Cultura Transversal

¿Educar? Lo que quieren es una titulación “útil” y sectaria

Posted in Autores, Pascual Tamburri by paginatransversal on 22 enero, 2015

PASCUAL TAMBURRI

por Pascual TamburriLos niños y jóvenes españoles ¿estudian para ser más ricos y por tanto más importantes? ¿O estudian para ser mejores personas, más formadas y más capaces de servir a la comunidad?

Volvemos a clase. Después de que pasen por casa los Reyes, vuelven los días de la tiza, en el último año de una legislatura en el que el PP no ha cumplido todo lo que propuso, y sobre todo no ha sabido explicar lo que tiene de bueno –que en parte lo tiene- lo que José Ignacio Wert ha intentado. Volvemos a clase, dejando como siempre sin solucionar la cuestión realmente importante de fondo: ¿qué pretende esta sociedad de sus escuelas, colegios, Institutos y Universidades?

Se preguntaba hace unos días Juan Manuel de Prada, comparando educar e instruir, ¿qué educación se podría transmitir cuando se soslayan las cuestiones de fondo y se prima sólo lo “útil”? Y ser respondía, atinadamente, que “una educación ´neutral´ que las sustituyese por meras ´nociones´ científicas sobre el mundo material no sería educación, sino mera ´instrucción´; y la cosecha fatal de esta instrucción no sería otra sino el individualismo… La ´instrucción´, pues, fomenta el individualismo y destruye la solidaridad social, matando los espíritus enraizados en la tradición y creando espíritus ´autónomos´ (forma pomposa y eufemística de decir solitarios), infatuados de una falsa ciencia, llenos de ambiciones y deseos subversivos que suelen darse de bruces contra la realidad, generando -de resultas del fracaso- desaliento y rencor”.

En palabras de Azorín “un individualista… es un hombre que no siente el todo social, que no siente la tradición, la historia, el arte y hasta el paisaje de su patria. Un individualista es un hombre incapaz de abnegación y de sacrificio: es un hombre en quien los apetitos propios y las pasiones dominan; un hombre que va recta y brutalmente a su objetivo, sin importarle nada la solidaridad social, ni sentirse ligado a su raza ni a su patria; es un logrero y un arribista, o es un gran negociante que evoluciona dentro de los códigos y sin salirse de ellos origina la miseria y el dolor de centenares de conciudadanos suyos” .

En la sociedad liberal-capitalista, el único éxito es el económico, puesto que la única jerarquía es y será la del dinero y la riqueza, no la de los principios, la lealtad, el amor, la virtud, la familia, el servicio, el sacrificio, el valor, el saber o la disciplina. Y el mecanismo de difusión de ese orden de cosas, compartido por todas las fuerzas políticas al uso en España ahora mismo, es la escuela. Hace unos años señalábamos aquí mismo cómo el liberal norteamericano Jonah Goldberg, en su libro Liberal fascism. The Secret History of the American Left, ponía “como ejemplo de esa curiosa situación al profesor Keating, de El Club de los Poetas Muertos (Dead Poets´ Society, 1990), al que dio vida en la pantalla el [ahora difunto] Robin Williams. Un profesor contrario al orden imperante, que introduce en sus alumnos inquietudes contrarias al orden social liberal-capitalista; un divulgador de los ideales neorrománticos más opuestos al liberalismo político y económico, al materialismo y a la rutina habitualmente considerada ´tradicional´… Quizás Goldberg necesite aprender –como muchos otros, a los dos lados del Océano- que la única alternativa a la izquierda no es el liberalismo” .

Visto desde la tiza, lo cierto es que el materialismo individualista liberal (y progresista) no sólo no es opuesto al materialismo masivo marxista (y progresista), sino que coincide en muchas cosas de fondo. Cosas que se transmiten en la escuela. Cosas que se basan en lo útil materialmente. Cosas que tienen alternativas reales sociales, tradicionales, populares, y por qué no románticas, cristianas, sociales y patrióticas, por ejemplo. Si los mandamos a clase, les enseñamos a ir a clase, para conseguir un título, “triunfar” y ascender en esta sociedad tal y como es y parece que va a ser estaremos construyendo a la vez unos futuros adultos infelices (aunque lleguen a ricos) y una escuela que lejos de educar y formar tenga como meta esencial transmitir el actual orden de cosas… y cumplir con memeces burocráticas.

Fuente: ESD

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