Cultura Transversal

Cuentos celtas para el Árbol

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones, Sabiduría Universal by paginatransversal on 2 enero, 2016

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – Las viejas supersticiones expresan siempre un fondo de verdad, y es bueno escuchar o leer -a ser posible, en un bosque o a la sombra de un dolmen- cuentos sobre gnomos, brujas y espectros para que esa luz radical no se esfume del todo de nuestra conciencia, roturada sin descanso por el implacable y peligroso tractor del progresismo. Cuentos y leyendas de la Bretaña, publicado por Editorial Miraguano en su colección Libros de los Malos Tiempos, es una buena elección de cara a asomarse a ese otro lado del espejo al que, antaño, nos franqueaban el acceso las llamadas Puertas del Cielo y Puertas del Infierno: oquedades, simas y cavernas donde se manifestaban fuerzas oraculares y por las que se creía que podía el hombre adentrarse en el mundo de los dioses y de los muertos.

Naturalmente, debe marcarse la diferencia entre aquellas entradas –hoy, presumiblemente cegadas- al inframundo, las cuevas -en Cumas o en el estuario del Río Tinto en Huelva- a las que descendieran Ulises o Eneas y que ha visitado Fermín Bocos en su periplo por la topografía del Hades, de lo que Elémire Zolla llamaría lugares con aura, que oficiarían a modo de cruces de caminos, intersticios o regiones porosas que permitirían la comunicación entre nuestro universo material y el mundo sutil de los gnomos, ondinas, hadas y demás espíritus elementales… Seres que conviven en secreto con nosotros en nuestro ámbito doméstico, que a veces cuidan de nuestros animales o nos recogen la vajilla y, a menudo, asociados a una fuente o árbol en los que, con los cambios religiosos, fueron reemplazados por la Virgen, un ángel o un santo.

Esas puertas podían y pueden también no encarnarse en lugares propiamente dichos, sino en franjas temporales, en fechas. Así, Jünger recordaba cómo los antepasados, por ejemplo, aparecen con mayor recurrencia en nuestros sueños “en ciertas épocas durante las doce noches que van desde la Navidad hasta después del primer día el año. Es una experiencia que conocen muchas personas, pero a la mayoría no le gusta que se hable de ello en esa forma”… Y en la Grecia órfica y pitagórica proliferaron los templos -siempre asociados a santuarios, como el de Asclepio en Epidauro- donde los dioses ofrecían en sueños la cura para una enfermedad, un universo clínico-onírico evocado con buena pluma por Jacobo Siruela en El mundo bajo los párpados.

En cuanto a Cuentos y leyendas de la Bretaña, contiene relatos sobre gigantes, duendes y hadas, pero también sobre sombríos mensajeros de la muerte, como el ankou, como se conoce en aquellas regiones al último hombre que muere en el año y que será el encargado de conducir al Otro Mundo a los fallecidos en el curso de los próximos doce meses (leyenda que sirvió de inspiración a Sjöström para su clásico del cine mudo La carreta fantasma).

A nosotros nos gustan más los que tienen a elementales como protagonistas, y por eso hemos disfrutado mucho con Ondina, el clásico de la literatura romántica -también en el catálogo de Miraguano- escrito en 1811 por el Barón La Motte Fouqué, aristócrata francés cuya familia, protestante, decidió refugiarse en Prusia en tiempos de Luis XIV. No sabemos si, como apunta en la introducción José Javier Fuente del Pilar, Ondina, declaradamente deudor del Libro de las ninfas de Paracelso y que, a su vez, inspirara a Hoffman una ópera, es la única de las obras del ahijado de Federico II que no ha envejecido, pero es desde luego una pena que uno pase por esta vida -un instante entre dos eternidades- sin leer la historia de la ninfa del lago que, como resulta preceptivo en su especie, adquiere un alma tras su matrimonio con un humano. Su lectura es una delicia, como la de la versión ofrecida en los cuentos bretones de la historia de Merlín, muy a propósito para estas fechas siquiera sea porque Arturo, si no un Rey Mago, fue al menos un Rey con Mago, que es lo mínimo que ha de tener un monarca si aspira a eliminar la influencia en las calles de las fuerzas infrahumanas, cada día más presentes en -si confiamos en la cronología oficial- este año 5.118 del Kali Yuga.

Las cosas apuntan a que va a ser verdad la aserción de Joseph Campbell de que los cuentos de hadas europeos deben casi todo a la mitología celta. Desde luego, en todos ellos subyace un no sé qué cuyo poder de fascinación reside en algo más que el talento de la pluma que los llevó al papel y, pues eso… Que les torna inmunes al envejecimiento, como bolas que, año tras año, engalanaran el ramaje de un árbol de Navidad de hoja perenne. Harán ustedes bien, creo, en adornar con alguno de ellos el de su salón en estas vísperas de Reyes que les deseo cálidas, afortunadas y dichosas.

Foto: José Luis Chaín

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