Cultura Transversal

Alzando el vuelo

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 5 abril, 2016

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – Decía el otro día un filósofo en La Vanguardia que tener éxito es ir encajando un fracaso tras otro sin desesperarse. Por esa regla de tres, digo yo que fracasar será ir cosechando triunfos en cadena sin caer en el endiosamiento. No cabe duda de que, desde ese punto de vista, yo prefiero el fracaso, pues con él me salen mejor las cuentas que con el éxito de manual de autoayuda. Y, para tener esa clase de éxito, me parece que… ¡Siempre hay tiempo!

De ahí que desee a José Enrique Morente que vaya sumando olés y aplausos como los de su presentación en solitario en Casa Patas, y no debacles bien asumidas. Con perdón de los gurúes del conformismo y el buen rollo, lo que mejor se digiere en esta vida es el éxito. ¡No conozco mejor tonificante! Sin necesidad de llegar a tanto como para incurrir en pecado de soberbia, que siempre es causa segura de ruina, hay que creérselo un poquito, y este cantaor joven, si bien de debut algo tardío, cuenta con motivos para ello.

La expectación se mascaba y, para satisfacción de un Antonio Benamargo recién llegado de la exitosa gira que programa por el Norte, la Sala García Lorca se llenó, gracias en parte al entusiasmo y fidelidad de la vieja guardia del morentismo. Allí se personaron para presentar sus credenciales, entre muchos otros, Nicolás Dueñas, Juan Verdú, Balbino Gutiérrez -biógrafo de Enrique- y Juan Luis Cano, devoto del Curro Vázquez sobre quien, a medias con Rubén Amón, escribiera aquel Pasa un torero de cuya lectura tanto disfrutamos. Hubo también y, como es de rigor, con un ojo cerrado, más fotógrafos de lo habitual y, entre ellos, algunos de los buenos: Paco Manzano, Diego Gallardo, Anya Bartels-Suermondt… Y, naturalmente, estaba Fernando Crespo, de Universal Music, que acaba de sacar el disco de Alba Molina y el de Josemi Carmona con Javier Colina.

Es cosa ya algo infrecuente, lo de ver a un cantaor joven tomar asiento en la anea no sólo apretado por traje y corbata, sino, además, para dar las buenas noches con la caña, palo en su día de estricta observancia y hoy poco menos que extinto y, por cierto, muy del gusto de los tíos cantaores del protagonista de la velada, los Montoyita. Fue, de algún modo, la estampa definitoria de por dónde iban a sonar los tiros en el recital de José Enrique Morente, en quien en su actuación en Flamenco On Fire de Pamplona ya percibimos virtudes -desenvoltura escénica, conocimiento del catón, afinación, sentido del compás y esa valentía interpretativa que enseña a uno a arriesgarse a errar- muy de anotar. Son avales que durante su gala madrileña afloraron en mayor o menor medida en sus lamentos por granaína, tientos, tangos, fandangos, caña o soleá, en el curso de un trasteo planteado con gran seguridad de ánimo y jalonado por olés de aprobación.

Como en el recital que le vimos en Navarra, se mostró ante todo como un cantaor largo, con las ideas muy claras, evidentemente moldeado por el sello estilístico paterno -de quien ha heredado el gustoso decir de los estilos libres- y que acaricia los cantes con sedosa soltura y voluntad preciosista. Si su vocación es firme, me parece que nos encontramos ante un artista cuya trayectoria se prolongará en el tiempo y del que pueden esperarse llamativas propuestas.

A su izquierda rasgueó Juan Habichuela nieto, artista también de dinastía, de quien se viene hablando de un tiempo a esta parte y en cuyas yemas, tanto en solitario como en calidad de acompañante, titilan esa justeza, afinación y dulzura que han distinguido a los tocaores de su prosapia. Buen exponente del alto desarrollo técnico alcanzado por la guitarra flamenca, la suya suena, aemás, con un sabor añejo que se agradece. Lucas Carmona y Paquetito aportaron con delicadeza y elegancia la percusión, cuyo suave runrún nos acompañó crujientes escaleras abajo hasta la sala principal, donde se arremolinaba ya en la barra, esperando para unir fuerzas con los de arriba, el gentío que salía de ver a Pedro Ojesto y su banda de flamenco-jazz.

-¡Alex! ¡Un whisky, cuando puedas!

Desde una mesa del fondo, llegaba aleteando el cante por bulerías de Chorrohumo. Así que, cambio de chip y… ¡A por la noche, que siempre es joven!

Foto: José Luis Chaín

 

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