Cultura Transversal

La tierra de Jauja

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Publicaciones, Sabiduría Universal by paginatransversal on 30 enero, 2014

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – Tengo entendido que en Cataluña hay ya quien habla de prohibir, además de los toros, el circo (no el montado por Mas en la Gran Muralla, sino el de toda la vida, el de Pompoff y Teddy, Ángel Cristo y Ramón Gómez de la Serna). Al parecer, domadores y cuidadores no están a la altura intelectual requerida para que chimpancés y osos polares puedan disfrutar, en su cotidianeidad, de un enriquecedor intercambio de opiniones. Es una noticia que no puedo evitar colocar en paralelo con la creciente tendencia de las mujeres occidentales a, primero, parir los hijos y, después, buscar y escogerles el padre. Cosas que inevitablemente recuerdan a unos grabados que pretendían representar –uno diría que predecir- cómo sería el mundo al revés, y que he visto reproducidos en Historia de las tierras y los lugares legendarios (Lumen), una suerte de enciclopedia de lo imaginario (y de lo imaginal, que diría Corbin) coordinada por Umberto Eco.

En esos grabados, muy populares ya en el siglo XVIII, el artista nos muestra a un hombre y una mujer tirando de un arado conducido por un buey, un soldado impartiendo órdenes a los generales, un perro sentado a la mesa para disfrutar de una buena cena mientras, a su lado, en el suelo, un hombre roe un hueso o un ser humano pescado con su caña, en el río donde nada, por un pez… El libro ofrece una visita panorámica –y magníficamente ilustrada- a aquellos parajes hollados por el hombre sólo con su cuerpo espiritual (el Edén, la Jerusalén Celestial, Shambhala, el Olimpo…) y sus figuraciones (como la Isla de San Brandán o el Reino del Preste Juan), pero también los lugares palpables a los que la leyenda ha singularizado (el Alamut del Viejo de la Montaña, el Glastonbury del Grial…) e, incluso, los escenarios de hechos acontecidos sólo en la novelas o el cine (la isla de Robinson Crusoe) o famosos por haber servido de fachada a una mixtificación exitosa (el Rennes-le-Château de El Código Da Vinci). En sus páginas cabe, pues, desde la Atlántida o Eldorado hasta la Baker Street donde “vivió” Sherlock Holmes, pasando por la Última Thule de los hiperbóreos.

Mucha es la gente que ha pretendido localizar el emplazamiento geográfico del Edén (según el libro de Rivero San José, sempiterno clásico de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, estuvo en Asturias: a tenor de sus razonamientos, el río Pisón sería no otro que el Pisuerga). Y bastantes artistas han querido asimismo plasmarlo sobre un lienzo. En el suyo de 1573, Bassano sólo colocó al gallo, el conejo, el chivo, la oveja, el pavo real y otras variedades de pájaro entre sus habitantes del reino animal. En el suyo de 1664, Poussin pintó a Dios con trazas de Karl Marx y sobrevolando -no se sabe bien por qué razones- los bosques. No sé si habrá que echar la culpa a esa excesiva humanización de la Divinidad del original trastorno padecido por un falso profeta, Joseph Brothers, que aseveraba ser no ya Hijo, sino sobrino de Dios.

Colón llegó a la conclusión de que, si el Diluvio no había alcanzado el Paraíso, éste por fuerza debía hallarse en la cima de una altísima montaña, de donde se deduciría no la esfericidad de la Tierra, sino su forma de pera. Y el cuadro pintado por El Bosco sobre la ascensión de los bienaventurados al Paraíso presenta extrañas semejanzas estéticas con las llamadas Experiencias Próximas a la Muerte.

Uno de los capítulos que más han llamado mi atención ha sido, precisamente, el ilustrado con los antedichos grabados y dedicado a la legendaria Tierra de Jauja (llamada también Cucaña, a donde es de suponer que conduciría, originalmente, ese palo alzado en la plaza del ayuntamiento por el que, en mi niñez y adolescencia, veía trepar a los mozos en las fiestas patronales de El Espinar). Señala con agudeza Eco cómo ese lugar de ensueño vendría a ser una suerte de transposición materialista –y muy antigua, pues su mención se remonta, como mínimo, al siglo X- del mito del Paraíso, en la que los bienes de espiritual índole disfrutados en éste se verían reemplazados por riquezas y abundancias de orden exclusivamente material.

De hecho, el último grabado de la serie La locura de los hombres. El mundo al revés, en el que la Tierra aparece colocada encima del Cielo, expresa de elocuentísimo modo esa inversión del mito y la subversión de valores que le sirve de trasfondo.

Otro de los capítulos aborda la cuestión de la vieja creencia en la Tierra Plana. No me molestaría lo más mínimo su rehabilitación. De hecho, Juan Maya cree que la Tierra es plana y, si Juan Maya lo cree, lo creo yo también. Sí me escuece, en cambio, lo planas que están tornándose las mentes, obnubiladas con ese mito de Jauja a que en buena parte obedece la puesta en pie de la cucaña interactiva conocida como Globalización. Pocos por estos pagos piensan hoy en la Jerusalén Celestial, Shambhala o la Ciudad del Sol de Campanella. Sus lugares imaginarios son cuentas bancarias nunca en descubierto y páginas web de incierta domiciliación.

Foto: José Luís Chaín/Soria Taurina

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