Cultura Transversal

¡Juro que ha muerto virgen!

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones, Teatro y Artes Escénicas by paginatransversal on 26 septiembre, 2015

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – Hará cosa de cuatro o cinco años, adquirí en edición de bolsillo Comedia con fantasmas, de Marcos Ordóñez. No la leí entonces, pues la compré con el propósito de regalársela a un amigo actor, José Maya, pues de un teatrero trataba la novela. Y, ahora que la ha recuperado Libros del Asteroide, pues he aprovechado para leerla yo. Y he hecho muy bien, pues acababa de salir trasquilado del intento de lectura de una de esas novelas que cuentan historias corrientes sobre gente corriente. Y, si la gente corriente -en el sentido más banal de la palabra- ya es aburrida en la vida real, pueden figurarse lo plomo que resulta en la ficción. Menos mal que lo dejé a la octava o novena página. Tiene razón, cuando habla del teatro, uno de los personajes de Comedia con fantasmas:

-Que no, que no. No estamos aquí para retratar lo que pasa en la calle. Ni para contar las vidas de la gente. La gente no va al teatro para que les cuenten sus vidas … Va al teatro para soñar, para ver magia, espectáculo… algo más grande que sus propias vidas.

El protagonista de la novela, Ernesto Pombal, un visionario de la farándula, acaba ya en la edad madura cambiando el talento por la brillantina, pero el ideal con que irrumpe en el mundo mesmérico del teatro es el de ofrecer al público eso: grandeza, fantasía. No es de extrañar el tremendo éxito que alcanza llevando a escena, en el Metropol de Cuatro Caminos, nada menos que Las aventuras del barón de Munchaüssen, con esa gigantesca luna fabricada con granitos de arroz pacientemente pintados de azul o ese globo aerostático hecho de lencería femenina. ¿Qué decir de su triunfal osadía de representar Veinte mil leguas de viaje submarino en la piscina del Olympia de Barcelona? Durante los ensayos y a fuerza de pasar tanto tiempo en el agua, la compañía prácticamente perdió las huellas dactilares. ¡Eso es amor y devoción a Thalía! Comedia con fantasmas alecciona también sobre lo tacaños y egoístas que pueden ser los genios, a fuer de presentar un completo mosaico del putiferio madrileño y barcelonés desde la época alfonsina hasta mediados del franquismo, pasando por la guerra civil, tiempo en que los burdeles donaban el diezmo de sus ganancias al Komsomol, es decir, a las juventudes comunistas soviéticas.

Como Marcos Ordóñez levanta desde hace años acta de las cosas del teatro en El País, la vida de candilejas de la posguerra está muy bien retratada, con episodios como el evocador del fin de la famosa pareja formada por Loreto y Chicote cuando la primera, ya anciana, falleció de un colapso sobre las tablas del Teatro Cervantes de Sevilla y el segundo, a la cabeza del cortejo funerario, iba testificando a viva voz:

-¡Ha muerto virgen! ¡Juro que ha muerto virgen!

El testimonio y el gesto de Chicote hubieran complacido, sin duda, al Departamento de Promoción de la Virtud y Prevención del Vicio operativo en Kabul en tiempos de los talibán y no sé si todavía, acaso con otro nombre. El organismo dictó en su día disposiciones tan laudables como la prohibición de aplaudir los goles en el fútbol. Cada vez que el balón entrase en la portería enemiga, el batir de palmas debía ser reemplazado por un masivo y sonoro: “¡Dios es grande!”. No deja de ser verdad que, en cierto sentido, es Dios el autor último de todo gol, de todo gran muletazo y de cada buen o mal resultado que obtenemos en nuestro paso por este mundo. No lo dudo.

Pese a ello, admito que ese “¡Dios es grande!” celebrando los goles me suena un poco a como si, en cada anotación de un tanto deportivo, la multitud abigarrada en las gradas clamase al unísono: “¡Ha muerto virgen! ¡Juro que ha muerto virgen!”… Y todo el mundo, a una, se postrara de hinojos para certificarlo.

Resultaría interesante saber cómo se las habría arreglado Pombal para montar Las aventuras del barón de Munchaüssen en Kabul. Porque lo de Cuatro Caminos tuvo su mérito, pero hacer teatro en la capital del mullah Omar sí que se me antoja tan titánica empresa que creo que, ni aun uniendo fuerzas con José Maya, las hubiera tenido Pombal todas consigo.

Y es que… ¡No siempre resulta tan fácil, eso de morir virgen!

Foto: José Luis Chaín

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: