Cultura Transversal

Los vicios del pensamiento

Posted in Autores, Eduardo Arroyo, Historia by paginatransversal on 2 mayo, 2014

EDUARDO ARROYO

por Eduardo Arroyo – Cuenta el analista norteamericano Eric Margolis que en España no se escucha la locura belicista de los EEUU por la crisis de Ucrania. Puede que no con la misma intensidad pero, desde luego, la información que proporcionan los principales periódicos españoles tiene un denominador común: todos difunden la especie de que Rusia no tiene ningún interés legítimo en la región. Es por tanto, un caso más de “fascismo”.

Se da la ironía de que Rusia, cuyo parlamento acaba de promulgar leyes que defienden la historiografía oficial de la Segunda Guerra Mundial con penas económicas y de cárcel, y que clama contra los “fascistas” de Kiev es acusada también de “fascista” en todos los foros internacionales occidentales e incluso, más aún, los paralelismos entre Putin y la Alemania de los años 30 son puestos de relieve a la menor ocasión.

Se cumple de nuevo el axioma de la política contemporánea de que todo el mundo es el “fascista” de alguien. Naturalmente, esta cadena de despropósitos se origina ante la apabullante falta de análisis de la clase dirigente, tanto política como mediática.

Un buen ejemplo lo tenemos en los EEUU. Ha dicho el senador John McCain que Rusia es “una estación de suministro de gas disfrazada de país”. El analista canadiense Eric Margolis le ha contestado que las estaciones de suministro de gas “no producen gente como Tolstoi, Borodin, Rimsky-Korsakov, Prokofiev, o el astuto Vladimir Putin. Sin embargo, sí que producen intelectuales de pacotilla como McCain”.

Haga memoria el lector y recuerde la cantidad de ejemplos de políticos cuya ignorancia –además de manifestada en público- nos sorprende por lo apabullante. Y es que en el mundo occidental se ha generalizado el problema de que no es necesaria cualificación de ningún tipo para ejercer la política, es decir, para dirigir una nación. Buena parte de los problemas que hoy afronta España se deben a estos motivos: desde los tarugos de la “izquierda abertzale” hasta los embustes de ERC, todos ellos manifiestan el típico nivel intelectual de escasísima altura.

A la ignorancia sigue otro mal de nuestra época: la propaganda como sustituto del conocimiento. Ayer escuché en directo un programa de Radio Nacional de España sobre las “cartas” del Archivo del Partido Comunista de España, que obraban en poder de la célebre “Radio España Independiente”.

Las cartas sirven de material para un libro editado por Cátedra bajo el título Las cartas de La Pirenaica. Memoria del antifranquismo, escrito por Rosario Fontova y su marido, Armand Balsebre, catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Autónoma de Barcelona. La idea de los contertulios, entre los que se contaba, sin hacer una sola pregunta crítica y/o de interés, el locutor del programa, es que el libro constituye “un gran fresco del sufrimiento de los perdedores… Es la gran queja colectiva de los represaliados del franquismo y no sólo desde el punto de vista del castigo jurídico o carcelario sino desde el de las humillaciones a que fueron sometidos”.

Nadie en aquél programa dijo que la célebre emisora operaba desde Bucarest, centro de una de las más crueles y opresivas dictaduras que han asolado Europa desde 1945. Esta dictadura, infinitamente peor que la franquista, constituía el ideal de “Radio España Independiente” y gozaba de los parabienes de un régimen sin un solo logro que atribuirse, salvo sembrar Rumania de destrucción, de cadáveres y de soldados del ejercito de ocupación soviético, respecto del cual, por cierto, “Radio España Independiente” no reivindicaba ninguna independencia.

Tampoco se señaló que la supuesta memoria de “los perdedores” era solo de una parte de los mismos, concretamente de los comunistas, y que el grueso de los perdedores se reintegró sin demasiados problemas a la vida civil española. Es por esto por lo que, al contrario de lo manifestado por los autores del libro y por el propio locutor, el interés de la “Radio España Independiente” era en la España de entonces harto escaso. Presentar, por tanto, a “Radio España Independiente” como una especie de abanderada de la libertad no puede concebirse nada más que como un chiste o como una magistral obra de “agit-prop”.

No obstante, sin duda hay que reconocer que disfrazar la sempiterna propaganda del PCE más paleoestalinista como “investigación académica” no deja de tener su mérito. El problema es que ni ayuda a entender nuestra época ni tampoco contribuye a la concordia sino al revanchismo.

Un tercer problema es la ideologización. Así, durante la década del 2000 un montón de fanáticos iluminados, agrupados bajo la denominación de “neoconservadores”, involucraron a los EEUU en dos guerras “de cuarta generación””– Irak y Afganistán- que han supuesto un auténtico desastre para el país en términos económicos, de vidas humanas y de prestigio en la región.

Más recientemente la “National Endowment for Democracy” y sus adláteres ayudaron a fomentar la “”evolución rosa” en Georgia, la “revolución de los tulipanes” en Kirgizistan, la “revolución de los cedros” en el Líbano, la “revolución naranja” en Ucrania y otras revoluciones coloristas, todas ellas con el ánimo de derrocar regímenes y atraer a ciertos países a la órbita norteamericana.

Igualmente, en el norte de África los “expertos” y “analistas” de los medios de comunicación occidentales gastaron ríos de tinta en alabanzas a diversas “primaveras” que finalmente han acarreado escenarios mucho más convulsos que aquellos que se pretendía superar. La ideología demoliberal, encarnada en mesianismo para sujetos totalmente al margen de las necesidades del pueblo pero muy bien conectados con los centros de poder, ha constituido un poderoso detonante.

Ignorancia, propaganda e ideologización son tres lacras que se vencen con conocimiento, amor a la verdad y estudio abierto de la realidad. Nada de esto se encuentra hoy en una clase política contraseleccionada entre los más incapaces y serviles o entre unos periodistas apesebrados con el poder.

En el caso concreto de Ucrania no parece entender nadie que Rusia tiene intereses legítimos en la región y que, por el contrario, ni Europa ni EEUU tienen intereses vitales en Ucrania. En consecuencia, y paradójicamente, es esa teórica “defensa de los intereses” occidentales, que preocupa a gente como John Kerry, Angela Merkel o Durao Barroso, lo que ha venido complicando las cosas desde el principio. Ha sido el tándem UE/EEUU quien ha decidido llevar a la OTAN hasta el patio trasero de Moscú, sin que fuera necesario. Ellos son por tanto los principales responsables de lo que está ocurriendo y de lo que pueda ocurrir.

Llegados a este punto queda la vía de las sanciones económicas o la vía de la acción militar. Esta última no la quiere nadie en sus cabales y todos somos conscientes de que Kiev jamás podría ganar; mucho menos Europa, embrollada en una guerra a las puertas de casa, atendiendo a miles de refugiados. Tampoco los EEUU, empantanados en otra aventura más.

Pero ¿y las sanciones? Dependiente del gas ruso, ¿va a votar Europa por una nueva recesión? Entonces, ¿para que lleva EEUU los marines a Polonia? ¿Puede alguien imaginar mayor estupidez e incapacidad? ¿Estamos gobernados por idiotas? Desde luego, la ignorancia, la propaganda y las ideologías simplistas solo pueden triunfar en un mundo intelectualmente acabado, como es el caso de nuestro occidente moderno. Esta claro que las élites dirigentes de verdad se encuentran muy muy lejos del verdadero lugar que les corresponde.

Fuente: ESD

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