Cultura Transversal

Nacionalismos

Posted in Autores, Beatriz Calvo Villora by paginatransversal on 16 octubre, 2015

BEATRIZ CALVO VILLORA

por Beatriz Calvo Villora – Para algunos historiadores el nacionalismo catalán está basado en una tergiversación de la historia que empezó en el siglo XIX al calor de la Renaixença, movimiento de la recuperación de la lengua catalana que buscaba una grandeza y una identidad nacional, por lo que se impulsaron leyendas y mitos de la Edad Media como germen del catalanismo, como señala Julio Martín Alarcón en su artículo. Es lo que llaman historiadores como José Luis Corral Lafuente un ejercicio de “historia presentista”, en el que se proyectan los deseos del presente en el pasado.

Y tal como ocurrió entonces, quizá es lo que sigue ocurriendo ahora, así que en este humilde ejercicio de comprensión del fenómeno separatista, nacionalista, independentista, soberanista -el nombre que le demos cambia mucho el abordaje-, no me voy a centrar en la maraña de la historia y sus múltiples interpretaciones, e incluso tergiversaciones manifiestas, con alevosía y premeditación, como la que dicen hizo el archivero catalán Próspero de Bofarull para engrandecer a la patria que amaba, a la lengua materna que le vehiculaba una parte del alma allá por el 17. Pero quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, pues la historia está plagada de tergiversaciones hechas por los que ganan, o por los que quieren ganar la partida del juego geopolítico que se lleva jugando desde hace siglos.

Todos los bandos siempre intentan llevarse el gato al agua, aunque una debería preguntarse si no es eso también lo que hacen las interpretaciones de la realidad que cada uno hacemos a diario: llevarnos la incomensurable realidad a la estrecha jaula de nuestra visión sesgada -perceptiva y atencionalmente-, pues percibimos lo que nuestro sistema de interpretación filtra para mantener la idea que tiene del mundo.

Si somos sistemas melancólicos escogeremos de la realidad los elementos que confirmen nuestra identidad, elementos de tristeza, de cierto victimismo, de cierta soledad sentida y reafirmada. Si somos coléricos, escogeremos esos elementos que justifiquen que respondamos de nuevo con agresividad ante la amenaza que sentimos.

Todo individuo busca reforzar una personalidad, que viene de personae, máscara con la que los actores griegos amplificaban su actuación. Cada uno de nosotros tiene varias máscaras para amplificar en el teatro del mundo nuestro mensaje. La personalidad es necesaria y legítima, pero en lo profundo, desde el punto de vista metafísico es ilusoria y carente de entidad, pues es máscara para salir al escenario del mundo, pero no es nuestra verdadera identidad. “Cuando nos tomamos la identidad como lo que somos empieza a limitarnos, la identidad nos hacer ver el mundo de una manera, y sobre todo nos ciega a nuestra esencia primordial…. El despertar espiritual es precisamente despertar del sueño de ser un individuo” Juan Manzanera.

El sabio no quiere identidades falsas, no quiere cultivar ni perfeccionar su personalidad, busca desapegarse de ese constructo, hecho de estrategias egoicas conscientes e inconcientes y salir del escenario tejido de tiempos y espacios y regresar al Hogar de la única Personalidad Real, que no es individual sino Universal, el molde del Hombre Verdadero que es por lo tanto vacío y por lo tanto resume en un único Yo, en un único centro todos los espacios posibles y en un único momento eterno todos los desarrollos temporales posibles.

El hombre profano en cambio hace de su personalidad un ídolo y quizás también el nacionalismo actual, que se diferencia de la conciencia nacional, que ya existía en la Edad Media, como algo natural de quien ha conformado su alma en una geografía tanto de paisaje como humana y enriquece el mundo con su diferencia, como la biodiversidad en la naturaleza.

Ese nacional-ismo en cambio es un constructo premeditado. Según Carlos Caballero y yo, humildemente, estoy de acuerdo, surge con el nacimiento de los estados y su sed política y de territorio, concretamente con la Revolución Francesa, que para salvar su orgía de sangre y guillotina identifica nación y estado para asesinar a gusto a millones de seres humanos, convirtiendo lo que podía simbolizar la conciencia nacional en un ídolo con el que arrebatar el cetro del poder temporal a Dios y sus representante para otorgárselo al pueblo enardecido. De Soberanía Real a Nacional. Todo un descenso, aunque no sea políticamente correcto decir esto.

A partir de ahí, con la idea nacionalista se han podido generar miles de guerras, tras las que se ocultaban estrategias políticas de los gobiernos de turno en su repartición del mundo. Y esta identidad falseada, forzada a cumplir espurios intereses políticos, ni siquiera es ya una máscara desde la que expresar esa conciencia nacional, legítima, de una humanidad particular, que se vehicula principalmente a través de una lengua, pues es la que más trasmite la diferencia cultural de un colectivo, que encarna y acentúa unos determinados rasgos dependiendo de qué montañas, o valles o mares esculpan su mirada y su alma.

La lealtad al grupo al que se pertenece, a la patria que nos da a nacer e intentar recuperar valores culturales, principios, que van degenerando en el discurrir de la historia, en el discurrir de la política, en el devenir de la convivencia con los hermanos, tan distintos en apariencia, tan iguales en el fondo, o en su núcleo es profundamente sano. Una rosa es una rosa, una planta silvestre es otro color y forma con la que ornamentar el cosmos.

Pero el nacionalismo es insano y oculta la codicia material de los estados modernos que necesitan masas unificadas bajo banderas nacionales; es la lucha por el territorio y su dominación. Es el argumento sociológico-político para la guerra innoble que el mundo lleva sosteniendo desde hace siglos, con consecuencias cada vez más devastadoras, y en cuyas estrategias está la de crear naciones, promoviendo lenguas, mitos, iconos, celebraciones… con el fin de reforzar “la” comunidad imaginada que ha de reenfrentarse a la contraria, la diferente. Es una inversión de la semejanza o unidad en el plano metáfisico para alienar a las masas en una indistinción que les roba sus raíces, que germinan en el Cielo. Dejamos de ser personas en el plano de la legitimidad de nuestras máscaras y pasamos a ser ciudadanos sin identidad, pero por abajo, no por arriba.

En la actualidad esa lucha de los “Imperios”, que ahora son transnacionales y se entretejen con lobbys financieros, sigue utilizando la estrategia de debilitar al enemigo, inventando naciones, inventando nuevos conflictos en base a nuevas identidades que hacen escorarse a su favor la balanza del poder en el tablero geopolítico de la avidez de los recursos, del territorio.

En nuestro caso actual donde la tensión soberanista amenaza con desmembrarnos de nuestros hermosos hermanos catalanes, que confieren diversidad y enriquecen, una se plantea: una España débil, desmembrada, más que una tragedia nacionalista es una tragedia de una crónica de guerra anunciada, la de la Tercera mundial, que se está generalizando en todo el planeta. ¿A quién le interesa una Europa fracturada? ¿Quienes son los agentes políticos internacionales que están jugando en el tablero de los nuevos imperios del milenio?

La idea ilustrada de que cada nación tiene un alma propia, que le da su propia personalidad, y que justifica su defensa, incluso armada, frente a otra alma propia debería ser revisada igual que la del hombre profano que defiende su fragmentada personalidad como un absoluto.

Libres del ego propio, libres del ego de los demás, libres del ego nacionalista; más allá del más allá, hasta la consumación última y no entraré en el Nirvana hasta que la última brizna de hierba sea iluminada, ¿qué no haré entonces para mi hermano cuya Patria es la del Cielo? ¿Abandonarle por su diferencia, abandonarle por su decadencia e ignorancia o auparle con cuerda salvadora al nivel donde las diferencias se resuelven en una humanidad compartida? “El alma, en su primera y última desnudez ha de ser una y la misma para todos, el ánima mundi”. Vicente Gallego.

Fuente: El blog de Ecocentro

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Una respuesta

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  1. Guiado López said, on 16 octubre, 2015 at 11:22 pm

    Recomendable un repaso a este artículo escrito en 1997, creo recordar.

    https://paginatransversal.wordpress.com/2012/04/25/pero-que-es-el-nacionalismo/


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