Cultura Transversal

Versos y medusas

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Poesía, Publicaciones by paginatransversal on 12 enero, 2015

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina
por Joaquín Albaicín – Iba en el tren leyendo un crujiente periódico cargado por sus redactores con noticias a cual más sombría. Las medusas gigantes, advertía un oceanógrafo japonés, están a punto de hacerse amas y señoras de los mares antes de, acto seguido, invadirnos. Cuatro estudiantes acababan de atentar con mahonesa contra el Primer Ministro belga. Y en el restaurante de la Cámara de los Comunes británica -¡el colmo!- habían sido detectadas goteras. Mientras procuraba digerir tantas desgracias juntas, me parecía sentirme como rodeado por invisibles enemigos y cada vez más cautivo de la sensación de que ya no se puede uno fiar de nadie. El mundo, tal y como lo conocíamos, se estaba viniendo abajo. Pero me salvó de precipitarme al abismo de la depresión el llevar en la bolsa de viaje el nuevo libro de un amigo (que para eso están los amigos: para echar un capote cuando las cosas vienen mal dadas).

Columnista en la prensa sevillana, conductor del recordado programa Com.Flamenco en Giralda TV, biógrafo del Pali, del Bizco Amate y del carismático Juanma Martín (capataz del Señor de la Salud)… Este amigo es, en fin, Antonio Ortega, hoja del amplio ramaje de una familia que no ha dado nombres gloriosos ni al Parlamento de Bélgica, ni a la Cámara de los Comunes ni a la historia del buceo y la pesca submarina, pero sí al cante gitano y –banderillas en alto y capa al viento- el juego con los toros. Su persona es tan bien conocida y querida en el mundo del flamenco como apreciada es su pluma por quien gusta de lo bien sentido y dicho.

Inverso, su más reciente obra, ha sido publicada por el sello hispalense Poesía en Tránsito y presentada en la capital andaluza por nada menos que Curro Romero y Manuel Molina, y en la portada aparece el escritor con las manos en los bolsillos y andares entre flamencos y de pistolero pacífico, a lo Kevin Costner en Open Range. Uno diría que Antonio Ortega lleva las ideas, frases y versos en los bolsillos, como yo los caramelos que tomo del cestito cuando voy por tabaco al estanco donde los regalan como cortesía hacia el sufrido fumador. Va uno llenando los bolsillos y, cuando quiere darse cuenta, camina con las alforjas a rebosar y ha de desprenderse de los dulces acumulados para hacer sitio a los próximos. Lo mismo pasa con los versos, las novelas, los ensayos, los cuentos… Que llega un momento en que se convierten en lastre y hay que soltarlos.

Aunque el libro haya sido lanzado por una editorial de trovadores, los textos de Antonio Ortega -salvo alguna pincelada ceñida del más escrupuloso modo a la medida y rima flamencas más ortodoxas- no son en propiedad poemas. Yo los percibo más bien como entradas de un diario, como actas sentimentales que dan fe de tránsitos, suspiros, momentos prestados, desahucios, inspiraciones, chapoteos, pensamientos resbaladizos, posos y aromas de los que el autor no pretendiera, en el fondo, dejar un testimonio más que ante sí mismo. No en vano uno de los primeros se titula Acuérdate, y, aunque sobre el papel esté dirigido a una mujer que no guardó su palabra, como –por otra parte- es lo más habitual que suceda cuando del bello sexo se trata, la verdad es que estas cosas, dado que quien debería escucharlas brilla hace mucho por su ausencia, siempre se las dice uno, en el fondo, a sí mismo.

Terco me resisto al engaño, aunque me puede el dolor de esta batalla”, admite con pluma que es acero de Alatriste bañado en sangre… Los de Antonio Ortega son, diría, versos rotos que cubren las aceras a espera de que pase, antes que nadie, quien los ha escrito. Y es que, si vivir cerca del mar dota de perspectiva (de tanta, que hasta puede terminar uno por no ver más que azul), morar en una ciudad con río y con empedrados tan brillantes y con claroscuros tan abigarrados como Sevilla, pertrecha al transeúnte con el don y el sabor para el matiz, para el rincón, para las esquinas… espacios que encuentran sus réplicas en las callejuelas del alma y las lisuras de la piel.

Todas las cosas nacen con un ruido que las delata (las personas también)”, somos advertidos. Esperemos saber reconocer el de las medusas gigantes cuando su invasión se aproxime… y que alguno de estos aforismos de Antonio Ortega nos sea útil para espantarlas. Yo me guardo un puñado de ellos como amuleto, por lo que pudiera suceder.

Foto: José Luis Chaín

 

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