Cultura Transversal

Esoterismo cristiano

Posted in Autores, Esaúl R. Álvarez, Sabiduría Universal by paginatransversal on 2 agosto, 2015

por Esaúl R. Álvarez – El Nombre de Jesús ha sido representado tradicionalmente mediante el monograma IHS, figura que, pese al olvido generalizado del simbolismo cristiano, aún es frecuente encontrar en las iglesias, sobre todo en los altares y en los retablos. Quizá su representación más conocida sea formando parte, junto con la Santa Cruz y los tres clavos, del conocido escudo de la Orden de la Compañía de Jesús.

ESAUL ALVAREZ ESOTERISMO CRISTIANO 1 IHSEl monograma IHS en el escudo de la Compañía de Jesús.

Aparte de su significado más evidente como las tres primeras letras que forman el Santo Nombre en lengua griega, se ha dado a este monograma otras interpretaciones, de las que quizá la más interesante sea la que interpreta las tres letras como las primeras, respectivamente, de las palabras:

Iesus Hominum Salvator

Si bien estas lecturas no responden directamente al origen del símbolo, tampoco son descartables, pues todo símbolo verdadero admite varias lecturas, las cuales además en este caso resultan ser complementarias, perfeccionando el significado original.

En este sentido es especialmente significativo que durante los muchos siglos en que el monograma crístico ha sido empleado por parte de la iglesia latina se haya latinizado la letra sigma, pasando de Σ a S, y no se haya latinizado sin embargo la letra eta, pasando de H a E. Esto responde a razones simbólicas muy profundas como a continuación veremos, razones que pueden funcionar de manera inconsciente en la cultura popular -en el ‘inconsciente colectivo’ diría Jung- preservando un significado simbólico aún cuando este pase por completo desapercibido para la mayoría.

Para mostrar la variedad y profundidad de los diferentes niveles interpretativos que aglutina el símbolo -que como hemos dicho no se contradicen sino que se complementan- podemos desarrollar una nueva lectura del monograma si representamos dichas letras en sentido vertical en lugar de horizontal:

I

H

S

Como veremos esta representación no es tan forzada como puede parecer en un primer momento y posee precedentes en el arte occidental, en especial en el arte funerario de los primeros siglos cristianos. Bajo esta nueva ordenación las tres letras descubren un nuevo significado, el del conocido simbolismo tradicional de los tres mundos:

  • I – mundo superior, los cielos
  • H – mundo intermedio
  • S – mundo inferior

El significado de la I proviene del valor numérico que posee en la numeración romana, el uno. Aquí no se refiere tanto al uno como valor ordinal (nuestro número 1) sino al uno metafísico en tanto principio y origen de todo. El Uno es el Ser, y a través de este significado remite al mundo superior, el mundo de la Unidad, donde todo retorna a la unidad del origen de donde toda manifestación partió. Todo ello nos remite de forma evidente a la idea de eje, el ‘Axis Mundi‘, y con ello asimismo al simbolismo del Árbol del Mundo y del Polo de la manifestación.

Dicho esto es fácil deducir el significado simbólico de la letra H, en el monograma esta letra se refiere al mundo intermedio, el nivel propio de la manifestación, signado ante todo por la dualidad -el bien y el mal, la luz y la oscuridad, etc…- y el carácter inestable que ella implica, el cambio constante de todo lo manifestado. La H simboliza entonces la oposición básica a que puede reducirse la realidad manifestada, lo que en la tradición extremo-oriental se representa mediante el conocido símbolo del Taijitu, o Yin-Yang.

Si por su forma la letra I parece sugerir la estabilidad y fortaleza de la columna o la torre, la H sugiere una escalera, la escalera de los sabios o ‘Scala Paradisi‘ por la que ha de ascender el iniciado para alcanzar los estados y mundos superiores. Además la figura de la letra H, con los dos pilares unidos por la linea central contiene en sí la idea de lucha y conflicto, de oposición y separación, y su forma nos recuerda al símbolo astrológico de Géminis, los dióscuros, los dos hermanos gemelos hijos de Zeus de la mitología griega -Cástor y Pólux- separados por el destino en su diferente condición de mortal e inmortal -una vez más conteniendo la oposición yin-yang-.

Por último la letra S, símbolo de la serpiente, remite a los mundos o planos inferiores -infernales- de la manifestación, aquellos que deben ser purificados y redimidos. Y recordemos que tanto la palabra serpiente como el nombre del ‘enemigo’ -Satanás- comienzan por esta letra, la letra Shin, penúltima del alfabeto hebreo y que simboliza el elemento Fuego.

Esto nos recuerda que para los cristianismos gnósticos de los primeros siglos la serpiente poseía un doble significado, el conocido significado negativo pero también un significado positivo que se refería al ‘sendero de la sabiduría’ -o sendero de retorno al origen- y que permaneció, al menos de modo latente, en las tradiciones hermética y alquímica occidentales y que recuerda poderosamente al simbolismo del Kundalini en la tradición oriental hindú.

El simbolismo resultará mucho más claro si ponemos en relación lo que llevamos dicho con el diagrama cabalístico del Árbol sefirótico, como ya hemos hecho en otras ocasiones.

ESAUL ALVAREZ ESOTERISMO CRISTIANO 2 ARBOL SEFIROTICO

Como se aprecia en el diagrama, la letra I -principalmente por su valor 1 como ya indicamos- es una referencia a la primera séfira –Kether– que representa el Uno y el Ser del que surge la manifestación, y por extensión se refiere a todo el pilar central o ‘pilar del equilibrio’, uno de cuyos sentidos más obvios es reflejar la unidad que subyace a toda la manifestación.

La letra H se refiere en primer lugar a las séfiras segunda y tercera –Hokhmah y Binah– que representan la dualidad irreductible originada en las primeras fases de la manifestación, normalmente expresadas mediante el par masculino-femenino. Por extensión de este significado la H se refiere también a las dos columnas laterales del Árbol sefirótico, esto es los pilares del Rigor (polo masculino) y la Misericordia (polo femenino). El eje transversal de la H coincide con la sexta séfira –Tiferet-, séfira que representa el Amor, la fuerza que mantiene unido el universo -el cosmos– según la doctrina platónica.

Por último la letra S remite al plano material e inferior, la décima séfira –Malkhut, el ‘Reino’-, el mundo de los cuatro elementos.

Ahora bien, en algunas tradiciones cabalísticas y herméticas, al sendero de retorno a través del Árbol sefirótico hacia la Unidad primordial -que figuraría la séfira Kether– se le denomina precisamente ‘sendero de la serpiente’, lo que es una referencia bastante explícita a la representación de la serpiente Kundalini en el Tantrismo y el Kundalini-Yoga. Tal sendero de la serpiente se representa en ocasiones en el Árbol sefirótico de la siguiente forma.

Dos representaciones del Árbol sefirótico con la serpiente enroscada.

Es fácil ver el paralelismo de estos árboles con nuestro diagrama que representa la superposición del monograma de Cristo –IHS– sobre el mismo Árbol sefirótico:

ESAUL ALVAREZ ESOTERISMO CRISTIANO 5 IHS ARBOL

Si bien es difícil interpretar de manera unívoca el valor que posee la ‘serpiente enroscada’ en este simbolismo, lo cierto es que esta imagen no es para nada inusual en la tradición iconográfica del monograma IHS donde la letra S parece enroscarse o enlazarse a veces con las otras letras [1].

ESAUL ALVAREZ ESOTERISMO CRISTIANO 6 IHS ENTRELAZADO

El monograma IHS entrelazado. En esta representación se aprecia el valor de la I como ‘pilar central’ o Axis Mundi así como la H pasa a simbolizar de forma inequívoca los pilares laterales -Rigor y Misericordia- del Árbol sefirótico. La S se enrosca entre ellos proporcionando un fuerte dinamismo a la composición. El valor de todo ello como símbolo esotérico resulta evidente.

Recordemos además que en alquimia se sostiene que la Sabiduría –Sophia– contiene en su interior una ‘serpiente’ -¿o quizá sean dos?-:

Sophia = S + Ophis

Para Campbell [2] el origen de este símbolo de la ‘serpiente enroscada’ alrededor del Axis Mundi, [3] muy usado por el gnosticismo cristiano y recuperado por la tradición alquímica en el renacimiento, es el pasaje del Antiguo Testamento en que Moisés expone una serpiente de bronce a la vista del pueblo de Israel, que se encontraba acosado en aquel momento por una plaga de serpientes durante su larga travesía por el desierto. Este pasaje ha sido tradicionalmente interpretado como una prefiguración de la crucifixión de Cristo, en particular por la cita evangélica:

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. (Jn. 3-14,15)

ESAUL ALVAREZ ESOTERISMO CRISTIANO 7 MOISES

Moisés levanta la serpiente de bronce en un grabado de Gustav Doré.

Por otra parte esta serpiente enroscada al Árbol de la Vida o al Axis Mundi es un reflejo de aquella que, enroscada al Árbol del Bien y del Mal, sedujo a Adán y Eva propiciando su expulsión del Paraíso. Es esta relación especular entre ambos pasajes y sus respectivas serpientes el que permitía la interpretación de las sectas gnósticas de los primeros siglos del cristianismo, pues del mismo modo que por una mujer vino la caída y por otra debía venir la salvación (LG 56; cf. 61), por una serpiente entró la muerte al mundo y por otra debía ser vencida la muerte para dar paso a la vida eterna.

Notas:

[1] Tampoco es infrecuente encontrar dicha letra S en el Crismón enroscada precisamente en el pie de la letra Ρ, es decir en el eje polar del mismo Crismón, que posee un significado axial y polar equivalente al que aquí cumple la I. Sobre el simbolismo del Crismón ver aquí.

[2] Campbell, J. ‘Las máscaras de dios’. Vol. 3 ‘Mitología occidental’.

[3] Esta serpiente enroscada alrededor del Axis Mundi es el dragón que, en otras mitologías, vigila y defiende un tesoro asociado generalmente a un árbol sagrado, por ejemplo en los ejemplos míticos del Jardín de las Hespérides o del Vellocino de Oro. Un nuevo ejemplo de la ambivalencia del simbolismo del reptil, donde su carácter amenazante -digamos su cara exterior- esconde un valioso tesoro -aspecto interior-.

Fuente: Agnosis

 

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