Cultura Transversal

Corbin, el psicoanálisis y el Más Allá

Posted in Autores, Henri Corbin, Joaquín Albaicín, Sabiduría Universal by paginatransversal on 19 abril, 2016

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – Siempre me pregunté cómo había empezado Emanuel Swedenborg a ser favorecido con aquellas visiones de habitantes del Cielo y a entablar con los ángeles sus largas pláticas, recogidas luego en varias obras recibidas con avidez -por más que pueda hoy sonar extraño- por los más selectos espíritus europeos del XVIII. Una mañana invernal de 2012, en el X Encuentro del Círculo de Estudios Espirituales Comparados, convocado en Arenas de San Pedro bajo el lema Escatología y Fin de los Tiempos y en el que tuve el placer de participar, despejó esas dudas mías el profesor José Antonio Antón Pacheco, principal referencia española en estudios swedenborgianos. Swedenborg, me dijo, dejó escrito una especie de diario –Dreams Book- que nunca publicó, según el cual sus primeras experiencias transmundanas fueron, al parecer, visiones de Cristo sangrante que le sobrevinieron mientras se encontraba en la iglesia. Al tiempo que le escuchaba, pensé que faltaban aún varias décadas para que (en virtud de fenómenos a distancia provocados por la Hermandad Hermética de Luxor en casa de las hermanas Fox, en Hydesville, Nueva York, allá por 1847) el espiritismo naciera y se propagara hasta convertirse en un “culto” y, aunque algunos pasajes de la obra de Swedenborg suenen, la verdad, un tanto a sugestión espectral, el “ismo” en cuestión no podía, pues, haber influido sobre la misma. Y es que sí: lo de Swedenborg era otra cosa.

Y bueno, acababa de releer uno de esos gruesos volúmenes en los que el autor de De planetas y ángeles relató sus tertulias celestiales cuando abrí el de Henry Corbin sobre Jung que acaba de sacar Siruela y en el que nos son recordados los tan extraordinarios como lógicos paralelismos a reseñar entre –por una parte- los estados post portem a través de los cuales el Bardo Thodol o Libro de los Muertos tibetano guía a los fallecidos y –por otra- los encuentros ultramundanos con ángeles descritos con una impasibilidad no sé si sueca por el Buddha del Norte (como bautizó Balzac a Swedenborg).

Este de Corbin –Acerca de Jung. El buddhismo y la Sophia, recién incorporado a la colección El Árbol del Paraíso– es un libro lleno de referencias a los simposios anuales en su momento celebrados en Ascona y en los que Corbin participó junto a Jung, Scholem, Eliade… Y que ha de leerse teniendo en mente que no se trata exactamente de una obra inédita, sino de una serie de ensayos muy avanzados, pero no conclusos del todo, que su autor tenía en mente incorporar a un futuro libro sobre Jung, el budismo y el gnosticismo, preparados tras su muerte por Michel Cazenare siguiendo, en cuando a contenidos y orden, las estrictas instrucciones de Stella Corbin. Por supuesto, la circunstancia de que no se trate de una faena redonda y acuse, en algunos muletazos, precisión en el matiz, no la priva de interés. Es muy digna de atención su descripción de cómo el psicoanálisis -la psicología de las profundidades- trata de invertir -¡tenebroso Freud!- el sentido del camino recorrido por el alma en el Bardo Thodol. En este, el fallecido llega a un nuevo útero cuando, por no haber superado las pruebas del camino, debe abandonar el mundo intermedio y descender de nuevo a otra tierra. En cambio, el psicoanalista -quien no considera más mundo que el de la biología y los instintos, punto de partida que no pudo sino lastrar, muy a su pesar, las investigaciones de Jung- hace retroceder la psique hasta los recuerdos intrauterinos, atrio que, con sus presupuestos intrínsecamente materialistas, no es capaz de franquear…

Muy pertinentes resultan también las reflexiones y cuestiones que plantea acerca de la más que apreciable distancia registrable entre el cristianismo de los orígenes y el actual. En caso de encontrarse de repente ante un cristiano del siglo I o II, el occidental de hoy, que -creyente o no- conoce y cree comprender el cristianismo… ¿No se toparía -se pregunta- con idénticos problemas psicológicos e intelectuales que los que le plantea la confrontación con religiones “extrañas” como el hinduismo o el budismo? Yo diría que sí. No en vano hablamos de una tipología humana que, como Corbin señala, tiende poderosamente a identificar el Espíritu con el Alma y a ésta con el yo egoico y, por tanto, a confundir lo psíquico con lo espiritual.

El gran cantor occidental de los arcángeles del mazdeísmo y el shiísmo no podía, por otra parte, dejar de fijar la mirada en el aleteo de los bodhisattvas budistas, y en concreto en los de la rama del Mahayana conocida como doctrina de la Tierra Pura, en cuya génesis se pregunta si no aportaría lo suyo la angeología zoroastriana al coincidir con el budismo, en un momento fundamental de la expansión de este, en tierras del Imperio Kuchana.

¿Por qué no? La génesis de las religiones descansa en mayor medida de lo que se admite sobre ósmosis y promiscuos careos de tal índole. Siempre es un placer leer a Corbin, entre otras cosas por su perspicacia en lo que a estos menesteres atañe.

Foto: José Luis Chaín

 

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