Cultura Transversal

El “Indio” Fernández

Posted in Autores, Cine, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 10 septiembre, 2015

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – Emilio Indio Fernández fue uno de los más geniales directores que ha dado la historia del cine, y me sonrió la suerte no sólo de conocerle, sino de que fuese él quien primero, en toda mi vida, contratara mis servicios como escritor. Ello sucedió al término de una cena en Madrid, en el José Luis de Alberto Alcocer, cuando indicó a su secretario que, al día siguiente, llevase a mi casa el precontrato y volviera con mi firma estampada sobre él. El documento constituye una pincelada de lo más ilustrativa sobre la personalidad del Indio, a caballo siempre entre lo patético y lo visionario, pues el equipo de guionistas -un terceto- lo componíamos un octogenario llamado Rafael Alberti, que era una celebridad mundial, otro caballero de la misma edad -el Marqués de Santo Floro, de cuyas pericias literarias no dudaba, pero tampoco tenía noticia, pues sólo sabía que era padre de Natalia Figueroa y suegro de Raphael-… y, finalmente, yo, que llevaba sólo unos quince años en este mundo y era un perfecto desconocido en casi todo. Un planteamiento muy peculiar de cara a convencer a los productores, ¿verdad?

Ni el guión llegó a escribirse ni la película a rodarse, aparte de por no tener ya el Indio el tirón de antaño en la industria cinematográfica, por la razón de que, al cabo de unos meses, fue y se murió. Pero se comprenderá que guarde aquel papel, sobre el que mi nombre y firma figuran junto a los de un buen puñado de artistazos de la época, como oro en paño. Y también que me haya agradado pero que mucho dar con una novela que cuenta como uno de sus principales personajes con él: con Emilio Fernández.

La novela es La balada de Sam (Alrevés) y su narrador Javier Márquez Sánchez, sevillano del 78, si bien -por los contornos de su prosa- diríase que criado en Sonora o por ahí. La historia transcurre en un pueblecito mexicano llamado Triunfo, por cuyas calles circulan ancianas que se quedan embarazadas o avisan al viandante de cuántas almas en pena lleva, a espera de que las redima, agarradas a la chepa… Si su lectura se visualiza, se obtendrá una gustosa mezcla de los tonos yema tostada de Gringo viejo con el blanco y negro de Vidas rebeldes. En cuanto al protagonista, atiende por Sam Lonergan y es un director de westerns, prototipo del genio drogota y alcoholizado, amigo de hacer justicia sobre los matones con métodos de matón, más o menos a lo Tío La Vara del Salvaje Oeste, y a quien se prepara un homenaje póstumo en la localidad donde rodó algunas películas. Yo diría que Márquez Sánchez tal vez se haya inspirado para perfilar el personaje en la figura de Sam Peckinpah, pero como -la verdad- no tengo ni idea de cómo era ni de qué divertía a Peckinpah, pues no voy a pronunciarme.

El Indio Fernández -a quien la leyenda emplaza a sus diez años de edad cabalgando junto a guerrilleros como Felipe Ángeles y Francisco Villa- era muy dado a esos castigos ejemplares tan del gusto de Lonergan. La última vez que le vi fue con motivo de una proyección de su Flor silvestre en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, hace ya de aquello muchos años, y, si soy sincero, su asomar la cabeza por entre las páginas de La balada de Sam me ha emocionado, así como reafirmado en esa convicción tan mexicana y tan bien expresada en esta novela de que la muerte no consiste en mucho más que una venganza -digámoslo así- contra la vida y, por tanto, nadie desaparece ni se va del todo. A lo mejor se queda pegado a tu cogote o, a lo mejor, con una livianísima y protectora mano apoyada sobre tu hombro… ¡Dependerá de los casos! Pero ahí, quieras o no, sigue todo el mundo que ha pasado por tu vida.

Es decir, que ni ellos se van ni tú te quedas de rositas. Conviene, entre caballito y caballito de tequila, tomar buena nota de ello.

Una novela, ya se supondrá, no apta para lectores a quienes cueste sobrellevar las resacas. Una novela para tíos bragados. O, a falta de ellos, también para periodistas de investigación. Pero o unos, u otros. Los demás, no digan que no les avisé.

Foto: José Luis Chaín

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2 comentarios

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  1. javiermarquezsanchez said, on 15 septiembre, 2015 at 10:25 am

    Me alegro de le haya gustado la novela, y le agradezco mucho esta entrada que le ha dedicado. Efectivamente, Lonergan es un trasunto de Sam Peckinpah, que fue buen amigo del Indio, a quien dirigió en varias películas. Un saludo.

    • Joaquín Albaicín said, on 15 septiembre, 2015 at 6:33 pm

      Nada que agradecer, Javier. Me alegro de haber medio acertado con Peckinpah y enhorabuena por la novela.


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