Cultura Transversal

Cuadernos de noche

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones, Sabiduría Universal by paginatransversal on 12 diciembre, 2014

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina
por Joaquín Albaicín – Cuando Calderón puso en boca de Segismundo aquello de que toda la vida es sueño, no hizo sino traducir al inglés isabelino la convicción expresada en sánscrito por la metafísica hindú en el sentido de que flujo onírico y trajines de vigilia responderían, en el fondo, a realidades de idéntica consistencia. Cuando uno despierta, recuerda vagamente lo vivido en sueños de igual modo en que, quien duerme, recuerda con la misma imprecisión lo vivido despierto. Tan en modo presencial transcurren una como otra versión de la vida, por tanto.

Yo escribo desde hace años un diario sobre lo que me acontece en mi trastear cotidiano, en la vigilia, y otro donde tomo nota de lo que recuerdo haber soñado. Mentiría si dijera que concedo más importancia o valor “histórico” al primero que al segundo. Por supuesto, sé que, si mañana sueño que corto tres orejas en Sevilla y salgo a hombros por la Puerta del Príncipe, la prensa taurina no va a hacerse eco de mi hazaña, pero el silencio de los diarios y revistas no significa que lo hecho, no esté hecho. Sí, señores: lo hecho, hecho está, ya sea “aquí” o “allá”. Parto, es decir, de la base de que lo que me pasa en sueños, también me pasa.

No soy el único en trasladar al ordenador sus visiones nocturnas, ya lo sé. Inka Martí ha llevado a imprenta y publicado su Cuaderno de noche (Atalanta), y cada una de las peripecias oníricas pasadas por ella al papel reviste –lo cual me parece muy significativo- la misma solidez narrativa y lógica interna que cualquier relato descriptivo de hechos acaecidos en la llamada vida real. Las estrellas que, en sus periplos de onironauta, caen al mar y son rescatadas por un pescador no son “menos” estrellas que las de la Osa Mayor. El asno blanco que se le aparece en un desván no es “menos” asno que el que rebuzna en el pueblo donde veraneamos, y no digamos ya que Platero (de hecho, en Polígono Sur, la película de Dominique Abel sobre las Tres Mil Viviendas, somos informados de la existencia de un borrico residente en un cuarto piso sin ascensor). Los “besos de otro mundo” que el 22 de Mayo de 2005 da en onírico marco a J no denotan “menos” amor que el que, en “este mundo”, le plantó ayer por la tarde en la mejilla después de merendar.

Mi modesta experiencia me indica que, por lo general, las personas que no prestan atención a sus sueños suelen también interpretar de modo erróneo muchas de las situaciones, encrucijadas y dilemas en las que las circunstancias de la existencia de vigilia les colocan, porque tienden a pasarles desapercibidas multitud de señales y advertencias sutiles que sólo es dado captar a los equipados con un código de símbolos mínimamente pulido (dotación que la meditación sobre los sueños suele propiciar). Se les pasan por alto a los onironautas compulsivos, con que figúrense a los que reducen su tiempo vital al comprendido entre dos tumbadas sobre el colchón.

No en vano, como señala en el prólogo Jacobo Siruela, el mismo dios Asclepio indicó a Elio Aristides llevar escrupuloso registro de sus sueños, en particular de aquellos en los que hicieran acto de presencia seres celestiales. Y no en vano empleamos la palabra “encrucijada”, pues es frecuente que estas aparezcan en los sueños (no otra cosa que un cruce de caminos son esos lugares con que sueña Inka y soñamos todos: una plaza pública, una ciudad desconocida o un lago sobre cuyas aguas cada barca sigue su propia ruta). Las serpientes son otro motivo común en los sueños de Inka y de mucha gente, y no necesariamente porque hayan visto muchas veces la película de Verneuil sobre el espía soviético así llamado, al que pone cara, voz y modos Yul Brynner.

Simplemente, la existencia es una ensaimada de vivencias que permanecen enroscadas hasta que llega su momento de alzar la cabeza. Y eso puede suceder mientras celebramos una onomástica lo mismo que cuando nuestro cuerpo duerme.

¡Aprendamos la lengua de los ofidios! El saber no ocupa lugar.

Foto: José Luis Chaín
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