Cultura Transversal

Entrevista: Gilad Atzmon, ¿puede el jazz ser antisemita?

Posted in Autores, Gilad Atzmon, Música, Videoteca by paginatransversal on 23 enero, 2015

El saxofonista Gilad Atzmon.

Entrevista de Carlos Pérez Cruz – El Ayuntamiento de Nottingham cancela la actuación del saxofonista israelí Gilad Atzmon y su grupo, The Orient House Ensemble, tras recibir una carta firmada por trece personas en la que se le acusa de antisemita. 

Existen judíos que se oponen abiertamente a las políticas de Israel, país que dice hablar en su nombre y que se promociona como la casa de todos ellos, pero no por ello son tachados de antisemitas. Por eso llama tanto la atención que un israelí de nacimiento, con orígenes familiares judíos, sea censurado por ese motivo. Es lo que le ha sucedido al saxofonista Gilad Atzmon (1963), músico residente en Londres, que vio cómo hace unos días un Ayuntamiento británico cancelaba la actuación de su grupo, The Orient House Ensemble, después de recibir una carta de denuncia firmada por trece personas. Atzmon, que vive en Inglaterra desde mediados de los noventa, es tan creativo e intenso con su música como con sus reflexiones, que plasma en frecuentes artículos y libros como La identidad errante, publicado en 2012. Inasequible al desaliento, feroz defensor de la libertad de expresión y pensamiento, responde a El Asombrario & Co. sobre lo sucedido en Nottingham en plena gira de presentación de su nuevo disco, The whistle blower.

Carlos Pérez Cruz“Cancelan en Gran Bretaña el bolo de un ex israelí, ‘músico de jazz judío y antisemita’”. Así es como titula la noticia el diario israelí ‘Haaretz’. En primer lugar, no sabía que eras antisemita. ¿Cómo es posible ser antisemita y al mismo tiempo apoyar a los palestinos, que son un pueblo semita?

Gilad Atzmon – No deberíamos tomar demasiado en serio el calificativo de antisemita del diario ‘Haaretz’. Antiguamente, antisemita solía referirse a gente a la que no le gustaban los judíos; ahora, antisemita se refiere a aquella gente que no gusta a los judíos. Por supuesto que yo no soy antisemita, odio a todo el mundo por igual. [Risas]. De todas formas, se ha demostrado que su decisión fue contraproducente, porque hoy hay una protesta en la calle, en Nottingham, lo que es alucinante, yo no lo esperaba; además, me han entrevistado en la BBC, me acaban de llamar también de la televisión… El ayuntamiento no creía realmente en lo que hizo, les empujaron a hacer algo que no apoyaban de verdad y trataron de mantenerlo en secreto. No hicieron público que me habían dado la patada. El promotor encontró otro lugar y se convirtió en un concierto multitudinario en mi apoyo, se recogieron cientos de firmas. El lugar se quedó pequeño para toda la gente que quiso entrar. El ayuntamiento quiso guardar silencio, pero hace tres días el Comité Secular para la Libertad de Expresión -o algo así, no sé cómo se denomina-, decidió sacar a la luz esta historia. A pesar de mis ideas políticas -que incluso yo denuncio de vez en cuando [Risas]-, aquello era un concierto. De hecho, el promotor escribió una carta en la que decía que soy uno de los artistas más populares, que toco de forma habitual en ese club, que he tocado cada año allí en los últimos diez años, ¡no una vez! Y que nadie se había quejado hasta ahora.

C.P.C.Leo en la noticia: “una carta de trece vecinos lleva a que se produzca una movilización contra Gilad Atzmon”. Trece firmas no parecen muchas, no sé cómo es posible que influyan tanto en una decisión política. ¿Quiénes son?

G. A. – Así es como funciona el poder judío, así es como se manifiesta su poder. Te puedo asegurar que trece musulmanes no serían suficientes para detener un encuentro de racistas sionistas en ese mismo local. Ni siquiera trescientos. Pero trece ya son muchos, basta un solo judío para que se suspenda un concierto de jazz. Ese es el significado exacto de poder judío. El poder judío, tal y como yo lo defino, es el poder para silenciar el debate sobre el poder judío. El poder judío es el poder para silenciar el debate sobre los crímenes israelíes. El poder judío es el poder para silenciar el debate sobre el lobby judío. Permíteme que sea muy claro contigo: eso no es el sionismo. El poder judío es algo de lo que se preocupa y se encarga la izquierda judía. No sé si lo sabes, pero cuando John Mearsheimer y Stephen Walt publicaron su libro sobre el lobby israelí, el primero en rechazarlo fue de hecho Noam Chomsky; fue ‘Democracy Now’ quien discutió con él sobre el libro sin invitar ni a Mearsheimer ni a Walt. La izquierda judía, de hecho, es la que mantiene el discurso ‘kosher’. Y esto es muy preocupante, esa es la razón por la que me opongo a toda forma de política judía, ya sea de izquierda, de derecha o de centro.

C.P.C. – ¿Sabes exactamente quiénes son esas 13 personas?

G. A. – No exactamente. Sé que el tipo que se encargó de la campaña tiene una librería de izquierdas en la ciudad, es un tipo bastante mezquino. Es el editor de David Rosenberg, que es una persona a la que presento en mi libro como un completo fraude. Cité el caso de Rosenberg y de su mujer –ahora no recuerdo su nombre- y demostré cómo su agenda socialista judía no significa nada. Más bien al contrario. Aunque parezca sorprendente, llevaron a cabo un ritual de sangre religioso judío con sus hijos, la circuncisión judía, mientras se denominaban a sí mismos como judíos seculares y ateos. Así que lo que hago es exponer a David Rosenberg como un completo fraude político, y desde entonces me persigue. Obviamente no pudo llevarme ante un tribunal porque todo lo que he dicho sobre él es correcto y está estudiado, está publicado en mi libro “The wandering who?” [traducido en España como “La identidad errante”].

C.P.C. Según el ‘Nottingham Post’, dijiste: “No me preocupa si la gente se opone a lo que escribo, pero mi música no tiene nada que ver con ello. Creo que es injusto”. Cuando leí esto me acordé del movimiento BDS [Boicot, Desinversiones y Sanciones] e imaginé que un artista israelí podría pensar lo mismo cuando se promueve el boicot de sus actuaciones.

G. A. – Permíteme que sea muy claro con esto. Como sabrás, o quizá no, no apoyo para nada el BDS cultural. Creo que los israelíes y judíos que se oponen están en lo correcto. No es una aspecto del BDS que me parezca bien. Pienso que el intercambio intelectual debe permanecer abierto; creo que los artistas, con independencia de sus visiones políticas, deberían ser bienvenidos en todas partes. Obviamente es decisión mía decidir dónde tocar y dónde no, pero te puedo decir que he tocado en muchos lugares del mundo con israelíes que desaprueban por completo mis posiciones, y que a los veinte segundos, para el séptimo compas del primer blues, nos hemos olvidado de la política y nos lo pasamos muy bien. No me preocupan las visiones políticas de ningún artista, me preocupo del hecho artístico, de su capacidad para producir belleza. No puedo soportar a John Zorn, pero no porque sea un supremacista judío sino porque más que saxofonista es un tipo con un saxo.

C.P.C. El método habitual de la hasbara [término para referirse a la propaganda israelí] y los troles es atacar a quien critica a Israel acusándole de antisemita. La respuesta acostumbrada a este ataque es responder que se distingue entre israelíes y judíos. ¿También haces esa distinción?

G. A. – Hay un espacio entre medias de ser israelí y judío que es muy interesante, es algo sobre lo que he escrito un libro. Toda la idea del sionismo en Israel era dar a luz una nueva identidad judía ilustrada. Los sionistas primigenios eran vistos como un grupo de antisemitas, ¡porque, de hecho, admitían que algo estaba realmente mal con los judíos! Eso es lo que decían, que los judíos no se involucraban en la producción, que eran capitalistas, usureros, banqueros, capitalistas que especulaban, pero que no era culpa suya y que todo eso pasaba porque no teníamos una tierra. “Una vez que nos instalemos, esto cambiará”. Lo que sucedió es que se instalaron, los doctores se hicieron granjeros, los profesores de matemáticas, carpinteros, pero después de dos o tres semanas se dieron cuenta de que los palestinos eran más baratos y ese fue el final del sueño sionista. Para responder a tu pregunta. Yo me crié como un israelí y, al igual que también lo admite Shlomo Sand en recientes artículos, para algunos de nosotros era natural sentirse identificados como israelíes por razón de nuestra lengua, el hebreo, pero no por una cuestión de “judeidad”. De hecho, asentarme en Gran Bretaña fue lo que hizo que me diera cuenta de que la cuestión de la identidad de la diáspora judía es algo realmente serio, y fue en Inglaterra donde decidí que realmente no quería ser judío nunca más. Cuando simplemente era un israelí, para mí bastaba con decir que no quería ser israelí, que no quería vivir en tierra palestina, pero cuando empecé a vivir en Gran Bretaña, en Europa, es cuando me di cuenta de que había algo problemático con la identidad de la diáspora judía, y particularmente con la identidad judía de izquierdas.

C.P.C. La cancelación de tu concierto por motivos “antisemitas” se produce al mismo tiempo que [Interrumpe].

G. A. – Por cierto, y esto es muy importante. ‘Haaretz’ escribió que fue por razones de antisemitismo, pero el ayuntamiento no dijo que fuera por esas razones. Es muy interesante, tienes que leer las declaraciones del ayuntamiento. Bueno, quizá es lo que ellos tenían en mente, no lo sé. Sin duda tuvieron miedo de hacer públicas unas declaraciones en ese sentido. Eso es cosa de ‘Haaretz’, esa es la distorsión judía de esta historia.

C.P.C. ¡Así que no podemos ni confiar en ‘Haaretz’!

G. A. – No, no. ‘Haaretz’ es una válvula de escape a la hasbara israelí, pero hay que leerlo con precaución. Hay algunos muy buenos periodistas que trabajan en ‘Haaretz’, la línea editorial es buena en parte, pero hay que tener cuidado.

C.P.C. Te decía que lo que sucedió contigo ha pasado a la vez que en Europa se está produciendo un debate sobre la libertad de expresión después de la masacre de París. ¿Queda espacio para el optimismo sobre nuestra propia libertad?

G. A. – Es una guerra. La libertad de expresión no es algo que puedas dar por sentado, es algo por lo que tienes que pelear. Yo soy un artista de jazz, para mí la libertad es una forma de vida. Eso es lo que hago para vivir. Experimento con la noción de libertad y eso significa también que tengo que afrontar las consecuencias, si las hay. Soy muy patriota, no soy un izquierdista cosmopolita, Gran Bretaña es mi casa. Soy patriota respecto a este lugar. Eso es algo importante para mí y es algo por lo que voy a pelear si se llega al punto en que no pueda decir lo que yo quiera. Vivo replanteándome mis posturas. Sin embargo, por el momento, todo lo que veo es que mucha gente está realmente preocupada con lo que pasó en Nottingham. La propia cancelación es bastante accidental y creo que tarde o temprano se disculparán.

C.P.C. Ahora estás de gira con The Orient House Ensemble, presentas el material de tu nuevo disco, “The whistle blowers”. ¿Son los chivatos (“whistle blowers”) la única esperanza que tenemos para conseguir verdadera información?

G. A. – Eso es lo que resulta bastante embarazoso, que en el mundo libre necesitemos tantos chivatos para saber lo que pasa de verdad. ¡¿Por qué necesitamos chivatos?! ¿Por qué no pueden la BBC, la CNN, o RT, darnos verdadera información? ¿Por qué la mantienen silenciada? Así que sí, es un homenaje a los chivatos, a la gente que busca la verdad. Pero cuando escuchas el disco entiendes que hay un significado más profundo. No sé si estás familiarizado con Moana Pozzi. Era una mujer italiana muy guapa y en un determinado momento quedó claro que había sido una estrella del porno, amante del Primer Ministro. Yo no la conocía, fue un amigo músico el que me enseñó una foto suya y me enamoré al instante. No podía creer lo hermosa que era esta mujer. Me entraron ganas de gritar y me di cuenta de que cuando era joven podíamos silbar a las mujeres para demostrarles nuestro aprecio. Nunca he sido muy bueno con ello [Gilad silba], pero en Gran Bretaña sólo se te permite silbar si eres un albañil. Lo que estoy haciendo en mis bolos, para cerrar el primer pase, es intentar reinstaurar el silbido. Tenemos una canción que se llama “The wihstle blower”, y lo que consigo es crear un silbido colectivo de hombres y mujeres, mostramos juntos nuestro lado libidinoso. Creo que la corrección política es excepcionalmente peligrosa. Es una tiranía de izquierdas sobre la que ya escribió Orwell, define a las políticas que no permiten hacer política de oposición. Es exactamente la definición de una dictadura, pero es de lejos mucho más peligroso que una dictadura, porque en el caso de la dictadura existe algo externo que limita tu libertad, ya se llame Stalin, Hitler, Franco, quien sea. Tony Blair. La corrección política es una auto-represión, ¡soy yo mismo! Y nos prestamos a pensar antes de hablar en vez de decir lo que pensamos. Y estoy cansado de eso, voy a dedicar los próximos años de mi vida a una implacable guerra contra toda las medidas para la corrección. Eso es lo que estoy haciendo.

C.P.C. ¿Es la música lo que te salva? ¿Es la forma de sobrevivir entre tanta mierda?

G. A. – Sin duda. Es algo que me sitúa en el lugar adecuado para comprender la verdad. ¿Y sabes qué? Cuando se trata de música no puedes mentir, o es hermoso o es aburrido. En cierto modo, todos los grandes artistas, pintores, músicos, artistas de jazz, bailarines, dramaturgos…, todos somos buscadores de la verdad. Esa es la razón por la que los artistas somos tan y tan peligrosos para la tiranía de lo correcto.

Fuente: El asombrario

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Una respuesta

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  1. Helena Rato said, on 10 febrero, 2015 at 8:14 pm

    O que me espanta na questão do antisemitismo é que os árabes são semitas e, no entanto, quando são insultados nunca se fala de antisemitismo.


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