Cultura Transversal

“Suite francesa” en Rosales

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Publicaciones by paginatransversal on 7 noviembre, 2015

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – Acaba Stella Maris de publicar a Javier Castro-Villacañas y Luis Suárez El expolio a las clases medias, un libro donde bisturí en mano sajan y viviseccionan el infame proceso mediante el que, en una encrucijada histórica, los gobiernos de Zapatero y Rajoy eligieron sin dudarlo la carta de rescatar del desastre a la alta finanza que les costea las campañas electorales y causante, con sus especulaciones y maniobras usurarias, de la crisis económica… Y consumar la canallada a costa del ciudadano, al que dejaron caer al abismo antes de proceder a tijeretazo limpio al recorte de los presupuestos destinados a gastos sociales. Todo, para salvar el trasero a prestamistas, políticos, ejecutivos y demás variantes de escualo flotantes sobre ese océano de morboso éxtasis sin fin favorecido por el flujo de tarjetas en dinero negro.

El libro fue presentado la otra noche en Rosales, en el Club de la Vida Buena, por los autores y Luis Pineda, presidente de Ausbanc y el gran luchador contra la Cláusula Suelo que tantos hogares ha devastado en aras de que la banca usuraria viera crecer su fortuna. Ya noche cerrada, Luis se perfiló, en su breve pero encendida alocución, como gran director de lidia para unas clases medias que, la verdad, siempre han tenido en la historia que apechar con los morlacos de peor casta.

Mismamente, en Suite francesa, la versión en cómic de la primera parte de la trilogía dedicada por Iréne Nemirovsky a la huida en desbandada de los parisinos ante la inminencia de la ocupación por los nazis de la capital francesa y que ha publicado Salamandra, aparece un matrimonio de empleados de banca -los Michaud- a quienes el director de su sucursal, tras haberlos dejado tirados y en la estacada para hacer sitio en el coche a su querida, despide de sus puestos por no haberse personado a tiempo en la ciudad donde habían quedado. La mujer explica la situación con incontestable lucidez: “Ya sea porque estalle la guerra, el franco se deprecie, haya paro o una revolución, ¡siempre nos aplastan a los mismos! Los demás, en cambio, siempre salen airosos. ¿Por qué? ¡Claro, a nosotros no nos temen! Los obreros se defienden, y los ricos son fuertes. Nosotros, en cambio, pagamos el pato”…

Cierto. Pero ya nadie se defiende, porque, sorbido su seso por la telebasura y el consumo a granel e incesante de cutreces, el obrero propiamente dicho ha dejado más o menos de existir. Sólo eso puede explicar que, ante las desorbitadas facturas de la luz que el español medio ha de satisfacer, nadie organice la menor protesta. En otra época de la historia, el hecho de que un gobierno de alimañas hubiera anunciado su intención de gravar al pueblo por el disfrute de la energía solar habría desencadenado una revuelta a pedradas de consecuencias inolvidables para los gestores de la infamia.

Quienes en la novela de Nemirovksy –y en el cómic de Moynot, claro- huyen y se agolpan con la esperanza de conseguir plaza en algún convoy en las estaciones de tren –la familia Péricand, el matrimonio Michaud, el literato Gabriel Corte…-son todavía, por supuesto, las clases medias. Los obreros de entonces no huyeron, pues tenían órdenes del PC francés –Moscú y Berlín eran por entonces aliados- de facilitar en cuanto les fuera posible el avance de la Wehrmacht. Y los ricos, o huyen mucho antes que quienes no lo son, o consideran innecesario o poco elegante hacerlo.

En la terraza del Club de la Vida Buena, sin cazas alemanes a la vista, tratamos durante la presentación del libro de descubrir a las clases medias en el rostro de alguno de los presentes. Pero no. Picaba de las bandejas algún escritor (los Gabriel Corte del evento), ningún cura (nadie del bando de Philippe Péricand, por tanto) y, acaso, alguna amante, émula de las Arlette Corail y Florence de la historieta. Pero a la clase media, no la vimos. Sí -en la persona de una diputada de Ciudadanos– a la clase política, la que lleva desde 1789 invadiendo y desinvadiendo a mansalva nuestras ciudades, vidas privadas y cuentas corrientes a fin de garantizar y perpetuar su vida de figuración (y de otras cosas). Nos dicen –justo antes de que empiece a llover- que esta chica, no. Que esta chica ha renunciado a su trabajo de siempre, remunerado por un sueldazo, para consagrarse a servir al pueblo por cuatro duros. Parece obvio, en fin, que lo del buenismo zapateriano, aunque con rostros y tonos retóricos renovados, aún se usa como coartada en esto del salto a la política.

Y lo que sobre todo vimos fue mucha gente pendiente de la pantalla del móvil. De hecho, diría uno que las clases en general –y no sólo la media- han sido barridas del mapa para ser unificadas bajo una única, merecedora del epíteto de social tan sólo por la adicción de sus integrantes a las redes así denominadas. El hálito o eco de la vieja clase media sólo puede ya encontrarse en el libro de Javier Castro-Villacañas y Luis Suárez. Y su rostro en blanco y negro, en la Suite francesa de Moynot. Compren y lean ambos, si quieren saber algo de esa especie recientemente extinta, antes de que la total evaporación de su recuerdo lo haga imposible.

Foto: José Luis Chaín

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Una respuesta

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  1. Suite francesa en Rosales – lsuarezj said, on 31 enero, 2016 at 6:29 pm

    […] Joaquín Albaicín – Acaba Stella Maris de publicar a Javier Castro-Villacañas y Luis Suárez El expolio a las […]


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