Cultura Transversal

El sexto hombre

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 11 julio, 2015

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – En todas las novelas policíacas por mí leídas en los últimos años, tanto en las de crímenes como en las de espías, juega un papel clave –argumental y ambiental- un asilo. No creo que sea síntoma de la senectud o la rodada hacia la curva otoñal del género negro, sino, más bien, del crecimiento de la población senil en las sociedades occidentales. Si a esto se suma el proceso de liquidación y subasta en que desde hace años vive sumida la institución familiar, la conclusión lógica es que cada vez hay más gente –y, por tanto, más personajes- recluida en geriátricos.

En uno de ellos pernoctarían hoy Kim Philby, Guy Burgess, Anthony Blunt y el resto de la célula de espías reclutada en los años 30, en Cambridge, por los soviéticos… suponiendo que algunos de ellos aún viviera. Pero bueno, la verdad es que, al menos en los predios de la ficción, aún queda uno, un sexto peón, un topo del que nada sabíamos, y está ahí, en una residencia de ancianos de las afueras de Londres donde le ha alojado el servicio secreto británico no por razones humanitarias, sino para asegurarse de que no se va de la lengua con la gente inapropiada.

¿Hubo –o pudo haber- un sexto espía de Cambridge? Tal es el intríngulis en que, en El sexto hombre (RBA), nos sumerge Charles Cumming, un exitoso novelista escocés que, de creer su biografía de solapa, ha sabido sacar partido a los contactos por él mantenido con el mundo del espionaje durante el tiempo en que, aunque no llegara a terminar su instrucción, fue reclutado por el MI6.

Esta, protagonizada por Sam Gaddis, un profesor universitario especializado en historia de Rusia y obsesionado con Putin –que aquí, como Anya Politkovskaya, aparece con otro nombre- es la primera traducida al español de sus varias obras en torno al mundo secreto, y su lectura, tal vez por el tono de su recreación de dicho universo -realista, pero amable e irónica y encabalgada sobre el don de entretener- nos ha hecho evocar películas de los 60 como Funeral en Berlín, de Guy Hamilton, en la que Michael Caine da vida a Harry Palmer, el agente creado por Len Deighton… Que, por cierto, no estaría nada mal que RBA/Serie Negra recuperara para el público lector las tres trilogías por éste dedicadas al agente Bernard Samson, novelas que integran una verdadera summa y, tras vender porrones de ejemplares, se mantuvieron durante años como estrellas de las ferias de libros de segunda mano, pero se han vuelto ya inencontrables.

En un tiempo en el que la prensa pretende contentar a los espiólogos con notas eufemísticas disimuladoras de que tanto lo de Assange como lo de Snowden han sido poco menos que montajitos sin consecuencias, o anunciándonos por enésima vez el “lanzamiento” de las mil veces lanzadas “memorias” de Marita Lorenz, la operativa de la CIA que fuera amante de Fidel, Cumming viene a alegrarnos la vida con las rojas salpicaduras del rastro de sangre que a su paso va dejando el docente, conturbado por el óbito de una de sus mejores amigas justo cuando andaba embebida en una investigación para averiguar si de jovencito, cuando trabajaba para el KGB en Berlín, “Putin” trató de desertar a Occidente.

El planteamiento tiene gancho, y creo que, para haber encarnado en una eventual adaptación de la novela al cine al viejo topo confinado en el asilo, el actor ideal habría sido Christopher Lee, quien parece ser que, durante la II Guerra Mundial, participó como agente en misiones de espionaje cuyos pormenores siguen protegidos en los archivos por la etiqueta de información clasificada. Sería una gran novela, la de esas ignotas aventuras suyas. Yo mismo la escribiría, de no andar tan liado, y bien podría hacerlo Cumming, que a lo mejor anda ahora dando vueltas a su próxima trama. Y lo de Christopher, no lo descartemos. Recuérdese aquel famoso título, retornado a los expositores de las secciones de películas apenas exhaló el elegante actor su postrer aliento: Drácula vuelve de la tumba.

Sí. ¿Quién dice que todavía no pueda ser Christopher el sexto hombre?

Foto: José Luis Chaín

 

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