Cultura Transversal

Que Merlín nos ampare

Posted in Arte Taurino, Autores, Historia, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones, Sabiduría Universal by paginatransversal on 26 octubre, 2015

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – A apenas un kilómetro de Stonehenge, han sido hallados los restos casi intactos de otro emplazamiento neolítico de monolitos similar al allí durmiente en ritual silencio desde tiempo inmemorial. Si bien datado hace la friolera de unos cuatro mil quinientos años, dice la tradición que el monumento fue construido por Merlín, quien con sus poderes mágicos hizo trasladar desde lugares remotos las rocas que lo conforman. El descubrimiento me pilla sosteniendo entre las manos El Baladro del Sabio Merlín, donde se recogen algunas profecías atribuidas al mago y bardo de Arturo cuya seriedad resultaría imprudente desdeñar, por cuanto, ya bien avanzada la cristianización de las Islas Británicas, el pueblo y la Iglesia aún las tenían por dignas de atención. “Y entretanto descenderá la raposa de los montes y mudarse ha en lobo”, reza una de ellas. En cierta ocasión, reunidos en una cámara el rey y sus ricos hombres, Merlín declaró a estos “lo que significaban los dragones y otras cosas de su profecía”

Tal vez puedan resultar de alguna utilidad los rimbombantes vaticinios en estos tiempos malsanos en que tantas piedras están siendo removidas, empezando por las de los basamentos de la lengua. El habla cotidiana viene, en efecto, empobreciéndose en España desde hace unas cuatro décadas. Hoy se puede perfectamente denominar pacifista al gestor de genocidios o gran actriz a un súcubo del porno sin suscitar resquemores en nadie. Así que creo que a ningún alma vendría mal la lectura de esta obra publicada por Miraguano en su colección Libros de los Malos Tiempos, singular aunque sólo sea por tratarse, entre las novelas artúricas, recopiladoras de múltiples tradiciones sobre la Tabla Redonda, de aquella de la cual se conserva el más antiguo ejemplar en castellano. Su texto reproduce el de la edición original, fechada en 1498 en Burgos, y me gusta pensar que no ha perdido un ápice de actualidad. ¡Menos piedras se habrían descolocado si, además de resultar el Baladro una lectura fluida para el joven hispanoparlante de hoy, éste hubiera sido educado en las lenguas latina y griega, eliminadas hace un tiempo y de un plumazo de los temarios escolares!

Claro que… ¡piedras más duras que las del idioma están siendo removidas! Hace pocos años, visité con mi mujer el Museo de Bellas Artes de Boston y quedé impresionado ante la perfección de una pequeña cabra de plata y con rostro de oro, fundida en Elam hace cinco mil años y que competiría en arte con las creaciones de los más distinguidos orfebres del presente. No sé si quedará ya alguna pieza de su tipo por la convulsa Mesopotamia, donde se afanan en la destrucción de los toros alados asirios y ugaríticos barbudos de mente cerril a quienes no puedo sino considerar hermanos siameses de esos antitaurinos que -berreantes, desencajados y exhibiendo desnudas unas magras carnes que son un eficacísimo antídoto contra la libido- se pasean por aquí persiguiendo, por medios más abyectos aún, lo mismo que ellos: la desaparición de la figura del toro en cuanto símbolo de los estados superiores del Ser. Porque el toro es un guerrero destinado a acceder a la naturaleza angélica merced al viático de un estoconazo a ley. Por eso, para que los toros bravos no se conviertan en arcángeles de Alberti, los satanes –bajo los más rigoristas y mojigatos disfraces- se alinean siempre contra el toro y frente al sacerdote que le signa el morrillo con los toledanos santos óleos: el torero.

Al menos, una luz de candil parpadea aún en medio de toda esta barbarie: recién clasificada, acaba de salir a la luz la colección de antigüedades asirias y babilonias recopilada entre 1922 y 1923 para el Museo Bíblico de Montserrat por el padre Bonaventura Urbach y que en estos tiempos de bestiajos viene a convertirse, para la arqueología mesopotámica, en algo así como la Pseudo-Vulgata del Pseudo-Boron, que es, a decir de Luis Alberto de Cuenca, la novela-río de la que bebió esta versión castellana de las peripecias de Merlín. Un retrato del padre Urbach publicado en La Vanguardia evoca su efigie y su larga y blanca barba de estilo claramente druídico. En tiempos normales, el padre Urbach sería venerado como consejero por las más altas instancias del Reino. Hoy, el problema no reside en que el venerable sacerdote cría desde hace tiempo malvas en el Cielo, sino en que los reyes y sus ricoshombres son tan ignorantes como la chusma (si no más). No sólo no entenderían las aclaraciones de Merlín sobre el significado profético del dragón: es que, en caso de toparse con uno, no sabrían ante qué criatura se las estarían viendo. Pero no cabe duda de que otro gallo cantaría al mundo si los cargos públicos prestaran juramento posando la mano no sobre la Constitución, sino sobre El Baladro del Sabio Merlín.

En la Época Oscura que vivimos, es de bien nacidos agradecer a José Javier Fuente del Pilar, al frente del buque Miraguano, su dedicación a iluminar nuestras almas con historias sobre ondinas, duendes, hombres-medicina apaches, santos budistas y caballeros errantes. ¡Que Merlín, desde el Avalon donde descansa, le sea siempre propicio!

Foto: José Luis Chaín

 

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