Cultura Transversal

París, Farruquito, Pamplona…

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 4 septiembre, 2015

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – En esta ocasión, el Alvia que nos lleva a Flamenco On Fire no hace alto en Tudela, que es la parada para fumar el pitillo. Menos mal que coincido en la cafetería con Josemi Carmona, Bandolero, Manuel Fernández –manager de Tomatito y Estrella Morente- y José Manuel Gómez, de El Mundo, que con su charla me distraen de mis humeantes nostalgias tabaquiles.

Y bueno, en un pisplás como aquel que dice y… ya estamos en el lío. El espectáculo de Farruquito es una de las propuestas que mayor expectación han levantado en esta segunda edición del festival, por la que ya han pasado y cosechado loores Remedios Amaya, Pepe Habichuela y Manuela Carrasco, entre otros. Unas horas antes de su inicio, en mi charla en el Baluarte, evoco aquellos espectáculos flamencos puestos en pie por mi tía en París en 1921 y 1926, y también Gitanerías, el primer Amor Brujo, que a esas mismas horas está Ginesa Ortega cantando en Santiago de Chile. Es un honor volver a ser presentado por Ricardo Hernández y un placer que acudan a escucharme amigos como Mercedes Corretge, Jesús Basurte, Loretxo Iñarrea, Cristina Álvarez -de la Escuela de Danza de Navarra-, Luis Jiménez, Antonio Parra -autor de uno de los libros sobre Rafael de Paula que más me gustan- y Paco Suárez, que acaba de triunfar por todo lo alto con su misa flamenca en la Catedral.

La verdad es que resulta un ejercicio fascinante jugar a dilucidar en qué consistían desde el punto de vista escénico aquellos primeros montajes flamencos del tiempo de las vanguardias, así como preguntarnos en qué se distinguirían de los del presente. También lo es, además de una suerte y un privilegio, poder ver crecer en estatura y sabiduría a un artista, como he visto yo a Farruquito desde aquella noche ya lejana en que, levantando apenas cuatro palmos del suelo, fue presentado en Zambra por Cristóbal Reyes y Manuel Herrero.

Tras la que ha liado en el Hotel Tres Reyes en su mano a mano con Juan Ramírez, Farruquito vuelve a poner Pamplona boca abajo con su Improvisado, que cuelga el no hay billetes en la taquilla del Baluarte. Y, tras hora y media de éxtasis bailaor, es despedido por un público que, en pie, se rompe las manos a aplaudir en ovación cerrada, gozosamente herido por la indeleble impresión de haber sido testigo de una forma de danzar para cuya evocación todos los recursos lingüísticos se quedan cortos.

Especialmente por siguiriyas y soleá, Farruquito impartió una soberana lección de qué es escuchar y bailar el cante, de modo que este se convierta en hirviente savia corriendo por las venas del bailaor. Cuanto hizo destiló sabor a portento y enjundia de estrella y, por mi parte, todo lo que no sea expresar la convicción de que perderse a Farruquito es una de las cosas más graves que pueden suceder a un ser humano del presente sería enredarles a ustedes en florituras literarias, necesariamente de insuficiente calado.

Así que aquí lo dejamos y, todavía impactados por el calado artístico de la velada, nos vamos a tomar una copa al Tres Reyes, donde Miguel Morán ha montado un tablao con atmósfera de cabaret parisino de entreguerras y actúan hoy Josemi, Bandolero y Javier Colina.

Les seguiremos contando, Dios mediante.

Foto: Jose Luis Chaín

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