Cultura Transversal

Camba, Marsé y la liebre… Retratos

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 24 abril, 2014

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – Fórcola ha publicado Caricaturas y retratos, una selección de escorzos de escritores debidos a la pluma de Julio Camba y seleccionados por Francisco Fuster. Por ella desfilan Dickens, Baroja, Gorki, Amado Nervo, el inefable Alejandro Sawa… escritor, este último, que ha perdurado en cierto imaginario más por el carboncillo que de él trazara Valle Inclán en Luces de bohemia que por su obra propiamente dicha. El más actual de los bustos –y con independencia de que Camba sólo incluyera en su galería a gente ya entonces tirando, en el mejor de los casos, a vetusta- es el de Balzac, perseguido por los acreedores durante toda su vida, como hoy la mayor parte de hijos de vecino, ya seamos escritores, alpargateros o dueños de una tintorería. Ya fallecido el insigne literato, los Amigos de Balzac –recuerda Camba- abrieron un museo donde los visitantes podían admirar sus muebles, su biblioteca, su pluma en el tintero… Y hasta allí acudieron también los acreedores para embargar sus pertenencias, pues los Amigos de Balzac no consideraban necesario eso de pagar el alquiler de la sede. Gente, a todas luces, en vanguardia y anticipada a lo porvenir, pues no se negará que, cuando se pasa por las penurias por que ahora tantos espíritus inquietos, eso de pensar en abonar la renta del piso se ha convertido, para miles y miles de personas, en una solemne tontería.

Sin embargo, hay quien lleva lo de cobrar mucho más a rajatabla: por ejemplo, Picasso, detentador de fama no ya de tacaño, sino de faltarle cuatro kilómetros para llegar a serlo. Un día, una adinerada dama le pidió que le pintara un retrato. El pintor se había montado ya en la yegua desbocada del cubismo y el resultado, como era de esperar, no satisfizo demasiado a la pagadora:
-No me parezco nada, oiga.
-No se preocupe –replicó Picasso-. Ya se irá usted pareciendo.

Algo así son los retratos incluidos por Marsé en Señoras y señores (Alfabia), daguerrotipos picassianos. Retratos móviles, vivos, en perpetua mutación. Recogen aquello en lo que los personajes objeto de su pluma se están convirtiendo, aquello que son en potencia. Son retratos longividentes, proféticos. Estamos todos, sí, al tanto de su pasado, pero ese pasado suyo les acompañará, como una chepa, en su carrera hacia delante caldeando las semillas de su mañana, de tono mayormente decadente. Sólo alguno, como el de Marlene Dietrich, acaso por haber ya superado categorías como pasado y futuro, queda estático, inmóvil: “Esta hermosa señora, este fantasma inolvidable”, escribe Marsé, “es más real que esta tierra que pisamos”.

Quizá sea así. Proseguimos la lectura tomando nota de que Plácido Domingo luce “cara de mecánico o de fontanero con muchas ganas de trabajar y de quedar bien con el cliente”. A Vizcaíno Casas, “el sobrante agrisado de las mejillas le presta un aire polvoriento y tabacoso de subsecretario de abastos”. Marguerite Duras escribe “prosa de ganchillo” y es despachada con estos tres golpes de fusta: “Ojos azules, pelo negro, menudo coñazo”. A Verstrynge, “si se aflojara un poco la corbata, se le caerían los pantalones”. Sofía Loren “fue respetable por sus formas” y “se ha convertido en una respetable forma de señora”. Totalmente de acuerdo. Da caña a Ruiz Mateos, Alfonso Guerra, Artur Mas, Robert Mitchum… Y salen muy bien libradas Jeanne Moreau (por sus labios) y, más o menos por lo mismo, Kim Novak (“tobillos gruesos, nalga sorda, boca facultada”).

Estoy seguro de que Camba debió ser incluido en su día, por algún otro escritor, en la pertinente galería, mas lo cierto es que no he logrado dar con ella. En sus memorias, significativamente tituladas <Mi medio siglo se confiesa a medias y publicadas por Renacimiento, César González Ruano confiesa sus pecados tan, tan a medias que a Julio Camba, insigne pluma de su tiempo y residente en el Palace, ni siquiera le menciona. ¡Vaya usted a saber por qué! Y es que Ruano ha vuelto a ponerse inesperadamente de moda precisamente por sus silencios, sobre los que se extiende Fernando Castillo en su Noche y niebla en el París ocupado, también de Fórcola… El mejor retrato de Camba quizá sea el que se intuye reuniendo las pinceladas que sobre él dejó, aquí y allá, en sus escritos sobre la bohemia madrileña, un escritor de sabroso corte y cuya obra no se entiende que, en plena reivindicación de Camba o Chaves Nogales, nadie recupere. Me refiero a Antonio Díaz-Cañabate, de quien mi abuelo fuera contertulio –como de Camba- en la reunión presidida en el Lyon D´Or por José María de Cossío. ¿No hay un editor valiente que se atreva con su Historia de una tertulia? No puedo –o no quiero- creerlo.

Ahora que lo he dicho, puede que a quien me haya leído, por si me ha leído otro, hasta le entren las prisas. Tampoco hay que echar el resto. Para carreras, las de los galgos entrenados por mis primos Jorge, Sebas, David y Fofo, los mejores rastreadores de La Chuletera. En esto de la literatura y su edición, prisas… las justas. Y tampoco Cañabate es una liebre.

Foto: José Luis Chaín

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