Cultura Transversal

Tania la guerrillera

Posted in Autores, Historia, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 16 abril, 2014

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – Acaso mi esquema peque de simplista, pero siempre he creído que, dependiendo del país, las relaciones gobierno-mafia (entendiendo por mafia no sólo a los pistoleros sicilianos, sino a la industria de armamento o las multinacionales de la tecnología y la farmacéutica, que subordinan la curación de enfermedades a la obtención de beneficios económicos feroces)… Siempre he creído, decía, que esas relaciones se rigen según una de estas dos modalidades: o bien el gobierno trabaja para la mafia, o bien la mafia trabaja para el gobierno.

En mi modesta opinión, los Estados Unidos se conducían en la década de 1960 de conformidad con las reglas del primer modelo: gobierno al servicio de la mafia. Dudo que los hermanos Kennedy fuesen demasiado moralistas en ese sentido: al fin y al cabo, JFK ganó la presidencia con los votos garantizados por los padrinos de Florida e Illinois. Pero sí creo que trataron de alterar ese equilibrio jerárquico e invertir las relaciones, de modo que Frank Sinatra fuese un cantante contratado para las fiestas de la Casa Blanca, y no la Casa Blanca el chalet alquilado por Sinatra o los petroleros tejanos o los generales levantiscos a los Kennedy. Y que eso, más o menos, les costó la vida. Por lo menos a nuestro parecer, quien mejor ha narrado la presidencia de JFK y los desvelos que atormentaron a su hermano Bobby en su posterior carrera propia hacia la Casa Blanca ha sido –dijimos que volveríamos a traerlo a colación, y cumplimos- David Talbot en La conspiración. La historia secreta de John y Robert Kennedy (Crítica).

De cualquier modo, la de los 60 fue una década que dejó a su paso una luenga estela de bellos cadáveres, de muertos jóvenes e “iconizables”. En un corto lapso de años fueron asesinados o algo así Marilyn Monroe, JFK, Martin Luther King, Robert F. Kennedy, Malcolm X, su lugarteniente y sucesor Leon 4X Ameer, el Ché Guevara, los activistas pro derechos civiles inspiradores de Arde Mississippi… Guevara era buen jugador de ajedrez, Bobby Kennedy citaba a Esquilo en sus discursos, Malcolm X fue peregrino a La Meca y JFK compartía amante con el capo San Giancana, cuyos hombres recetaron a Marilyn el supositorio que la envió al otro mundo. Películas como Siete días de mayo y El mensajero del miedo, de John Frankenheimer (la segunda, protagonizada además por Sinatra) pusieron una extraña e inquietante ambientación en blanco y negro al luctuoso período. Súmese el asesinato de Lee Harvey Oswald (también un caso abierto, dígase lo que se quiera).

En comparación con los antedichos, Tamara Bunke fue un icono menor, pero también con su sitio propio en esta galería de muertos pop. No en vano, infinidad de padres comunistas o izquierdosos de uno y otro lado del Telón de Acero bautizaron durante años a sus hijas con el nombre de guerra de la agente de la inteligencia castrista caída bajo las balas en las postrimerías de la aventura boliviana convertida, en último término, en la Bahía de Cochinos de Guevara: Tania. De hecho, aún existe un epígono en activo de Tania en la jungla colombiana. Es holandesa, ejerce como portavoz de las FARC y atiende al nombre de Tanja Nijmejer. Hace no mucho, la entrevistó El País luciendo boina a lo Guevara y precisamente en La Habana, como jugándose a reverdecer los laureles de la leyenda.

Existe una detallada biografía de ella, de la Tania original, de lectura obligada por los interesados en el mundo del espionaje: Tamara, Laura, Tania. Un misterio en la guerrilla del Ché (RBA), de Gustavo Rodríguez Ostria, quien ha desenterrado papeles y recurrido a la memoria de los supervivientes para trazarnos un retrato cuan aproximado las circunstancias permiten de aquella “maestra del disfraz y el engaño” que “desde los diecisiete años estuvo vinculada a organizaciones secretas y de inteligencia”. Tanto sus padres como ella trabajaron, en efecto, para la Stasi (Tania, para la rama de contrainteligencia exterior dirigida por Markus Wolf). Cierto que la documentación disponible (los archivos rusos y cubanos siguen cerrados) no permite discernir del todo hasta qué grado, pero parece muy improbable que el viaje de Tania a Cuba en 1961, cuando trabajaba como intérprete para los visitantes hispanos de la RDA, pudiera tener lugar –como pretenden los informes desclasificados de la Stasi- sin la aquiescencia de las autoridades germano-orientales.

En 1962, en plena Crisis de los Misiles y mientras Castro y el Ché despachaban fuerzas guerrilleras a Perú y Argentina, Tania estaba ya en Cuba. En 1963, precisa Rodríguez Ostria, fue reentrenada por la inteligencia cubana “sobre una arcilla ya moldeada en la RDA”. Y, al poco, con un pasaporte falso facilitado por los servicios secretos checos, fue lanzada hacia La Paz, en calidad de agente durmiente y con la misión de encriptarse en la buena sociedad local. Fue “despertada” del sueño por un enviado de La Habana en 1966, coincidiendo con la vuelta del Ché del Congo –los americanos le daban por muerto en Santo Domingo- y el llamamiento de Castro a la difusión de focos guerrilleros por la América hispana.

El libro de Rodríguez Ostria, una investigación con toda la barba, es la historia de sus peripecias de espía y de las circunstancias que la condujeron a perecer como integrante de un grupo armado al que no estaba previsto que se incorporara y cuyos miembros se obstinaban en aprender rudimentos del quechua, ignorantes de que la lengua hablada por los indígenas de la zona por que se desplazaban era el guaraní. ¡Por cosas como esas fracasan las revoluciones y los golpes de Estado!

Foto: José Luis Chaín

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