Cultura Transversal

Una versión para Alexandrov

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 12 mayo, 2015

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – La nueva novela de Antonio Manzanera –La tercera versión (Umbriel)- echa mano, para tomar cuerpo, de los mimbres de la historia real de Vitaly Yurchenko, un alto oficial del KGB que en 1985 compareció en Moscú en una rueda de prensa tras –según su versión- haber logrado escapar de las garras de la CIA, que le habría secuestrado en Roma para tratar de arrancarle inconfesables secretos y presentarle como un desertor. Como da fe la prensa de entonces, en aquellos días, los de los últimos coletazos de la Guerra Fría, los golpes de efecto y puñaladas propagandísticas de esa laya al adversario constituían cosa frecuente. Sólo un año antes que el protagonista de esta novela, se había pasado a Occidente otro importante funcionario soviético, Oleg Bitov. Mientras Reagan y Gorby se estrechaban la mano en Ginebra, y Raisa Gorbacheva compraba diamantes con su tarjeta American Express en el Cartier de Londres, y Gromyko negaba con rudeza al Papa el permiso para visitar Lituania y Walesa convocaba y desconvocaba huelgas en Polonia, la guerra de espías entre Este y Oeste hacía correr ríos de tinta. La defección de Yurchenko siguió en apenas unos días a la de Hans Tiedge, importante cargo de la Inteligencia de Alemania Federal, que hizo el camino en sentido contrario pasándose a la Oriental y cuya peripecia cuenta en sus memorias Markus Wolf. Para entonces, el diplomático noruego Arne Treholt llevaba veinte años cumpliendo en su país condena por espiar para la URSS.

La particularidad de la peripecia de Yurchenko fue el carácter de –supuesto- falso desertor de su protagonista, pero la verdad es que los auténticos trasfondos de la operación nunca han aflorado. Su historia, conservada en las hemerotecas, ha servido de inspiración a Antonio Manzanera, que nos ha presentado en clave de novela su especulación literaria sobre qué podría haber realmente sucedido y el papel que podrían en verdad haber jugado en la operación los topos norteamericanos descubiertos gracias a las revelaciones del desertor de ida y vuelta (uno de los cuales, Edward Lee Howard, escapó a la escabechina al obtener asilo en Moscú).

La novela, que sigue a La suave superficie de la culata y El Informe Müller, presenta el aliciente añadido de contar entre sus protagonistas a otros personajes reales, como Aldrich Ames, superespía a quien su oficial de enlace del KGB regalaba novelas de Tom Clancy y que fue uno de los agentes más dañinos empleados por la URSS contra la Administración norteamericana, o como William Casey, director de la CIA en la época, o el Senador Kerry, que creo que es quien ahora oficia como embajador volante de Obama en Teherán. La intriga evoca también casos como el muy misterioso de Nikolai Shadrin, oficial de la Marina soviética que se unió al otro bando en 1959 y de quien no volvió a saberse.

Pero lo de Yurchenko coincidió, sobre todo, con una historia que siempre ha suscitado de modo especial mi curiosidad: la de la desaparición en España del científico Vladimir Alexandrov, quien, tras participar en Córdoba en un congreso de ciudades desnuclearizadas, fue llevado hasta la embajada rusa en Madrid, desde donde -parece ser que bastante piripi- los funcionarios de la misma le trasladaron hasta un hotel del Paseo de la Habana. A partir de ahí, se ignora dónde siguió tomando las copas, pues no se le ha vuelto a ver el pelo (o, al menos, la prensa de aquí –y diría que también la del resto del mundo- ha guardado silencio al respecto durante estos treinta años). Hubieron de transcurrir nueve meses antes de que los rusos hablaran públicamente de su abducción, con un comunicado en el que la Academia de Ciencias de la URSS denunció la complicidad de las autoridades españolas en su evaporación de la faz de la Tierra, y antes de que su mujer declarara que, según una médium a cuyos poderes había recurrido, Alexandrov -autor de la Teoría del Invierno Nuclear- habría sido secuestrado por la CIA. Asumiendo que la URSS dejó de pagarle las copas desde –como mínimo- 1989, la cuenta de gastos de viaje de Alexandrov, incluso de ser contabilizada en rublos, debe alcanzar ya una cifra astronómica.

Es un episodio oscuro, un Triángulo de las Bermudas del espionaje que bien podría tratar de resolver Antonio Manzanera, en su próxima trama, con el ingenio para urdir ficciones de que hace gala en esta. Además, Yurchenko, en su rueda de prensa, mencionó de modo expreso a Alexandrov, quien, a su entender, habría sido raptado en circunstancias similares a las suyas.

Que Alexandrov era un espía, parece cantado. De quién, no está tan claro. Pero, ¿quién sabe? A lo mejor, todavía podemos encontrarle. ¡No todos los afterhours de la Guerra Fría pueden haber cerrado! Seguro que alguno sigue abierto.

Foto: José Luis Chaín
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