Cultura Transversal

Macarras contra la inmigración

Posted in Autores, Joaquín Albaicín by paginatransversal on 18 enero, 2015

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – Desde hace un tiempo, un partido llamado Pegida, que quiere decir algo así como Patriotas en Contra de la Islamización de Europa, viene organizando en Dresde y otras localidades alemanas marchas de protesta en contra de la inmigración. La cosa me parece curiosa, porque vivo en Europa –concretamente, en España- y en las calles, la tele y las instituciones detecto síntomas de muchas cosas, pero la verdad es que ninguno de “islamización” (salvo entre los musulmanes, a quienes parece lógico y natural suponer islamizados). Bien al contrario, lo que aun desde la distancia nadie puede honestamente dejar de constatar son las crecientes y preocupantes tentativas de occidentalización del mundo islámico -y del llamado Tercer Mundo en general- por parte de los poderes económicos, tecnológicos y militares de Occidente.

Otro aspecto, en fin, bastante llamativo de este fenómeno es que Pegida y demás organizaciones de su cuerda se posicionan contra la inmigración, es decir, contra la llegada a su país –en busca de trabajo o mejores condiciones de vida- de ciudadanos de otras naciones, pero nunca en contra de la emigración, es decir, del derecho de sus ciudadanos –o sea, de ellos– a trasladarse cuando así lo deseen a los países de los demás. Muy equitativo, sí señor. Y muy de buenos alemanes, nadie lo duda.

Resultan muy esclarecedoras las declaraciones al respecto del líder de esta formación, un tal Lutz Bachmann, maduro mocetón procedente de los menos glamurosos círculos del chuloputismo y la ganzúa y condenado en el pasado por robo y tráfico de coca. El buen señor en cuestión matiza que no es racista, que simplemente es enemigo de los inmigrantes económicos (léase: de los débiles, de los desfavorecidos por la fortuna). No le ponemos de los nervios los árabes, los gitanos, los chinos, los andinos o los negros. Le ponen de los nervios los pobres. De hecho, subraya que se considera un indoblegable defensor del derecho de asilo político.

Muy prudente por su parte, desde luego (en especial, a tenor de sus antecedentes). Sus explicaciones, sin embargo, distan mucho de convencerme, pues creo que lo que constituye un indiscutible derecho natural es el tratar de alimentar a la familia, mientras que dar el coñazo a los demás intentando persuadirnos –y no siempre por vías amables- de las bondades de una ideología, lejos de antojárseme un derecho, lo percibo como, fundamentalmente, una falta de educación, por decir poco. Además, la matización de Bachmann deja claramente al descubierto los guarrindongos trasfondos de su proclama en pro de los asilados políticos. Como aspira a pillar cacho en la política, igual que ya en el pasado lo pilló entrando en casas ajenas o distribuyendo estupefacientes, no descarta verse un día en la tesitura de tener que cruzar la frontera y salir por patas de la patria germana de sus amores de pago. Así que eso del derecho de asilo político, por si las moscas, que no se lo toquen.

Deseo al señor Bachmann todo el éxito del mundo en sus actividades como macarra, que debería retomar si es que alguna vez las ha abandonado, pues sospecho que todos viviremos más tranquilos mientras la gente como él concentre al cien por cien sus energías y talentos en mirar por la prosperidad, higiene y buena marcha de los puticlubs en vez de en la política, donde ya existen suficientes establecimientos de ese tipo, y regentados por gente con mejor gusto y modales que él. Porque –no nos vamos a engañar- en el mundo de la prostitución, los rufianes de esquina, es decir, los pobretones como él, no son figuras cuya contemplación agrade mucho a la vista. No obstante, ha de haber de todo en esta vida y, como creo que eso del asilo no es de caballeros negárselo a nadie, espero que al señor Bachmann no le falten nunca un decente lupanar bávaro donde pernoctar a socaire del frío nocturno ni una meretriz jubilada –y, por descontado, buena alemana- que caliente sus encías con un cazo de sopa.

Y es que… Como él mismo dice, cada cual en su casa, ¿no? Que es cosa muy fea, eso de olvidar de dónde viene uno.

Foto: José Luis Chaín

 

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