambo… El esoterismo de las grandes tradiciones espirituales, la geopolítica, la tauromaquia, el espionaje, el Imperio Mongol y el mundo de los últimos Romanov son algunos de los principales focos de interés de este escritor nacido en una familia de artistas de raíces gitanas.
Contertulio habitual del programa de TV El Faro de Alejandría, dirigido y presentado por Fernando Sánchez Dragó, ha publicado en España la novela La serpiente terrenal (Anagrama, Barcelona 1993), el cuaderno de viajes Diario de un paulista (El Europeo, Madrid 1995) y los ensayos Gitanos en el ruedo: el Indostán en el toreo (Espasa Calpe, Madrid 1993), En pos del Sol: los gitanos en la historia, el mito y la leyenda (Obelisco, Barcelona 1997) -única obra escrita sobre la materia desde la perspectiva de la Philosophia Perennis-, El Príncipe que ha de venir (Muchnik Editores, Barcelona 1999) y Monteras de aquí y de allá (Castilnovo, 2006), así como el libro de cuentos La Estrella de Plata (Manuscritos, Madrid 2000). Dos relatos suyos inéditos en castellano han sido recientemente publicados en Suecia en la antología de literatura gitana coordinada por Gunilla Lundgren Svarta rosor/Rosas negras (Tranan, Estocolmo 2003).
En la actualidad está concluyendo una nueva novela, un ensayo sobre la leyenda medieval del Reino del Preste Juan, otro sobre el misterio de la Gran Duquesa Anastasia y un tercero sobre la controvertida figura del Barón Ungern-Sternberg. Su cajón guarda además un libro de cuentos inédito.
En la web www.svabhinava.org, creada por Sunthar Visuvalingam y dedicada al modelo indio de aculturación, Joaquín Albaicín coordina la sección Roma, consagrada a la diáspora indo-gitana. Los interesados encontrarán más información tanto en dicha web como en la de International Romani Writers Association (www.romaniwriters.com), de la que este autor es miembro.
Entrevista con Joaquín Albaicín en: “Opinión y Toros”
Flamenco en Crónicas: Chocolate, recuperado.
El cante gitano de El Chocolate (Perfil, 1992) es, en realidad, una grabación de Belter del año 1973, hace tiempo descatalogada y hoy rescatada del olvido para las nuevas generaciones gracias a su comercialización en compact-disc.
“Por ahí al laíto de Paterna/ hay un sitio señalao/ que lo saltó Curro Puya/ najando de los soldaos”… Letras como las de este soberbio martinete pertenecen a la más genuina mitología gitana dieciochesca, y pellizcan siendo leídas tanto como cantadas. Tienen, de por sí, duende… Y más, en labios de Antonio Núñez Chocolate, un cantaor a quien podemos escuchar aquí en absoluta plenitud de facultades, y que es uno de los más importantes transmisores del patrimonio tradicional del arte flamenco.
Fiel continuador de la línea de los “sonidos negros” de Manuel Torre, enemigo declarado del melisma y el falsete, es Chocolate uno de los pocos cantaores a la antigua que nos quedan, para los que va indisolublemente la bohemia unida al cante: un cante -el flamenco- cuyo dramatismo y dolencia, si aspiran a ser verdaderos y puros, no pueden fingirse, sino que han de ser vividos. El cantaor ha de consumirse de verdad, sin trampa ni cartón, en el cante, que es su verdadera sangre y flujo vital. Si el actor se mete en la piel -que luego se quita- de un personaje, el cantaor de verdad no remeda dolerse, sino que se retuerce de dolor. En el flamenco, el personaje no se representa. Se es ese personaje, o no se vale un duro.
Auténticos hasta el espeluzno su desgarro y sentimiento en los cantes machos, dramáticos y oscuros como la soleá y la siguiriya, es también -y aquí deja constancia de ello- un enorme tarantero, aunque acaso flaquee por bulerías, palo al que nunca ha sido muy afecto y en el que se inclina hacia su lado más superficial y chuflero. Por su lado, en definitiva, menos flamenco, algo paradójico en cantaor tan celoso de su pureza. Sí echamos en falta en este disco algún corte por fandangos, uno de los palos a los que ha impreso un sello más personal.
No se nos informa de la identidad del guitarrista que le acompaña. Gracias a que este detalle no cayó en el olvido en la edición en single de 1973, podemos asegurar que la guitarra que suena en las siguiriyas Llámame al que sabe y en la soleá Tu reja ya no es de hierro es la del sevillano José Cala El Poeta.
JOAQUÍN ALBAICÍN (Madrid, 1966)
Escritor, conferenciante y cronista de la vida artística, sus artículos y relatos, así como sus críticas de arte flamenco -que han contribuido positivamente al presente resurgir del género- han aparecido en diarios como ABC, El País y Reforma (de México), y revistas como El Europeo, Vogue, Sur-Exprés, Axis Mundi, Letra y Espíritu, La Clave, Generación XXI, Debats, Amanecer, Web Islam, 6 Toros 6, El Ruedo, MAN, Próximo Milenio, The Ecologist, Más Allá, Omarambo… El esoterismo de las grandes tradiciones espirituales, la geopolítica, la tauromaquia, el espionaje, el Imperio Mongol y el mundo de los últimos Romanov son algunos de los principales focos de interés de este escritor nacido en una familia de artistas de raíces gitanas.
Contertulio habitual del programa de TV El Faro de Alejandría, dirigido y presentado por Fernando Sánchez Dragó, ha publicado en España la novela La serpiente terrenal (Anagrama, Barcelona 1993), el cuaderno de viajes Diario de un paulista (El Europeo, Madrid 1995) y los ensayos Gitanos en el ruedo: el Indostán en el toreo (Espasa Calpe, Madrid 1993), En pos del Sol: los gitanos en la historia, el mito y la leyenda (Obelisco, Barcelona 1997) -única obra escrita sobre la materia desde la perspectiva de la Philosophia Perennis-, El Príncipe que ha de venir (Muchnik Editores, Barcelona 1999) y Monteras de aquí y de allá (Castilnovo, 2006), así como el libro de cuentos La Estrella de Plata (Manuscritos, Madrid 2000). Dos relatos suyos inéditos en castellano han sido recientemente publicados en Suecia en la antología de literatura gitana coordinada por Gunilla Lundgren Svarta rosor/Rosas negras (Tranan, Estocolmo 2003).
En la actualidad está concluyendo una nueva novela, un ensayo sobre la leyenda medieval del Reino del Preste Juan, otro sobre el misterio de la Gran Duquesa Anastasia y un tercero sobre la controvertida figura del Barón Ungern-Sternberg. Su cajón guarda además un libro de cuentos inédito.
En la web www.svabhinava.org, creada por Sunthar Visuvalingam y dedicada al modelo indio de aculturación, Joaquín Albaicín coordina la sección Roma, consagrada a la diáspora indo-gitana. Los interesados encontrarán más información tanto en dicha web como en la de International Romani Writers Association (www.romaniwriters.com), de la que este autor es miembro.
Entrevista con Joaquín Albaicín en: “Opinión y Toros”
Flamenco en Crónicas: Ramírez cabalga de nuevo.
Si Juan Ramírez perteneciese a alguna tribu, el animal totémico de ésta sería, qué duda cabe, el caballo (caballo negro azabache de Chavela Vargas, Lola Beltrán y demás). Ramírez recuerda a este noble animal –silla, cama y mesa de los nómadas- en las crines que por la espalda se le agolpan y en el brío enervado que al compás sus pies imprimen. Es un bailaor que baila puro, sin concesiones ni retorcimientos y al que, si bien se le ponen objeciones porque reduce el juego de los brazos a su mínima –o a su justa, según se mire- expresión, nadie puede discutir –ni lo hace- su soberanía con los botines. El entablerado suena como si fuera un piano de cola y Ramírez un concertista de exquisiteces. Contra los que piensan –cada vez menos- que su baile es en exceso monótono, siento yo, por el contrario, que nada hay de cierto en esta impresión, puesto que el epicentro de su danzar es el compás, y con este juega y propone, hace y deshace con una categoría y un sentido encomiables. Quiero decir que las cosas que hace Juan Ramírez con los pies difícilmente podemos vérselas a otros bailaores.
No es el suyo un baile únicamente para ver, sino que también es un baile para escuchar… como lo era –salvando las distancias- aquel otro de nervio, velocidad y emoción inigualables de Carmen Amaya. Además, tiene Ramírez –cada uno de cuyos taconazos hace estremecerse a la tierra, algo muy distinto a dejarla sorda- el buen juicio de no confundir el escenario con una clínica donde dar rienda suelta a sus obsesiones personales, y baila macho, libre de equívocos y ambigüedades…
Sus dos galas en Caracol congregaron a numerosos aficionados y artistas: Ramón El Portugués, Jerezano (de Los Chunguitos), La Negra de Badajoz, Eugenio de Badajoz, Antonio Carbonell, Jordana y Salomé Pavón, Maleni Loreto, Antón Giménez… que en ambas ocasiones se dejaron las manos aplaudiendo para ver si tenía el bailaor el gesto de brindarles una patadita por bulerías en el fin de fiesta. Pero Ramírez no hace nunca fin de fiesta. Vaya usted a saber por qué, pero no lo hace.
El Bola y El Paquete rasguearon espléndidamente, como casi siempre cuando tocan el uno junto al otro. Son dos guitarristas que se entienden a la perfección, lo que no quita para que en solitario den también una medida más que notable, como demostró el primero en su solo por bulerías. Guadiana, al que hacía tiempo no escuchábamos, cantó por tientos magníficamente, con la seriedad que le distingue, así como Toni Maya –rey de Tele 5- por bulerías.
Artículo publicado en el diario ABC el 19-I-1993
JOAQUÍN ALBAICÍN (Madrid, 1966)
Escritor, conferenciante y cronista de la vida artística, sus artículos y relatos, así como sus críticas de arte flamenco -que han contribuido positivamente al presente resurgir del género- han aparecido en diarios como ABC, El País y Reforma (de México), y revistas como El Europeo, Vogue, Sur-Exprés, Axis Mundi, Letra y Espíritu, La Clave, Generación XXI, Debats, Amanecer, Web Islam, 6 Toros 6, El Ruedo, MAN, Próximo Milenio, The Ecologist, Más Allá, Omarambo… El esoterismo de las grandes tradiciones espirituales, la geopolítica, la tauromaquia, el espionaje, el Imperio Mongol y el mundo de los últimos Romanov son algunos de los principales focos de interés de este escritor nacido en una familia de artistas de raíces gitanas.
Contertulio habitual del programa de TV El Faro de Alejandría, dirigido y presentado por Fernando Sánchez Dragó, ha publicado en España la novela La serpiente terrenal (Anagrama, Barcelona 1993), el cuaderno de viajes Diario de un paulista (El Europeo, Madrid 1995) y los ensayos Gitanos en el ruedo: el Indostán en el toreo (Espasa Calpe, Madrid 1993), En pos del Sol: los gitanos en la historia, el mito y la leyenda (Obelisco, Barcelona 1997) -única obra escrita sobre la materia desde la perspectiva de la Philosophia Perennis-, El Príncipe que ha de venir (Muchnik Editores, Barcelona 1999) y Monteras de aquí y de allá (Castilnovo, 2006), así como el libro de cuentos La Estrella de Plata (Manuscritos, Madrid 2000). Dos relatos suyos inéditos en castellano han sido recientemente publicados en Suecia en la antología de literatura gitana coordinada por Gunilla Lundgren Svarta rosor/Rosas negras (Tranan, Estocolmo 2003).
En la actualidad está concluyendo una nueva novela, un ensayo sobre la leyenda medieval del Reino del Preste Juan, otro sobre el misterio de la Gran Duquesa Anastasia y un tercero sobre la controvertida figura del Barón Ungern-Sternberg. Su cajón guarda además un libro de cuentos inédito.
En la web www.svabhinava.org, creada por Sunthar Visuvalingam y dedicada al modelo indio de aculturación, Joaquín Albaicín coordina la sección Roma, consagrada a la diáspora indo-gitana. Los interesados encontrarán más información tanto en dicha web como en la de International Romani Writers Association (www.romaniwriters.com), de la que este autor es miembro.
Entrevista con Joaquín Albaicín en: “Opinión y Toros”

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