Cultura Transversal

El carisma y el donaire

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín by paginatransversal on 15 mayo, 2015

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – San Isidro arrancó en Las Ventas con la oreja del toro de los hermanos Lozano para Juan del Álamo y, en lo que al flamenco se refiere, a dos pasos de la Plaza de Santa Ana y con el cante más que celebradísimo –en dos noches consecutivas- de Aurora Vargas y Pansequito. La afición volvió a concentrarse, apretada y febril, en la Sala García Lorca de Casa Patas para no enterarse de oídas de lo acaecido en ambas veladas. Había vuelto ya a Barcelona El Pampero, pero resultaba evidente que no iba a perdérselas y regresó a toda prisa. Allí estaba, pues, encorbatado y solemne junto a Cancanilla de Málaga (triunfador unas noches atrás), Guadiana (que lo será en breve), Ramón El Portugués, Juan Castellón, Diego Gallardo, Honorio Fernández, Chiki Porrina, Toni Maya y muchos otros semblantes cimeros de la jet flamenca… Y bueno, cosas que suceden en los debuts. En los prolegómenos de la primera de las galas, como cuando en Las Ventas hay que activar la cosa del drenaje porque el ruedo está encharcado, para los medios que se fue escalera de tijera en mano el dueño de la sala, Martín Guerrero.

¿Qué pasaba? Pues que a uno de los focos se le había caído el filtro. Ya encaramado a los peldaños Martín, los congregados asistimos con atención a su maniobra de corrección en las alturas, premiada con una fuerte ovación que le obligó a desmonterarse y que agradecía ese ambiente de familiaridad y de vuelo de Aeroflot que, en unos segundos, había logrado crear. ¡El duende también trina en lo alto de una escalera!

Y por fin, flanqueada por la guitarra de Diego Amaya, tomó asiento en la anea Aurora Vargas, en quien todos seguimos apreciando un talento innato para el cante festero, pero que hace mucho que ha cuajado en una cantaora sólida y muy templada por Levante, siguiriyas y soleá. Como la rosa ha de tener espinas, Aurora buscó siempre la dolencia en sus gustosos matices por aires de Alcalá y tangos trianeros, para luego abrir los pétalos en la bulería, en la que intercaló su contundente y rabioso baile. Aunque ceñida por un refulgente vestido fuxia, el suyo fue un danzar esmeraldino, un dechado de donaire enjoyado por brillos oceánicos en las vueltas y remates y que, como las buenas estocadas, redondeó un cantado triunfo que fue, ante todo, el del arte en su estado natural.

Unas copas, ocho horas de sueño y una corrida de toros después, ahora con Miguel Salado a cargo de la sonanta y con Chícharo de Jerez y Rafael Junquera de nuevo como palmeros de postín, comparece sobre el mismo escenario Pansequito, con su alba cabellera de león sabio a lo Domingo Ortega y embutido en terno gris plomo y azabache, resuelto a citar de lejos a sus seis toros y a no dejar sin embarcar una sola embestida de encelada bravura que quieran brindarle. Desde el preludio en que alzó el vuelo por alegrías hasta el fandango caracolero dedicado a Ramón El Portugués, toda su actuación transcurrió empapada por el agua bendita de la inspiración. Grande fue la importancia de cuanto allí hizo. Los olés, sí, saludaron prácticamente cada jalón del recital, y cantó por soleá con fibra y gusto, abordando morenísimos giros y rematando -como siempre- donde nadie lo espera, pero su gran toro de la noche fue la siguiriya.

Al término de la tanda, en la que en un afortunado golpe de imaginación transmutó un cuplé en cante fragüero, la gente aplaudía en pie, en incontenible gesto que repitió tras los aromas por él esparcidos en la lidia por bulerías y fandangos. Creo que muy contadas veces se escucha cantar por siguiriyas con la autenticidad, el corazón y el sabor con que lo bordó Pansequito, quien además quiso y supo investir de brío contemporáneo lo ancestral, y no albergo ninguna duda de que su magna obra por ese palo va a quedar como referencia e imborrable recuerdo para cuantos pudimos escucharla. ¿El secreto? Sencillamente, como comentó después Ramón El Portugués, otro felino del cante, la verdad es la verdad y, ante manifestaciones artísticas de tamaña índole, al público le asiste un olfato que… En fin, que al público no se le engaña. Añadiríamos nosotros que el carisma es el carisma y quien lo tiene… lo tiene.

Su despliegue por siguiriyas fue, en fin, para poner a cavilar a cuatro quintas partes del escalafón. Pansequito volverá a Madrid el 21, comentó, para -junto a Curro Romero- ver entendérselas con la de Cuvillo a Diego Urdiales. Esperamos que, a no mucho tardar, retorne también para ilustrarnos y templarnos el alma con el quejido de sus metales. Y, si de nuevo es en tándem con su amada Aurora Vargas, mejor que mejor.

Foto: José Luis Chaín

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