Cultura Transversal

Harpur, Marienbad y la Dama Alquimia

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 2 octubre, 2015

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – Patrick Harpur ha concitado en los últimos años la atención de los lectores con sus amenos libros sobre el universo de los elementales y el hermetismo, y era sólo cuestión de tiempo que nos sorprendiera con un proyecto literario tan original como una novela inspirada en la persecución de la Gran Obra de los alquimistas. No otra cosa, en efecto, es Mercurius o el matrimonio del Cielo y la Tierra, que, como sus obras anteriores (El fuego secreto de los filósofos y Realidad daimónica) ha sido publicada por Atalanta. Desechando la fácil tentación de embarcarse en una novela histórica, Harpur lo ha hecho en una propuesta con mucho de ludibrium, que es como Johann Valentin Andreae se vio obligado a calificar sus escritos sobre los Rosacruces, y esa acepción de ludibrium o divertimento le conviene, sobre todo, en el sentido de que Harpur emula la vieja “broma” de los hermetistas clásicos –Basilio Valentín, Khunrath, Ireneo Filaleteo, San Alberto Magno y demás, a los que cita con profusión- de, pretendidamente, exponer los secretos de la Obra del modo más claro posible, al tiempo que hacían uso de una terminología y una narrativa deliberadamente oscuras.

La novela vienen a tejerla dos caminos entrecruzados, figurados por los supuestos diarios de una antigua novia del narrador y los de un párroco anglicano. Al segundo le sale al paso la fortuna de descubrir, enterrada en una tumba de una iglesia, nada menos que la primera materia de la Obra. La mujer –habitante de la casa donde antaño morara el clérigo y que sufre pesadillas protagonizadas por su casera- acaba de poner doloroso fin a una relación sentimental, lo cual debe decirse que supone un perfecto arranque de la trama, pues la primera fase de la consecución de la Piedra Filosofal –el Nigredo– nace de la putrefacción, de la descomposición y quema de escorias psíquicas a las que también la sepultura sirve como más que adecuada metáfora.

Es asimismo normal que, en los primeros compases del relato, ambos se muestren preocupados y temerosos por lo que barruntan que ocurre en la encharcada –casi, cenagosa- oscuridad de los sótanos de sus respectivas viviendas… Que, en realidad, son la misma, y estaba cantado que el diario del sacerdote afanado en mantener viva la llama del atanor fuera –si no en un capítulo, en otro- a parar a manos de la chica, Eileen: no por nada Carlos del Tilo escribió sobre Helena –la Eileen de Troya y de Homero- como símbolo, tal que Dulcinea, de la Piedra Filosofal.

Mucho más que las reflexiones teóricas sobre el significado de la terminología alquímica intercaladas por los protagonistas del relato, es la parte propiamente narrativa la que recuerda atmósferas cinematográficas inquietantes como las de Ceremonia secreta (Liz Taylor, Robert Mitchum y Mia Farrow). Y ello sin menoscabo del valor artístico de tratados como Las doce llaves de la filosofía de Basilio Valentín, La entrada abierta al palacio cerrado del Rey de Ireneo Filaleteo o El libro de las figuras jeroglíficas de Nicolás Flamel, que, más allá de su estilo aparentemente caótico, han generado -con sus dragones y leones verdes, sus serpientes mordiéndose la cola y su profusión de cenizas y de andróginos- pasajes literarios muy bellos y sugerentes.

Existen, claro, aquellos a quienes la literatura alquímica se antoja un irresoluble sinsentido, un batiburrillo de insensateces. Pero no es para tanto. ¡Todo es ponerse en situación! Yo, por ejemplo, opté un día por ver El año pasado en Marienbad, de Resnais, como una película alquímica y, desde que así lo hice, lo entiendo todo. ¿O no es Giorgio Albertazzi el ígneo Azufre persiguiendo por los pasillos del lujoso balneario a Delphin Seyrig -el volátil Mercurio- movido por no otro afán que el de fijar y corporificar su espíritu? “¡Basta de evanescencias!”, parece -con ojos de emperador chino emponzoñado por ingestión de cinabrio- gritar en cada mirada a su Dama Alquimia francesa. Esas “conversaciones en el vacío, como si no debieran significar nada”, esas “frases paralizadas como el hielo” pronunciadas en el fastuoso palacio bajo la mirada de jugadores silenciosos y criados mudos… ¿no comparten con los tratados alquímicos la condición de juego de espejos?

Esta Mercurius de Harpur contiene en efecto, cualidades que la hacen merecedora de, pese a ser un libro casi del año pasado, ser leída en este o en el próximo, en Marienbad o donde vuesas mercedes quieran.

Deseo que su incursión en el mundo de Eileen les sea grata y placentera.

Foto: José Luis Chaín

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: