Cultura Transversal

El bocadillo de Pamplona

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 7 septiembre, 2014

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – Cuando, la víspera de mi conferencia en el Palacio de Congresos del Baluarte, me apeo del tren, el Festival Flamenco On Fire tiene ya desde hace días revolucionada Pamplona, además de a los medios de comunicación de toda España y parte del extranjero. No es de extrañar, pues, más allá de la patente calidad de los carteles, la de Miguel Morán y su equipo ha sido una apuesta fuerte, visionaria y, sobre todo, valiente en un tiempo en que, en el mundo artístico, la iniciativa privada no es ya que acuse recurrentes mialgias, sino que presenta síntomas de haberse paralizado por completo. Lo cierto es que la respuesta del público navarro ha sido magnífica ante una propuesta en la que, a menudo, convergen en una sola jornada dos conciertos, una conferencia, un taller y la proyección de un documental. Sabicas, a quien de modo natural van dedicados los fastos, se hubiera sin duda dado por satisfecho, y se antoja incuestionable que, a partir del año próximo, Flamenco On Fire ocupará en el imaginario de Pamplona lugar similar al del Festival de Jazz en Vitoria, el de Cine en San Sebastián o el de Novela Negra en Gijón. De hecho, mi impresión es que ya ha empezado a ocuparlo.

Como coincido en el Alvia con Piculabe y Juan Carmona hijo –que va al festival, como yo, en funciones de orador- y, además, logro echar un pitillito rápido en el andén de la parada de Tudela, el viaje se me pasa en un momento. Organización y artistas tenemos plantado el cuartel general, según lo previsto, en el Hotel Muga de Beloso, comandado por Karmele Torres y Carlos Sola. José Mercé, Sara Baras, Tomatito o Arcángel son algunos de lo que ya han hecho las maletas –Tomate vuela rumbo a Italia- para cuando arribo, mas no tardan en hacerse visibles por los pasillos, el jardín o el restaurante Diego del Morao y Chaboli, bases del armazón musical de Niña Pastori. O Rafita, que forma filas en el grupo de Josemi Carmona y cuyo cante no será recordado como el de uno más por el oído de los pamplonicas. O Manolo Fernández, representante de Tomatito y Estrella. O Paco Suárez, director de la European Romani Symphonic Orchestra y que, a fuer de deleitar a la afición como conferenciante, oficia como maestro de ceremonias de los conciertos. Aparecen asimismo Pepe Habichuela y Josemi, con quienes nos sentamos a escuchar los recuerdos de sus vivencias con Sabicas en Nueva York, cuando Pepe actuó allí con Flamenco Puro. El de Habichuela padre e hijo es, por su categoría musical y sus tan flamencos acentos, uno de los conciertos del ciclo que de verdad calan hondo.

No tarda en incorporarse -con Montoyita y el resto de los suyos- Estrella Morente, que resplandecerá en el escenario tan carismática y poderosa como siempre, con esa luz propia que la distingue. ¿Quién más? Pues por allí también Karime Amaya, que de nuevo confirma sobre las tablas nuestra intensa sensación de que es la bailaora de hoy, la bailaora a la que hay que ver ahora. Y La Tana, y David Cerreduela (desde hace tiempo en El Cordobés de Barcelona), y Saúl Quirós, y Amaia Arrizabalaga y Ricardo Hernández, estos dos todo el día pasillo arriba y abajo con el móvil adosado a la oreja y cuyo buen talante, esfuerzo y sentido de la responsabilidad han resultado cruciales para llevar a buen puerto la nave.

Por lo que más de frente me toca, no puedo irme más contento. Acude gente a la charla, me aplauden y se me pone bonísima nota como contaor, título creo que de rango y cuya acuñación agradezco de corazón a quien la haya ideado. Tengo el honor de ser escuchado por Mari Cruz (hija de Sabicas, desplazada con su marido desde Hawaii para no perderse el festival), Antonio González (del Ateneo de Pamplona), Jesús Basurte, el pintor Mon Montoya (autor del magnífico cartel de la convocatoria), los Hermanos Sánchez (guitarristas de la Fundación Yehudi Menuhin, que ya bebían de los discos de Sabicas cuando todavía no eran distribuidos en España y que, como muchos otros paisanos suyos, han bajado hasta Pamplona desde Francia)…

Riadas, en fin, de gente para no perderse las actuaciones y demás actividades. Mucho movimiento y atmósfera festiva en el bar del Baluarte. Por allí Juan Ramírez, que, como era de esperar, llega al corazón de todos con su baile por alegrías. Por allí Chema Muñoz y su hijo Jolis, timoneles de La Casa de Sabicas, donde se ha formado un extraordinario ambiente en estos días. Por allí el Tío Selín cosechando parabienes por su conferencia, las bailaoras Sandra Gallardo y Eva La Lagartija, Loretxo Iñarrea (de la televisión navarra), el percusionista Iñaki Lero, los hermanos Ocaña de Zorongo, los guitarristas Miguel Jiménez, Pedro Planillo y Jesús Carbonell, el novísimo cantaor El Koko, un joven dentista casado con una sobrina de Pansequito y –venidos desde Logroño- José Jiménez Pochi y Antonio Berrio, reputado por su arte y arrojo como recortador ante los toros… ¡Otro café cortado, por favor! ¡Otra cerveza, cuando pueda! Y, como guinda, un concierto al aire libre en la Ciudadela a cargo de Soleá Morente y Los Evangelistas, Kiko Veneno y el azalvajao e inefable Tomasito, que pone aquello boca abajo.

Es lunes, se aproxima la hora de partir y sólo rondamos ya por la terraza del Muga de Beloso los postreros remolones. Alguien pregunta por tal artista. No ha amanecido aún, informa un pariente. Al oírlo, Carlos Sola se levanta como un rayo a ordenar en la cocina la puesta a hervir de un caldo de gallina. ¡Magnífica política! Jamás había conocido ningún hotel cuyo equipo se preocupe por que los clientes remonten pronto el oleaje sus resacas.

Pero es mucho mejor el golpe final. Ya sabía que Karmele y Carlos son gente con arte, pero esto no lo mejora ni Tomasito.

-Tú te quedas hoy a comer, ¿no? -me pregunta Carlos.

Aclaro que no, que en veinte minutos se acercará un taxi a buscarme, pues mi tren se pone en marcha a las tres y algo. Que, en caso de entrarme hambre, ya picaré algo durante el viaje, en la cafetería. Carlos me mira con los ojos muy abiertos, como si le hubiese comunicado mi decisión de ir a cometer suicidio.

-Pero, ¿tú estás majareta o qué? –Un poco más, y me agarra de las solapas- Pero tú, ¿de qué vas? Pero, ¿cómo te vas a comer la porquería que habrá en el tren? ¡Yo te preparo ahora mismo un bocadillo de jamón serrano con tomate para que te lo lleves!

No sé ustedes, pero tampoco me había alojado jamás en un hotel cuyos responsables, cuando el cliente se marcha, salen corriendo tras él a fin de pertrecharle con un bocadillo de jamón para el camino

En fin: que Flamenco On Fire es desde su nacimiento, empezando por la feérica intuición de Miguel Morán y acabando por el detallazo y lo sustancioso del bocadillo, un festival diferente.

Yo, que ustedes, no me lo perdería.

Foto: José Luis Chaín

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