Cultura Transversal

Caballos alados

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música, Teatro y Artes Escénicas by paginatransversal on 29 mayo, 2015

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – En la casticísima Cava Baja, en la cueva consagrada en La Taranta a la memoria de Luis Pastor, recibe a mediodía del domingo Puente Jerez a los amigos para agasajarnos con manzanilla y tomate aliñado mientras nos muestra su obra más reciente. Ahí nos esperan su broncíneo homenaje a la épica y trágica portagayola de David Mora, y ahí está el torero, y también, con una hombrera de traje de luces por cola y dos taleguillas toreras por alas, su caballo volador. Bajo la mirada de la actriz Elvira Heras, comenta Patricia Borda –aficionada de postín- que hay más de prodigioso que de virtuoso en el modo en que Puente labra en bronce cada hilo y golpe del vestido de torear. No le falta razón. El domingo próximo, a la misma hora y en la misma gruta, habrá nueva exposición, a la que se incorporarán sus criaturas inspiradas en Juan Belmonte, Rafael El Gallo y otros grandes de la lidia.

Dos días después, como a lomos del alado caballo, llegamos al antepatio del Museo de Cera para encontrarnos con que reina allí un ambiente raramente afghano que sólo se difumina cuando Gonzalo Presa y Aurora Mateache -director y presidenta de la venerable institución- nos aclaran que la señora con burkha negro en pie sobre la platea no es la mujer del Mullah Omar, sino la estatua en cera de Morante de la Puebla, que va a ser descubierta dentro de unos minutos por Álvarez del Manzano. Buen jamón y mucha gente conocida por allí: Mari Ángeles Sanz, Álvaro Luis, nuevamente Patricia Borda, Manolo Corona, María Rosa, Salvador Sánchez-Marruedo… Arriba puntual el torero –que mata al día siguiente la de Alcurrucén con El Juli y Castella- y los fotógrafos se hinchan a capturar instantáneas. Gran detalle: como está claro que su estatua no ha sido vestida por un mozo de espadas competente, el matador se agacha para, ni corto ni perezoso, subirle un poco el borde de la calzona. Acto seguido, procede a despojarla del corbatín negro –mismo color del fajín- para cambiárselo por otro rojo. ¡Esto ya es otra cosa!

De ahí nos vamos todos a la paredaña Plaza de Colón, donde en una pequeña carpa está representándose De Morante al Cielo, obra dirigida al público infantil cuyo autor es nada menos que Luis Francisco Esplá y que protagonizan su hija Lucía y Rosana Blanco. ¡Hay que remontarse a la Edad de Oro, a Sánchez Mejías y Cuco, para encontrar toreros dramaturgos! Pero se trata de un rebrote natural. Porque, ¿qué quieren que les diga? Es de Nadal o Ronaldo de quien uno no tiene noticias de que escriban teatro. ¡Para que haya aún por ahí quien perore que el toreo no es un arte!

Volviendo al bronce… Mucho de orfebre ponía también Paco de Lucía al clima y horneado de sus falsetas, fraguadas con las tenazas del cante de Camarón para, después y en discos históricos –Siroco, Sólo quiero caminar…- alzar el vuelo solas, como ese potro de rabia y miel de Puente Jerez. La velada en memoria suya celebrada en el Nuevo Apolo presentaba, más allá de la invitación a disfrutar del arte bien conocido de reputados músicos, varios alicientes. Uno de ellos era calibrar las posibilidades que asisten a la iniciativa privada –en este caso, una productora nueva e independiente como Flamenco Life– de hacerse un hueco en el mundo del espectáculo hondo, rompiendo los monopolios pesebristas dominantes hoy. En ese sentido, el balance de resultados se antoja más que halagüeño, pues no sólo se consigue llevar a abigarrado gentío hasta las butacas del teatro, sino que a su entrada saluda uno a aficionados venidos ex profeso desde Sevilla, Vitoria, Oviedo, Pamplona… ¡No es mal indicio!

Y bueno, si la dramaturgia de la obra de la mañana ha incumbido a Esplá, la de la obra de la noche corre en buena medida a cargo de Curro Sánchez Varela, pues son pasajes –algunos, inéditos- de su premiado documental La búsqueda los que marcan el ritmo escénico de la primera parte de esta gala en recuerdo de su padre. Después, llegado el momento de comparecer sobre el escenario la formación al completo, esa presencia se desvanece y, la verdad, yo la eché de menos, porque -¿qué quieren que les diga?- me alegró mucho volver a ver y a escuchar a Paco, con su sempiterna barba de tres días y su voz grave y siempre cálida, aunque fuera en película.

Eso sí: quedó ahí, en calidad de absoluta protagonista, su música, y en ese sentido El último sexteto del maestro no ha defraudado las expectativas levantadas. Antonio Sánchez y José María Bandera son dos pedazos de guitarristas que llevan el toque de Paco adosado a los tuétanos tanto por entronque familiar como por trayectoria. Si a ellos se suman Josemi Carmona y Paquete, pertenecientes a la primera generación de tocaores directamente criada a los pechos de Paco, el resultado no puede ser más que feliz. Ambos se distinguen por una melosa elegancia en el trance de acariciar las cuerdas y se encuentran, como compositores, en un momento dulce que los públicos, raudos, enseguida captan y jalean con justeza. Ahí quedan asimismo, en calidad de instantes memorables de la noche, esas punzadas del bajo de Alain Pérez, magnífico en su diálogo con Josemi, y las personales cadencias logradas con la armónica por Antonio Serrano. Y claro, volvió a aparecer el potro de Puente Jerez encarnado en los hermanos Porrina, ese Ramón, ese Piraña y ese Sabú, artistas singulares que, encaramados sobre los cajones marca de la casa, parecen a veces corceles briosos tomando impulso para ascender con inusitados bríos hacia el cielo para, apenas unos segundos después, dejarse caer en los remates con una insólita delicadeza que no puede sino arrancar los olés.

En esta función eminentemente instrumental, al cante sabroso y siempre entonado de Montse Cortés, David de Jacoba y Potito, que tampoco se quedaron atrás en cosecha de olés, le incumbió más una función de apoyo que protagonista. Con el tercero tenemos una cita ineludible a primeros de mes en Casa Patas, donde está anunciado en solitario y es de suponer que desplegará con largueza las sedas cantaores que le distinguen. Apuesto a que va a ser una noche para disfrutar.

Entre todos, en fin, consiguieron revivir en alta grado el clima de aquellos conciertos de los días en que salieron al mercado Live in America o Zyriab, alcanzándose el clímax con la intervención de Farru, cuyo baile, indómito y arrojado desde el primer repique hasta el último plante, puso aquello a hervir con ese danzar suyo tan viril y tan de dinastía, como a buen seguro volverá a ponerlo en Palma de Mallorca, que, si no erramos, es la próxima ciudad a ser visitada por este vibrante montaje, a propósito del cual no cabe sino dar la enhorabuena a Flamenco Life.

Y, ¡ah! Que no se nos pase. Como no podía ser de otro modo, arte y sentido hubo también en las palabras de presentación de Ramón El Portugués, evocadoras de las noches de copas con Paco en el Siddharta de Serrano. Fue un brindis de un amigo con otro, cada uno ya a un lado del telón de la vida.

Y bueno. Que se pasen ustedes el domingo por lo de Puente Jerez y tomamos un aperitivo. No estará Paco, pero seguro que sonará su música.

Foto: José Luis Chaín

 

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