Cultura Transversal

El “Gran Hermano” en Granada

Posted in Autores, Censura y Libertad by paginatransversal on 27 febrero, 2016

por Cristina Sánchez – Hoy les voy a contar una historia de amor. A pesar de la mezquindad, del miedo que anida en algunos corazones para llevarles a actuar de forma tan cobarde, esto es una historia de entrega a los demás, por encima de cualquier otra cosa. Es la historia de uno de esos ciudadanos anónimos que se levanta cada día y, a pesar de estar en paro y pasar por condiciones económicas desfavorables, deja las quejas para mejor ocasión y sale a la calle a poner su granito de arena con la convicción de que una acción vale más que mil palabras. Un ciudadano dispuesto a que las palabras integración, igualdad de oportunidades o integridad de las personas, sean algo más que supuestos términos a los que supuestamente tenemos derecho.

Fernando García Molina fundó hace aproximadamente cinco años una asociación sin ánimo de lucro para trabajar con niños que llegan a España en pateras, procedentes en su mayoría de Marruecos y el África subsahariana (Camerún, Mali, Gana…): la Escuela Deportiva para la Integración Intercultural, EDII Perica, con el único objetivo de colaborar en la integración de estos niños a través del deporte. Los 200 niños, aproximadamente, que han pasado por la asociación desde sus comienzos, han aprendido a jugar al fútbol, valores de respeto, disciplina, deportividad y trabajo en equipo, y han tenido la posibilidad de entrenar con jugadores del Granada Club de Fútbol. Estas actividades se han venido llevando a cabo, los dos primeros años en el campo de fútbol de Cájar -un pueblo cercano a Granada-, cedido por el ayuntamiento de la localidad y, posteriormente, con el fin de evitar los costes del viaje, en Granada, tras firmarse sendos convenios con su Diputación, primero en manos del PP y posteriormente del PSOE, sin ningún problema y todo el mundo encantado. Los convenios suscribían la cesión de algunas de las instalaciones de la ciudad deportiva, única y exclusivamente. Es importante señalar que no ha habido, a lo largo de estos 5 años, la más mínima subvención pública, ni siquiera para el transporte o material deportivo. Sí dos subvenciones de la oficina de la Caixa con la que trabajan, de 500 euros cada una. El tiempo, el trabajo desinteresado y muchas veces el dinero de los bolsillos de los pocos voluntarios que trabajan en el proyecto, es lo que ha hecho posible llevar a cabo esta acción encomiable, de la que la Diputación se ha puesto más de una medalla sin que le haya costado un duro.

Esta misma semana, Fernando García Molina se veía obligado a dimitir y abandonar la asociación que con tanto mimo, trabajo y esfuerzo ha dirigido durante estos años, por ser falangista. La prensa local se hacía eco, por supuesto, rasgándose las vestiduras por su pertenencia a un partido, por otro lado, registrado legalmente como cualquier otro. La correa de transmisión ha funcionado perfectamente, inquina no ha faltado, ahora, hechos, todos. No hay ni rastro de los hechos. Por ese motivo los he relatado con anterioridad, con todo detalle. A partir de aquí no podré ser tan clara. No habrá más nombres por expresa voluntad del acosado por motivos de ideología. Algo que prohíbe expresamente nuestra Constitución. No hace falta que transcriba el artículo, “De los derechos y deberes de los ciudadanos”, Título I. Y no los habrá por expresa voluntad de quien está dispuesto a marcharse para no perjudicar a esos niños y a sus compañeros.

Fernando García Molina sabe que se han recibido llamadas, no a él, directamente, claro, sería ilegal y seguramente les da hasta vergüenza. Sabe que, si se queda, cesarán los convenios que aseguran la utilización de las instalaciones, alegando cualquier inconveniencia, legal, por su puesto. Y aunque eso sea lo único que les pueden negar, Fernando no está dispuesto a perjudicar al equipo.

Cuánto me acuerdo de Orwell en esta España en la que somos capaces de la mayor de las mezquindades por una palmadita en la espalda, por estar a bien con el Gran Hermano. Sabemos que estas cosas pasaban en tiempos de Franco, ¿se acuerdan? Qué tiempos aquellos, en los que una llamada, un nombre, una denuncia velada, eran más que suficiente para caer en desgracia… Menos mal que ahora tenemos democracia, y este tipo de actos, que al igual que en tiempos del dictador no se pueden demostrar, ya no son considerados atentados contra la libertad y la dignidad de las personas. Este tipo de actos, como en aquel tiempo, no existen.

Fuente: XYZ El periódico crítico sevillano.

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