Cultura Transversal

Entrevista con Ernesto Milá, autor de “José Antonio y los No-Conformistas… personalismo y revolución nacional en Francia y España”

Posted in Autores, Ernesto Milá, Historia, José Antonio Primo de Rivera, Libros, Publicaciones by paginatransversal on 20 noviembre, 2013

José Antonio y los No-Conformistas

La aparición del nuevo libro de Ernesto Milá, José Antonio y los no conformistas. Personalismo y Revolución Nacional a ambos lados de los Pirineos, es una buena excusa para conversar con el autor sobre esta obra.

– Hasta ahora nunca o casi nunca te había interesado en el pensamiento de José Antonio, ¿Por qué lo abordas ahora?

– Leí tempranamente la obra de Primo de Rivera cuando apenas tenía 16 años y me influyó decididamente hasta los 20. Luego amplié mis fuentes de formación doctrinal hacia otros autores: Julius Evola, Jean Thiriart, la Nouvelle Droite, etc. Por otra parte, después de salir del Círculo Doctrinal José Antonio de Barcelona, me convencí de que iba a ser muy difícil revitalizar el movimiento falangista. Fue con la creación de la Revista de Historia del Fascismo cuando volví otra vez a interesarme por el “fascismo español”. M preocupé en primer lugar de los grupos fascistizados como Renovación Española y Acción Española. Fue entre los artículos de esta revista que encontré algunos ensayos de Ramiro Ledesma y de José Antonio y empecé a dedicarle al primero una serie de estudios sobre su vida y su obra. La idea que tenía era que Ledesma era el “único” doctrinario del nacionalsindicalismo y que José Antonio fue, más bien, el propagandista. Pronto me convencí de que el papel de éste en la formación de la ideología nacionalsindicalista era mucho más importante de lo que había creído inicialmente.

– Dedicas tu libro sobre José Antonio y los no conformistas a “los camaradas y amigos que siempre se sintieron falangistas”. ¿Por qué?

A lo largo de los años en los que he realizado actividad política, en muchas ocasiones he mantenido amistades con gente que se declaraba falangista. Yo mismo, durante un tiempo, me he considerado tal. Ha sido frecuente que llegado a un cierto punto, nuestros caminos se separaran, pero en muchas ocasiones esta separación política no ha implicado separación personal. Es a ellos a los que dedico esta obra. Ahora bien, he de reconocer que el movimiento falangista en su conjunto ha tenido una vida agitada en la que la característica central ha sido las luchas fraccionales. En lo que yo vi, las luchas interiores impedían cualquier proyección exterior. Y cualquier lucha interior se justificaba en función de la más mínima discrepancia política. Lo vi también un movimiento demasiado cerrado en sí mismo y que no se había planteado completar el pensamiento de los fundadores, revisarlo, actualizarlo o adaptarlo a la realidad siempre cambiante. Y cuando se intentaba hacer algo de todo esto, surgían las polémicas, las escisiones o incluso los exotismos. El grupo del FES era demasiado rígido en todos los terrenos, el grupo de la “Auténtica” defendía un falangismo que nunca existió y que nunca pudo existir y que, desde luego, no era ni remotamente el que sostuvo el propio Hedilla, luego estaban los falangistas franquistas, los movimentistas, incluso en Fuerza Nueva existía gente que se consideraba falangista. Un caos, en definitiva, en el que era imposible moverse, entenderse y hacerse entender. Por todo ello abandoné el falangismo definitivamente en el año 1976 de retorno del Congreso Nacional Sindicalista de Madrid. Antes de esa época, entre 1972 y 1976 pensaba que el movimiento “nacional-revolucionario español” era Falange… pero ¿cuál de las distintas falanges? Con el tiempo, las cosas fueron a peor. Hace 10 años escribí un texto que se llamaba Las 7 muertes de Falange Española. En aquel momento existía media docena de fracciones falangistas. Hoy, prácticamente, el movimiento está reagrupado esencialmente en el movimiento que detenta las siglas históricas, FE-JONS y que me parece dirigido por un equipo mejor preparado y más capaz que el anterior. Pero a este equipo le va a resultar muy complicado convertir al partido en una fuerza política si se encierra en sí mismo: debería de abrirse a otras fuerzas política y proponer lo que discretamente Ledesma propuso en 1933-34: la creación de un “gran partido” incluso con fuerzas que no eran específicamente nacionalsindicalistas pero con las que existía un cierto grado de coincidencia, el suficiente como para tratar de trenzar una gran fuerza política. Eso o convertirse en un “centro de estudios y formación”, una “fundación”, un centro creador de cuadros políticos y sostenedor de actividades y estudios de carácter político-cultural. Porque solos, lo que se dice, solos, ni FE-JONS, ni ningún otro partido de los considerados “patriotas”, existentes en la actualidad, logrará despegar en un medio progresivamente hostil y degradado como el marco político español actual. Ahora bien, esto ya no me compete a mí sino a todos los que están en la política activa. Reconozco, finalmente, que en tiempo pasado he tenido malentendidos con los ambientes falangistas aun a pesar de mantener amistad con muchos que se reclamaban de esta corriente. Con este libro intento limpiar tales malentendidos y zambullirme en un estudio de la obra de Primo de Rivera desde una nueva perspectiva.

– De hecho, en 70 años, prácticamente el pensamiento de José Antonio ha sido viviseccionado desde todos los puntos de vista, cuesta entender que exista una perspectiva nueva…

– En mi juventud, leí la obra de Jean, Touchard Historia de las ideas políticas (tiene gracia porque cambié este libro con un amigo que se llevó como contrapartida la reproducción facsímil de La Conquista del Estado que había editado Luís de Caralt. Años después, ese amigo, F. Gallego, publicó un interesante estudio sobre Ramiro Ledesma, por cierto) en la que se mencionaba a la revista Ordre Nouveau y se citaban algunos fragmentos de Thierry Maulnier, Robert Aron y Arnaud Dandieu que, sorprendentemente, coincidían con los contenidos del discurso del Teatro de la Comedia. Retuve aquellos nombres y poco después leí Más allá del nacionalismo de Maulnier que había sido publicado en Argentina y que no me impresionó particularmente. La reedición de los textos de Ordre Nouveau y una reciente estancia prolongada en el Canadá francófono me permitieron consultar los documentos de esta corriente; pero fue Arnaud Imatz, quien en una entrevista dada a Patria Sindicalista, recordaba las similitudes entre ambos pensamientos. Ciertamente, me había llamado la atención al leer los textos de este grupo francés, las similitudes que tenían con el pensamiento de Jean Thiriart que conocía bien, pero, a parte de algunas coincidencias de orden general, no recordaba que pudiera asimilarse también al de José Antonio Primo de Rivera. Así que decidí desempolvar los viejos textos de José Antonio y realizar la comparativa. El resultado ha sido esta obra: José Antonio a la luz de los no-conformistas franceses, a los que otros llaman “personalistas”. Que yo sepa, hasta ahora no se habían establecido estos paralelismos entre ambos movimientos, seguramente porque la inmensa mayoría de estudios sobre José Antonio se han realizado en España y por españoles y prácticamente no se han establecido paralelismos con otras corrientes extranjeras y, desde luego, nunca con lo que parece más obvio: con el movimiento de los “no conformistas” franceses.

– Muñoz Alonso, sin embargo, ya aludió al José Antonio personalista…

– Sí, pero muy de pasada y sin explicar exactamente de qué estaba hablando. Podemos decir que Muñoz Alonso realizó un buen aterrizaje aludiendo a los personalistas… pero se equivocó de aeropuerto, porque alude solamente a Emmanuel Mounier como personalista. En realidad, Mounier formaba parte del movimiento de los “no conformistas”, pero lo cierto es que existían otras componentes y precisamente la suya es la que menos tiene que ver con el personalismo joseantoniano, algo que se percibe inmediatamente cuando se estudian las otras dos corrientes “no conformistas”. Lo que ocurrió fue que una cosa era el “personalismo” antes de la II Guerra Mundial y otra lo que sobrevivió a la guerra. Después de 1945, en efecto, el personalismo tiende a identificarse con las posiciones de Mounier que cada vez están más próximas al progresismo cristiano y a los grupos de la izquierda cristiana más próximos al Partido Comunista de Francia y más sensibles a su influencia. Antes de 1945 y, en concreto, durante el gobierno de Vichy, bajo la ocupación alemana, presidido por el Mariscal Pétain, éste se vio apoyado esencialmente por dos grupos: los “maurrasianos”, discípulos de Charles Maurras, fundador de Action Française, y los “personalistas”; pero estos últimos se articulaban en tres tendencias y la de Mounier, prácticamente no tiene coincidencias –más allá de ciertas generalidades- con el pensamiento de José Antonio e incluso el Mounier posterior a la II Guerra Mundial (que es el que generalmente se conoce mejor) se va alejando incluso de las posiciones que había sostenido antes del conflicto. En definitiva: no todo personalismo es mounieriano, ni el personalismo joseantoniano se identifica con el de Mounier.

– ¿Se puede hablar de una influencia directa de los “no-conformistas” sobre José Antonio, o es a la inversa?

– En el tiempo, lo cierto es que la teorización de los “no-conformistas” se inició en 1929-30 y alcanzó su cénit en 1934. Revisando las fechas en las que aparecían los artículos en las revistas francesas de esta tendencia y las frases de los discursos de José Antonio o de sus escritos, se percibe que si hubo influencia fue de Francia a España, es decir de los “no conformistas” a José Antonio. Si aceptamos que el pensamiento de José Antonio tenía un origen católico y que mientras fue secretario de la Unión Monárquica conoció la obra de Maurras, veremos que tales similitudes son lógicas porque, salvo Mounier, el resto de “no conformistas” franceses habían afilado sus primeras armas en Action Française, en especial la llamada Jeune Droite. Con esta tendencia “personalista”, por cierto, es con la que existen más paralelismos con la obra de José Antonio. Ledesma, por su parte, también tuvo contactos con Philipe Lamour de quien llegó a hablar en su revista justo cuando Lamour formaba parte de esta corriente. En cuanto a la segunda tendencia “personalista”, la de Ordre Nouveau, existen los paralelismos y alguna discrepancia en materia de política interior, pero las conclusiones a las que llegan estos en materia económica son muy parecidas a las del “último José Antonio” especialmente en las referencias a la “plusvalía”. A los pocos meses de publicarse en Francia La revolución necesaria de Dandieu y Aron, José Antonio publica un artículo con ese mismo título en Arriba. Se trata de un artículo esquemático formado por frases breves seguidas de puntos y aparte que da la sensación de ser apuntes de alguna lectura que ha realizado. A pesar de que el libro no se había traducido al español, María Zambrano, amiga de García Valdecasas en la época, había escrito una recensión del libro en La Revista de Occidente. Hay que pensar que si no había leído el libro, ni conocía la recensión –algo difícil porque José Antonio era “orteguiano”-, al menos respiraba una idéntica sintonía con los autores. La lectura del libro y la lectura del artículo de José Antonio tienen un paralelismo innegable.

– ¿Cómo has planteado el libro?

En primer lugar hay un capítulo sobre la evolución, origen y tendencias que integraron el movimiento “no conformista” francés en los años 30. He juzgado oportuno presentar un capítulo de introducción a la historia de los “no conformistas” a la vista de que, salvo la página que Jean Touchard les dedica en su Historia de las Ideas Políticas, no había nada publicado sobre esta corriente en España. Y se trata de una corriente de pensamiento importante desde el punto de vista doctrinal y desde el punto de vista de su participación en el gobierno de Vichy con Pétain. Así mismo, al acabar la guerra, los supervivientes se reciclaron y algunos alcanzaron puestos relevantes en las letras y en la cultura francesa, ingresando en la Academia y colaborando con las mejores editoriales y revistas. En una segunda parte se abordan las similitudes entre el pensamiento de José Antonio y el de los “no conformistas”: se estudian los nexos comunes, esto es, los pensadores que crearon el clima que dio nacimiento a los “no conformistas” y de los que se nutría también José Antonio: Berdiaeff, Maurras, el pensamiento católico de la época con Maritain, Péguy, etc. La crítica que tanto los “no conformistas” y José Antonio hacen al fascismo italiano, el modelo de Estado similar que ambos sostienen, la concepción de la Nación como “misión” y “destino”, la crítica al caos internacional que sorprende por su similitud, el rechazo a las izquierdas y a las derechas presente en ambos, la crítica al individualismo que les conduce automáticamente a posiciones personalistas y las injusticias sociales que ambos rechazan y ante las que se esfuerzan en proponer soluciones muy similares. En la tercera parte se analizan las similitudes entre el régimen del Mariscal Pétain y el del General Franco pues no en vano, ambos contaron con la colaboración de “no conformistas” y de falangistas y ambos aludieron a una “Revolución Nacional” que presentaban como su objetivo final. Hay que disipar un equívoco: ni el pétainismo ni el franquismo fueron “no conformistas” o “falangistas”, pero si que en su seno actuaron un buen número de miembros que se identificaban con estas corrientes. En la última parte, el Anexo Documental, hemos incluido varios textos representativos de las tres corrientes “no conformistas”: la Jeune Droite, L’Ordre Nouveau y la revista Esprit de Emmanuel Mounier. Obviamente no hemos añadido textos joseantonianos por ser suficientemente conocidos en nuestro país…

– ¿Y la conclusión a la que has llegado…?

– Hay varias conclusiones: la primera es que el pensamiento joseantoniano evolucionó considerablemente desde 1930 hasta 1936. Primero se vio influido por Maurras, luego por los fascismos, más tarde entendió que se trataba de realizar una “revolución nacional española” y que, por tanto, fuera de una inspiración general, había que acentuar el arraigo del movimiento nacionalsindicalista a la situación española. Ledesma venía insistiendo en esta idea desde 1932. A partir de ahí, José Antonio realizó una crítica al estatismo mussoliniano que es exactamente igual a la de los “no conformistas”. Eso le llevó al “personalismo” tal como lo entendía especialmente la Jeune Droite y L’Ordre Nouveau, y que se refleja muy bien en el período 1935-36. Ahora bien, ¿cuál es el problema? El problema es que una cosa era la evolución del pensamiento de José Antonio y otro muy distintos las necesidades organizativas de su partido, Falange Española. Esto crea dificultades a la hora de interpretar lo ocurrido en aquellos años.

– ¿Qué tipo de dificultades?

Porque si bien es cierto que José Antonio critica al fascismo mussoliniano y al racismo alemán… por otra parte, no es menos cierto que es invitado a visitar el III Reich y va tal como reconoce durante su proceso en Alicante y que sigue cobrando hasta su detención un subsidio de la embajada italiana. Digamos que la discrepancia a nivel teórico existía, pero que, paralelamente seguía aceptando ayuda italiana. Así mismo, cabe decir que a diferencia de los “no conformistas” que no cristalizaron, ni pretendieron hacerlo, en nada más que en revistas doctrinales, José Antonio, al descender al ruego político debió hacer concesiones a la derecha (con la que intentó pactar antes de las elecciones de 1936) y con los monárquicos de Renovación Española (con los que suscribió el Pacto de El Escorial)… Así, por ejemplo, si bien en Francia los “no conformistas” decían “ni derechas, ni izquierdas”, en España, se mantuvieron contactos más con la derecha que con la izquierda (dedico unas líneas a las relaciones con los sindicalistas de Pestaña que nunca fueron muy lejos). José Antonio visitó el III Reich y la Italia de Mussolini, acudió al congreso de la seudo-internacional fascista de Montreux, aun sin participar oficialmente tomo la palabra, recibió fondos del gobierno italiano, etc. Todo esto es rigurosamente cierto y está suficientemente documentado, así que tiene dificultades quien pretenda negarlo. Lo que si es cierto es que a partir de 1935, José Antonio ya no defiende el “Estado Totalitario” en sus discursos (a pesar de que los puntos fundacionales de Falange fueran inalterables a ese respecto) y que, al menos desde el punto de vista teórico, estaba mucho más próximo de los “no conformistas” que de cualquier otra tendencia. Esta es la conclusión final a la que he llegado.

– Es posible que esta conclusión enfurezca a algunos y no sea compartida por otros…

– … y sin embargo se trata de una conclusión razonada y documentada. Razonada sacando a colación citas escritas en la misma época a ambos lados de los Pirineos, debidamente referenciadas. Hay que distinguir el terreno en el que estamos hablando: José Antonio es una figura histórica y hoy, a 76 años de su muerte, de lo que se trata para el amante de la historia es ver cuál era su pensamiento, cómo evolucionó y cómo se articuló, explicar porqué existen contradicciones entre su pensamiento y su acción política. Al menos eso es lo que me importa. Me ha sorprendido, por ejemplo, constatar que, a pesar de que la tendencia del falangismo haya sido siempre, al menos desde 1937, fundamentalmente antimonárquica, José Antonio no tiene ni una sola frase contra la monarquía. En el teatro de la Comedia alude a la monarquía “gloriosamente fenecida” (a pesar de que la monarquía murió bochornosa y no gloriosamente en 1931) y al final de su vida se niega a contestar a una pregunta del secretario del tribunal que le toma declaración simplemente por que le ha preguntado por sus relaciones “con el Borbón” y le exige corrección al tratar a un ex rey de España. José Antonio no fue antimonárquico, sino más bien no-monárquico, pero nunca hizo de la monarquía una cuestión de principios, o al menos eso no es lo que se ve en las Obras Completas… ahora bien, los falangistas si han sido y son antimonárquicos. Y en este sentido mi posición personal es más parecida a la de José Antonio que a la de los falangistas actuales: creo que la monarquía “hizo” a España y que España no sería comprensible sin la monarquía, a pesar de que en la actualidad no existe rey ni dinastía capaz de asumir el papel histórico de reconstrucción nacional. No hay que olvidar la influencia de Maurras sobre el primer José Antonio.

– ¿Por qué siendo un “adicto” al principio de “autonomía histórica” te interesa la historia…?

– Creo que un movimiento político en el siglo XXI no debe de estar preso de los puntos de vista que formularon sus fundadores casi un siglo antes. Eso y no otra cosa es el principio de la “autonomía histórica”. El mundo ha cambiado extraordinariamente y los desfases entre el marco doctrinal originario y las necesidades políticas del presente, son inevitables y se acrecientas de manera inevitable cada vez más. En los años 30 ni siquiera se intuía cómo iba a evolucionar el capitalismo, el desprestigio en el que caerían los sindicatos, no se intuía ni la existencia de la Unión Europea, ni el tránsito del duopolio mundial durante la Guerra Fría, ni el unilateralismo actual, o la vitalidad del Tercer Mundo, ni, por supuesto, se podía creer que se iba a producir un boom de las comunicaciones y de la microinformática. Y todavía está por llegar la eclosión de la nanotecnología, la criogenia, la ingeniería genética y un largo etcétera de avances técnico-científicos que cambiarán cada 15-20 años nuestro mundo. Un pensamiento enunciado hace casi 100 años tiene dificultades para responder a todos estos retos. No se pueden forzar las cosas y pretender encajar a martillazos la teoría formulada hace décadas con la práctica presente. Quien lo haga, pierde el tiempo. Ahora bien, si que  es legítimo hoy remontarnos a las raíces de nuestro pensamiento político, intentar conocerlo lo mejor posible y tratar de explicar el porqué las cosas fueron como fueron o bien si las cosas fueron como siempre nos las han contado. Eso es lo que me mueve en este momento y eso es lo que he pretendido trasladar en este libro.

Fuente: Eminves

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