Cultura Transversal

Ser disidente y la lucha cultural. José Luis Ontiveros entrevista a Juan Pablo Vitali

Posted in Autores, José Luis Ontiveros, Juan Pablo Vitali, Literatura, Poesía by paginatransversal on 15 octubre, 2013
JUAN PABLO VITALI JOSE LUIS ONTIVEROS

por José Luis Ontiveros – Buenos Aires. En los diversos registros sobre la literatura argentina, y de la Región Austral, se hace notar -en entrevista para “Vértigo- la voz rebelde y precisa  del escritor  argentino Juan Pablo Vitali,  quien siendo un “outsider ” se atreve a trazar un decaimiento de su empuje creativo, remarcando la influencia europeísta, en un proyecto de peculiar criollismo opuesto a la raíz cosmopolita de Sarmiento  y afirmando una visión original  e inimitable de Argentina. Estima, así, que sólo por la asistencia espiritual de pueblos iberoamericanos Argentina entenderá a Borges y a Perón.

Esta es una visión polémica, discrepante y muy propia de los que sustentamos el derecho a la diferencia. Vitali denuncia el establecimiento del mandarinato decentístico, sus oprobios y lo tornadizo de su código de honor literario refieriéndose al oprobio que se cernió sobre la figura del escritor fascista Drieu La Rochelle. Militante de larga trayectoria en el justicialismo, crítico agudo. Autor del poemario Ser disidente publicado en España traducido en varias lenguas. Tiene en preparación otros dos libros. Un cruce de corrientes contra lo que se acostumbra.

José Luis Ontiveros – ¿Cuál ha sido su trayectoria literaria y sus símbolos de identidad?

Juan Pablo Vitali – No tengo en rigor lo que se llama una trayectoria literaria. La literatura como todo tiene sus circuitos y yo estoy fuera de todos ellos. Escribo –como decía Nietzsche- para todos y para nadie. La red con sus desventajas me ha posibilitado cierta difusión sobre todo en España, donde me han publicado un libro y espero salga otro.

Respecto a los símbolos de identidad, creo que son ellos los que escriben por mí: aquellos hombres y mujeres de mi niñez y su mágico mundo. Algunos criollos viejos (como mi bisabuela) pero sobre todo la inmigración europea que construyó este país del Sur por completo, de la nada, le pese a quien le pese. Gente con sus historias increíbles y su fuerte presencia nostálgica. Gente de los rincones más olvidados y sufridos de la vieja Europa: campesinos, intelectuales, héroes de guerra, perseguidos políticos, hambreados por las guerras y por el sistema económico. Argentina fue el centro, un corazón donde latían todos los exilios, donde se podía encontrar un templo griego o una obra arquitectónica futurista.. Todo eso está en claro proceso de extinción y sólo espero a veces poder escribirlo, como un tango.

JLO – La literatura argentina tiene  muy larga tradición y es de las más importantes del orbe hispánico ¿se ha mantenido esta línea ascendente que tiene como emblema la amistad de Jorge Luis Borges con el mexicano Alfonso Reyes?

JPV – Sin épica y sin mitos todo muere, en primer lugar la literatura. Y la Argentina ya carece de épica y de mitos, a no ser el patético Maradona. Nuestras dos líneas históricas tuvieron sus errores y sus mitos, pero ambas provenían en última instancia de lo mismo: de la descendencia europea, del criollismo. Borges se consideraba tan criollo como Perón y ambos eran receptores de una misma cultura bifurcada y a menudo en guerra. Así como Borges escribió sobre el “Martín Fierro”, un peronista culto no puede dejar de leer a Borges. Aún en esa lucha interior, la búsqueda era elevada. Ni Borges ni Perón negaban a España por ejemplo. Hoy sí se niega. La Argentina se ha suicidado culturalmente y no creo que tenga salvación por sí misma. Sólo una elite lúcida de todo el continente podría revertir eso. Gente de México, de Brasil, de Chile…no sé, algo más allá, algo grande.

JLO – Desde “Sur” Victoria Ocampo promovió la obra de Drieu La Rochelle, si bien con los avatares de la guerra, se distancio para quedar en el campo de los “vencedores” ¿hay interés literario por el valor intrínseco de la literatura o se ha producido un rebajamiento ideologizante?

JPV – Hace poco leía en una vieja revista “Sur” la conferencia dada por Victoria Ocampo ante el suicidio de Drieu La Rochelle. Una necesidad de lo políticamente correcto, una justificación de porqués y de motivos absolutamente innecesaria. No se necesita justificar a un amigo justo cuando se ha matado, pero el sistema se lo exigía para seguir siendo quien era. Ella que se creía la cumbre de la aristocracia intelectual terminó haciendo algo de muy mal gusto. Borges estuvo mejor cuando en un reportaje le marcó al periodista que no había nombrado a Drieu entre sus amigos. Borges sólo quiso que se recordara a Drieu, era demasiado inteligente como para entrar en bajas justificaciones. Victoria Ocampo tuvo que jugar el papel de lo que representaba, ella hacía política cultural –Con mucho de positivo por cierto- Borges en cambio era Borges y lo sabía. Es la diferencia entre ser y representar. Hoy ya no hay filtro, el dominio cultural no permite grietas. Ya no le hace falta negociar, todo es un insolente marasmo de bajezas.

JLO – ¿Cuáles son a su juicio los nuevos valores de la literatura argentina?

JPV – La literatura argentina está sufriendo una crisis en dos frentes. El primero es una fuerte ideologización culturalmente descendente, el otro es una gran concentración de la industria editorial. Ambos frentes se alimentan mutuamente porque responden a los mismos intereses. La aristocracia intelectual que tuvo la Argentina está definitivamente muerta. Sólo una verdadera revolución cultural podría revertir esta situación, pero como dije antes, no es viable que eso ocurra a una escala sólo nacional. La reacción debe ser continental. Además, la literatura argentina representaba una realidad que ya no está, ha sido arrasada.  O nos fortalecemos entre todos los que queremos defender la cultura, o ya no habrá más cultura que los intereses de la globalización.

JLO – en México se dio el poder de la mafia, que se trasladó a través de Carlos Monsiváis y José Emilio Pacheco al grupo de Octavio Paz, que se ha involucionado a lo folletinesco y a un romo discurso  neoliberal-mesiánico tipo Vargas Llosa, de tal modo que los organismos culturales del estado obran en función de una lista de privilegiados y otra de demonizados ¿pasa algo semejante en Argentina?

JPV – En la Argentina pasa lo mismo, sólo que en estos últimos años el discurso liberal mesiánico ha sido reemplazado por el discurso marxista-indigenista derecho-humanista. Un discurso fuertemente antinacional y de racismo “positivo”, de bajar estatuas de Colón y de otros tantos como la panacea, de naciones indígenas creadas por Inglaterra y otros centros de poder, cómo símbolo de odio a todo lo que proceda de Europa, lo cual en un país donde la mitad de los apellidos son italianos y la otra mitad del resto de Europa resulta crítico. Acá hay gente que se puede apellidar Mangapane y disfrazarse de coya en una universidad urbana y burguesa de izquierda, exigiendo arrasar todo hasta los cimientos, para luego ir a cenar sushi a la casa de sus padres, donde hay un automóvil alemán cero kilómetro lo espera en la puerta para salir. Una locura.

JLO – ¿Considera factible que pese a la censura occidentafílica y a los bien pensantes se logre una trasgresión salvífica, una obra que se basta a sí misma y es un para si en su valor?

JPV – Yo creo que hay que seguir produciendo cultura de la buena, de calidad. Lo contrario sería ir contra la propia esencia de la obra. Aunque muchos produzcan mierda, el alquimista sigue tratando de trasmutar hacia el oro, hacia la pureza de la obra. No hay que transigir, después de todo, como decía el gran Borges, todo está destinado al olvido. Pero hay planos superiores. Los dioses no dejan de existir porque hayan sido olvidados. Los que creemos que la historia es circular sabemos que las cosas vuelven, nuestras obras deben responder siempre a su propia esencia, ya que desconocemos su destino final, su destino trascendente.

JLO – ¿Cómo se encuentra en general el mundo editorial argentino? y complementariamente, argentina, España y México eran los centros editoriales de la lengua española ¿se edita por méritos o como aquí por relaciones públicas e intrigas?

JPV – La edición argentina se destruyó con la internacionalización de los noventa, pero aún así tuvieron que venir las multinacionales luego por lo que aún quedaba. Esta gente sabe su trabajo y se ocupa bien de apagar hasta las últimas brasas. Hay en curso un proceso de concentración bestial y España ya tampoco es España, ya que sirve como base para que las multinacionales controlen toda la edición en español. La Argentina tiene una cultura del libro y tardará tiempo en apagarse del todo. Por el tipo de cambio el libro español es muy caro, pero acá las centrales ya editan poco, globalizan. Como dije antes, si no hay canales internos en Iberoamérica nada será posible. Es curioso que con semejante discurso “latinoamericanista” de muchos, nadie entre ellos pueda o quiera hacerlo.

JLO – A mí me ha ocurrido que soy una especie de autor transterrado, se me edita más en España y argentina que en México ¿este fenómeno se reproduce en argentina, es decir, el mundo literario se convierte en una aldea de la cultura parroquial de don camilo?  ¿Cuál es su experiencia al respecto?

JPV – En Argentina se editaba a principios del siglo XX en francés, en italiano, en inglés. He encontrado libros en sueco, por supuesto en alemán, etc. Fue un país donde la cultura europea que no podía unirse en la propia Europa se unía y se compartía.  Borges decía: “Ellos son italianos, españoles, franceses, ingleses, alemanes. Nosotros somos europeos”. Nuestras raíces europeas nos han dado un Cortázar, un Borges, un Mujica Lainez, un Abel Posse. El Río de la Plata es el vientre fértil de la inmigración europea, todos nuestros bisabuelos cruzaron el mar en algún momento. Es natural para nosotros que se nos lea más en Europa que en Argentina. Sobre todo ahora que Argentina odia oficialmente a Europa y la niega. En el futuro deberemos tomar una opción de hierro: o asumir a sangre y fuego nuestro origen, o descender a la marginalidad más absoluta. Y espero que otros pueblos puedan hacerlo también en su propio centro cultural.

JLO – Si bien los aparatos culturales proclaman su adhesión a la “democracia” , a la “libertad de pensamiento” y a los “derechos humanos” entre otros tópicos y lugares comunes se ha producido una regresión totalitaria que nos va llevando de nuevo al samizdat del gulag soviético ¿para un joven escritor de su talla y obra el espíritu se impondrá sobre los mecanismos persecutorios de la policía del pensamiento único?

JPV – Antes de ser escritor he sido militante. Mi familia pasó toda la vida en un estado de semiclandestinidad que se llamó “La resistencia peronista”. Para mí no es algo nuevo. No busco la gloria ni el reconocimiento. Sólo un cuadro político cultural formado en una escuela de resistencia, puede comprender algo de lo que pasa. El que haya leído poesía palestina o saharaui sabe de lo que estoy hablando. La poesía es para los que sufren, como las revoluciones. Una vez escribí un artículo que se titulaba “El capitalismo mató al hombre blanco”. Cualquiera que haya pisado Europa sabe de qué hablo. No fue la II GM sino lo que vino después lo que acabó el espíritu de resistencia: El estado de bienestar es un estado de entrega espiritual. Es un bienestar esclavo, de esclavos conformes. Escribo para la mochila de unos pocos o de muchos, no importa el número; lo que importa es la concentración de energía que el símbolo provoca y cuánto fortalece el espíritu de los mejores.

JLO – ¿Qué nos dice Juan Pablo Vitali sobre México y su literatura? ¿Cómo se ve desde argentina el momento literario mexicano? y en general ¿Cuál es la imagen de México en la opinión publica?

JPV – México es un país complejo. Un hecho mágico. Esa relación de Cortés con esos pueblos profundos y distintos. Esa mutación espiritual que no puede ser medida si no se vive. He sentido siempre al hablar con un mexicano, una cercanía extraña. Algo que trasciende en mucho lo material. México es el origen de un destino que todavía no ha sido comprendido. Incluso su cercanía con los EEUU tiene creo un motivo trascendente. Un espacio geopolítico es primero un espacio del espíritu, de la voluntad, de la cultura, en tal sentido creo que no hay literatura sin un mundo elevado y complejo que la provoque, pero repito, para mí lo que urge es, en un mundo globalizado, acercarnos con un nivel de consciencia que nos permita defender la relación que hemos perdido.  Para eso se necesitan ciertos hombres, como Borges, como D. H. Lawrence cuando escribe “La serpiente emplumada”. Necesitamos gente que comprenda, que trasmita, que nos una.

JLO -¿A su juicio la relación entre literatura y cultura determina la vida pública, esto es, el arte de la palabra comprende el orden de los pueblos?

JPV – Toda guerra es una guerra semántica, de significados, de contenidos. El vacío también es un contenido, acaso el más terrible. Gramsci que no era tonto y tenía además un hermano en las jerarquías del fascismo, lo comprendió perfectamente. Las pautas culturales determinan las conductas. Una vez alguien me dijo:”Si una mañana todos camináramos para el mismo lado el sistema caería”. Si el automóvil no fuera un fetiche la economía global no existiría. Los valores determinan las conductas y la cultura es una comprensión, una gradación de valores. Esto tan simple es sin embargo lo más difícil de comprender para muchos, pero no para los que dominan. Cuando una gran multinacional que tiene cadenas de televisión compra una pequeña editorial no hace un gran negocio, pero ellos saben que la pequeña editorial es peligrosa en términos del control del pensamiento, de la cultura, de los valores que determinan las conductas. Es por eso y sólo por eso que las compran, para muchas veces vaciarlas dejando incluso de editar. Es como un trofeo de guerra: -la vieja y prestigiosa editorial tal ahora es nuestra, la compramos y luce como un símbolo de la dominación de nuestra empresa. Con ellas compran también el mundo que existió alguna vez en nosotros, en nuestra niñez, en nuestros ideales, en nuestra identidad. Si no comprendemos esto será también inútil, finalmente, nuestra literatura.

Fuente: El Espía Digital

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