Cultura Transversal

La nueva arma de destrucción masiva

Posted in Autores, Eduardo Arroyo by paginatransversal on 2 abril, 2014

EDUARDO ARROYO

por Eduardo Arroyo – Leo estos días la prensa y constato cómo lo inmediato parece ser lo único que importa. La experiencia me resulta totalmente desmoralizadora. Dejemos aparte la llamada “prensa rosa”.

Lo que verdaderamente me interesa remarcar es como las noticias surgen y se esfuman simplemente porque otra produce más titulares. El ABC digital sitúa en lugar preferente la lista de amantes de Lindsay Lohan. Tema interesante, sin duda. Luego se despacha a gusto defendiendo la gestión del gobierno y atacando a Rusia con criterios calcados de la Meca del cinismo internacional: los EEUU.

“El País” digital, por su parte, repite en tono parecido las consignas de Washington que incluye ABC, pero añade otros temas que sirven para reforzar su imaginario colectivo, ese con el que ellos contemplan la realidad española y mundial.

Así, informan de la estafa supuestamente perpetrada por “la patronal” española pero no la que se imputa a la exministra socialista Magdalena Álvarez. Como suele suceder, los chicos de “El diario global en español” están dispuestos a admitir que las ranas tienen pelo si lo ordena el gran hermano de lo políticamente correcto. Por eso, Gabilondo, aprovechando el aniversario del 11-M pide “reconciliación” pero Cebrián carga contra el “acto católico” en la catedral de La Almudena. Ellos quieren, naturalmente, “su” reconciliación; es decir, aquél estado de opinión en el que solo es válido y aceptable lo que ellos piensan.

Personalmente, creo que no hay clima más irrespirable que el de la prensa. Se trata de un foro enfrascado en luchas aparentemente partidistas que dejan incólume la dictadura terrible de la ideología dominante. Mientras tanto, otras cuestiones de la mayor importancia se sustraen al debate público.

Por ejemplo, la prensa occidental, a causa de su subordinación a la globalización, es antirrusa y “pro-ucraniana”, país que ahora utilizan como peón para avanzar de su amo. Sin embargo otras cosas importantes ni siquiera se valoran. Por ejemplo, el caso es que, haya guerra o no, la proyección poblacional de la ONU -World Population 2012- estima que para 2050 Ucrania perderá 12 millones de ucranianos; Rusia perderá hasta ese mismo años 22 millones. Cada mes desaparecen 50.000 rusos de su propio país. El patrón se repite en el caso de todas las naciones occidentales. A lo sumo, en el escenario más optimista, la población se mantiene numéricamente igual aunque, eso sí, mucho más envejecida.

No hace falta decir que un país menguante como la Rusia de hoy no se corresponde en absoluto con esa especie de reedición de la URSS, a la conquista del mundo, que pregona la propaganda occidental. Según las estimaciones de la ONU, entre los 15 países más desbordantes, demográficamente hablando, solo uno es occidental: los EEUU, si bien la ONU no tiene en cuenta el moderno “melting pot” estadounidense, en el que muchos ciudadanos proceden en realidad de Asia, Sudamérica o África. Las consecuencias de semejante escenario, en el que el hombre occidental es una especie a extinguir, no se harán esperar: pérdida de influencia política, falta de cohesión social, progresiva descomposición nacional y crisis económica permanente.

Sin duda, el incremento paulatino de personas de avanzada edad, que no están en edad de trabajar, constituye un problema real que desborda las previsiones y perspectivas de los actuales economistas y políticos. En sus proyectos, ideas y modelos, ni uno solo lo tiene en cuenta y es un problema que está llamando ya a nuestras puertas.

Por desgracia, la ideología dominante tiene bien claro la “solución” del problema: silencio acerca del mismo en debates, foros y prensa o mención esporádica pero sin resaltarlo demasiado, desarrollo de políticas económicas inoperantes al margen de la realidad y sin efecto de verdadero cambio; desnacionalización progresiva mediante cultura de masas, tolerancia absoluta con una lenta pero inexorable inmigración masiva; estigmatización ideológica y social de los críticos cuando no criminalización abierta mediante “fiscales” especiales y otras medidas legales. Ni izquierdas ni derechas, de todos los pelajes, se han apartado un ápice de este guión.

Este es solo una cuestión de las muchas esenciales de las que no se habla. Otras podrían ser la desmoralización radical –la perspectiva antiética y relativista de las relaciones humanas-, la progresiva esclavitud laboral que poco a poco se va imponiendo y que devora a la otrora pujante clase media o el ataque desde dentro a los intereses nacionales, bien vía ONGs o bien vía partidos políticos. Y esto solo son algunos ejemplos.

Me pregunto cómo se puede hablar tanto de lo que no es esencial, de lo superfluo, para hablar así mismo tanto de lo que no tiene ningún interés o se expone de una manera totalmente distorsionada. Quizás sea el periodismo industrial la verdadera arma de destrucción masiva de nuestra época.

Fuente: ESD

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: