Cultura Transversal

¿A qué ha vuelto Ali Agca?

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Sabiduría Universal by paginatransversal on 8 marzo, 2013

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – El Imparcial – Aunque el recopilador y comentarista no se refiera de modo expreso a la identidad de su informante, “Las cartas secretas de Benedicto XVI” recoge y escanea parte de los documentos internos vaticanos filtrados por “Paoletto”, el ex mayordomo del Papa condenado —y perdonado- hace no mucho por su sustracción. Lo que, a mi juicio, convierte este libro editado por Martínez Roca en lectura de estricta observancia para los apasionados del mundo del espionaje es un dato, que yo sepa, hasta ahora pasado por alto por todos los comentaristas: cada vez que un escándalo de índole financiera o sexual va a erosionar de modo grave el prestigio vaticano, ciertos personajes con poder sobre los medios de comunicación italianos se ocupan de que éstos retomen y reaviven el viejo asunto del secuestro de Emanuela Orlandi, al tiempo que Ali Agca reaparece en escena con nuevas declaraciones. No falla: Emanuela Orlandi y Ali Agca son los dos resortes que, como activados por un piloto automático, entran en juego en cuanto el escándalo está al caer. En esta ocasión, el escándalo al que sirven de complemento y refuerzo es, precisamente, el libro de Gianluigi Nuzzi que nos ocupa.

De hecho, se parece muchísimo en su redacción y estilo a otro de hace años, inspirado por el asesinato del comandante de la Guardia Suiza y firmado por unos no identificados “Discípulos de la Verdad”. No afirmo que Nuzzi fuese también su autor. Ni lo sé, ni se trata de algo que, en el fondo, importe. Sí llaman la atención, ya en el arranque de la obra, las técnicas empleadas por la “fuente anónima” para aproximarse al periodista a quien quiere pasar esos documentos que le abrasan la mano y la conciencia. Son las usuales en individuos a lo mejor no pertenecientes, pero, como mínimo, sí asesorados por un servicio de inteligencia. No suelen ser dominadas por señores cuyo cometido es servir sopitas o limpiar la dentadura postiza al Santo Padre.

De hecho, el método de contacto de “Paoletto” es idéntico al empleado en su día, con un amigo mío, por un periodista español, autor de libros urdidos a base de materiales bastante comprometidos sobre altos personajes de la vida política nacional, y al que llamaremos J. C. Mi amigo fue citado por J. C. en un piso sin apenas muebles, en el que —saltaba a la vista- no vivía nadie.

-Perdóname la incomodidad, es que me estoy instalando —se excusó J. C.
Al cabo de tres o cuatro años, el infatigable J. C. publicó un nuevo tocho de explosivo contenido y mi amigo quiso hacerle otra interviú. Entonces escribía para una revista diferente, lo que debió despistar a J. C., quien además había, probablemente, olvidado su nombre. Así que quedaron en verse… en el mismo apartamento vacío de la vez anterior. Ninguno de los escasos muebles parecía haberse movido de la posición que ocupaba tres años atrás. A mi amigo le asaltó la sensación de que su interlocutor lucía, incluso, el mismo traje y la misma corbata.

-Perdóname la incomodidad, es que me estoy instalando —le recibió J. C., tendiéndole la mano.

Es decir: antes de comenzar la conversación, el experto en servicios secretos y feroz azote de fondos de reptiles ya le estaba soltando un cante de ida y vuelta. En concreto, una milonga.

Comprenderá el lector que aquí resida, al menos para mí, la pregunta clave. ¿Quién es realmente “Paoletto”, y qué empresa inmobiliaria cedía con tanta generosidad, a este católico atormentado por los remordimientos, los pisos vacíos en que se reunía con Nuzzi? Lean con atención “Las cartas secretas de Benedicto XVI”, pues acaso ahí, entre líneas, se oculte la respuesta. El libro transcribe, además, documentos acerca del papel mediador del Vaticano en el proceso conducente al fin de ETA. Unas evidencias sobre las que, pese al presumible revuelo que su difusión por la prensa romana debió causar entre los italoparlantes, no recordamos haber leído absolutamente ni una línea en los medios de aquí. Puede que nos falle la memoria, claro. Ya me pasó en otra columna, donde confundí Toledo con Segovia.

En lo que no me confundo es en lo de que Agca nunca sube a la palestra a no ser en calidad de acompañamiento coreográfico de un escándalo —o conato de tal- vaticano. Ahora, acaba de reaparecer para presentar sus memorias… curiosamente, coincidiendo con la polémica encendida en la prensa italiana a cuento de una delirante novela que sugeriría que Emanuela Orlandi era nada menos que hija de Juan Pablo II.

¿Qué no se lo creen? Yo tampoco. Pero observen que apenas ha concluido la rueda de prensa de Agca cuando nos encontramos con una noticia tan impactante como… ¡la renuncia a sus funciones de un Papa! S. S. Benedicto XVI, sí, se va.

Es lo que les decía: no falla.

28/02/2013

Fuente: El Imparcial

Foto: José Luís Chaín-Soria Taurina
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