Cultura Transversal

Libros malditos

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 8 enero, 2014

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – El nombre de Erich Mielke sonará a todo estudioso de la historia del espionaje y los totalitarismos: auxiliar de Stalin en sus feroces purgas, llegó a dirigir la Stasi. Como la de tantos individuos de la época, su ascendente carrera política comenzó cuando en 1932 asesinó por la espalda a un policía berlinés, delito por el que, tras la caída del Muro, fue juzgado en la Alemania reunificada. Mielke ha retornado del trasmundo –o de donde quiera que vayan los ateos después de muertos- como uno de los principales personajes de Gris de campaña, la –por el momento- última aventura de Bernie Gunther, el detective cuyas debacles morales, heridas sin cerrar y dolores de cabeza pasea Philip Kerr por los antros, despachos y trincheras de peor olor de la República de Weimar, la II Guerra Mundial y la Guerra Fría en una serie que RBA lleva ya varios años publicando con gran éxito.

En esta ocasión, Gunther es detenido y confinado por los norteamericanos en Landsberg y, cosas de la vida, en la misma celda un día ocupada –tras el putsch de Munich- por Hitler. Allí, obligado a evocar por escrito sus aventuras y desdichas en el París ocupado, su paso por el frente ruso y el gulag y su relación con Mielke, repara en que algo del aliento del monstruo podría haber quedado adherido a los cristales de la ventana… y pide que los limpien.

Temor, sí, a que el hálito del dragón pueda alcanzarle aún. Bastante más, por tanto, que un repelús de tiquismiquis o un guiño jainista y reivindicador de las mascarillas bucales. No, Bernie Gunther es un escéptico y, además, dudosamente ha oído hablar de Mahavira. Se trata, sobre todo, de que la profilaxis psíquica es tan importante como la física, si no más.

En aquella celda cuyos cristales Bernie ordena limpiar escribió el falso profeta Mi lucha. Resultaba inevitable su inclusión por Juan Carlos Díez Jayo en su vademécum comentado de libros que, por una razón u otra, no son uno más: Libros malditos, malditos libros. Esta especie de guía de libros de culto bien podría, con el tiempo, convertirse a su vez en obra a añadir a las rarezas por ella misma glosadas. De hecho, una de sus primeras historias es la de una fábrica de curtidos que, tras el estallido de la Revolución Francesa, recaudó grandes beneficios merced al forro de pastas de libros con piel de ejecutados en la guillotina. Llegó a existir un ejemplar de la Constitución de 1793 encuadernado en piel humana, lo cual dice bastante sobre los trasfondos filosóficos animadores de la Ilustración. Y, tras mirar el nombre de la editorial que ha publicado a Díez Jayo –Piel de Zapa- la verdad es que uno se hace la pregunta de qué material estarán tocando en ese momento las yemas de sus dedos. Es broma, claro.

Más arduos aún de conseguir que los de epidermis adámica son los libros existentes sólo en el cacumen de quien los mienta, como el Necronomicón de Lovecraft. Y están los libros de origen extraño o inquietante. Y los Libros de Libros o revelados. O los –sospecho- jamás leídos por ser humano alguno. Pienso, en concreto, en las 1.600 obras escritas por Kim Jong Il, Querido Líder de Corea del Norte. Semejante fertilidad como autor viene suficientemente explicada por su cuasi milagroso nacimiento, celebrado –a decir de la historiografía oficial- por tamaños prodigios de la Naturaleza que uno se inclina a pensar más en el parto de Jesús o Buddha que en el de un as del ateísmo científico. De todas maneras, téngase presente que su antecesor, Kim Il Sung, ya escribió18.000. Si el Kim actual no ha alcanzado aún tan impactante cifra ha sido sólo por el tiempo dedicado a aprender de memoria todos los libros salidos de la pluma paterna.

Mas expreso mi sospecha de que a Díez Jayo se le ha escapado acaso un libro. ¿Su título? Ni idea. Pero doy la pista. En la Puerta del Sol de Madrid, sin dejarse nunca arredrar por la climatología, suele dirigir la palabra a imaginarias multitudes un caballero de apacible porte. En una mano sostiene un megáfono y, en la otra, un grueso fajo de folios que va pasando a medida que los lee. No sé de qué va la cosa porque, curiosamente, el megáfono disminuye la tonancia de su voz en vez de aumentarla, pero creo que de la crisis, pues repite mucho: “Señor Rajoy… Señor Botín”…

Quizá consciente de que el altavoz no rula bien, le acompaña siempre una chica que, con gestos, traduce su discurso al idioma de los sordos. Desconozco la media de españoles aquejados de problemas de audición, o si la estadística señalaría como necesaria esa ayuda de cara a una audiencia a la que nunca he visto superar los siete individuos. O quizá el orador haya llegado a la conclusión de que sólo los sordos merecen conocer las ocultas claves de la crisis económica. No sé. Pero, desde luego, ese manojo de folios que se trae entre manos es el último libro inusual y misterioso de cuya existencia, por el momento, he tenido noticia. Tome nota Diez Jayo, de cara a una eventual puesta al día de su singular listado.

Foto: José Luís Chaín-Soria Taurina
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