Cultura Transversal

JFK. La conspiración

Posted in Autores, Historia, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 27 marzo, 2014

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – Pensarían ustedes que la secreción en serie de artículos a cuento del L Aniversario del magnicidio de Dallas había llegado ya a su fin. Pero no. Faltaba el de un servidor, que ha preferido leer con calma las novedades editoriales propiciadas por la onomástica y, sólo después de saborearlas, escribir lo que le saliera (de salirle algo). Novedades aparte, he de decir que, además de la novela de no-ficción de Mailer sobre Lee Harvey Oswald y de la brillante película de Oliver Stone, siempre recomiendo a quien desee profundizar en las trastiendas del tiroteo que mandó al otro mundo a JFK un ensayo ya descatalogado de William Reymond –JFK. El último testigo (La Esfera de los Libros)- basado en las revelaciones de Billie Sol Estes, hombre de negocios texano muy ligado a Lyndon B. Johnson y en el que llega a desvelarse, gracias al análisis de sus huellas dactilares, la identidad de un segundo tirador: Mark Wallace, que había ya cometido un asesinato por cuenta del sucesor de Kennedy en la presidencia de Estados Unidos.

Tras dejar lo antedicho bien sentado, ya saben ustedes que el Aniversario ha generado varios e interesantes títulos nuevos en torno al enigma. En el terreno literario, la novela La suave superficie de la culata (Umbriel), de Antonio Manzanera, quien, con ese buen pulso y esa credibilidad que siempre ha distinguido a la literatura popular, narra –con la muerte de JFK como telón de fondo- las peripecias del mafioso Vincenzo Santino, tipo de una pieza al estilo del Robert De Niro de Casino, con las maquinaciones anticastristas de Miami como telón de fondo y coronadas con un desenlace en el que casi nada de la trama da pie a pensar al sorprendido lector. Me agrada poder decir que Manzanera es uno de los novelistas por mí descubiertos en los últimos tiempos que mejor sabor de boca me han dejado.

También ha visto la luz JFK. 50 años de mentiras (Poe Books), de Ángel Montero Lama, un jugoso compendio elaborado yo diría que con estructura estética de web, lo que acaso sea una opción más que inteligente en los días que corren. Está muy bien concebido el capítulo dedicado a Oswald, ya que, más que de un caso JFK, debiera hablarse de un caso LHO, desde el momento en que todos sabemos quién fue Kennedy, pero aún ignoramos quién fue en realidad el evanescente Oswald, cuya vida entera semeja ser una fabricación por ordenador. Montero Lama recuerda la presencia aquella fatídica mañana en Dallas de agentes de la CIA cuya participación en el asesinato de jefes de gobierno extranjeros -como Lumumba o Trujillo- sería después probada. O el poco conocido dato de que, nada más ser detenido, Oswald dio a la policía un número de teléfono al que debían llamar: el de un agente de contrainteligencia militar. Es, en efecto, práctica habitual entre agentes secretos la de llamar a su agente de caso para que responda por ellos en situaciones de apuro.

Y, por fin, David Talbot con La conspiración (Crítica), un mosaico de sólido calado sobre la presidencia de JFK que nos retrata a un mandatario acosado, cuestionado, ninguneado, desobedecido e incluso amenazado de muerte por su ejército y sus propios servicios secretos, víctima de un permanente y sañudo zancadilleo –por su apoyo a los derechos civiles y su política de distensión con Cuba y la URSS- y condenado, por ello, a la ambigüedad y el recurso a los canales diplomáticos paralelos. Leer el libro merecería la pena aunque sólo fuese por su reconstrucción de la entrevista de paz sostenida por el Ché en Montevideo con un diplomático americano y de la del enviado de Bobby Kennedy con un funcionario soviético en Moscú, nada más morir su hermano, expresando su convicción de que el presidente había sido abatido por poco menos que un golpe de Estado.

Todos los estudios sobre la conjura emplazan en el centro de la misma a Lyndon B. Johnson y su círculo de adictos, vinculados a la industria armamentística y petrolífera, y, en el caso de la segunda, a la Mafia (asociada al tiempo con la CIA). Pese a ser su vicepresidente, Johnson era enemigo político y personal de JFK y, por supuesto, aspiraba a sucederle. Para ello, hacía falta que Kennedy desapareciera y, además, que el Partido Demócrata volviera a hacerse con la victoria en las elecciones. Pero lo segundo, en un momento, en que la popularidad de JFK había tocado sus cotas más bajas, sólo era posible en caso de producirse lo primero, que suscitaría el arrebato de sentimentalismo que conduciría de nuevo a un demócrata –en este caso, Johnson- a la Casa Blanca. Aunque el argumento es de mi cosecha, el dato demoscópico lo tomo de Talbot.

Volveremos a hablar sobre esta obra, pues, especulaciones aparte, este libro –en gran medida, un gran retrato humano de Bobby Kennedy- me ha descubierto, por así decirlo, a JFK. El día en que Bobby Kennedy sugirió a su hermano no ir a Dallas, éste le respondió con una frase de Lord Tweedsmuir: “La política es una noble aventura”.

Y un hombre que se despide así, es un hombre sobre el que hay que hablar. Un hombre para el recuerdo.

Foto: José Luis Chaín

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