Cultura Transversal

Toros y cante por San Isidro

Posted in Arte Taurino, Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 22 abril, 2016

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – “¿Sabes si Aparicio torea alguna pronto?”… Es el fotógrafo Antonio Novillo quien me lo pregunta y a quien siento no poder disipar las dudas, por ser ese un interrogante que también yo me formulo. ¿Le pondrán? ¿No le pondrán? Además, la mañana ha roto con talante demasiado lluvioso y plomizo como para que me vengan muchos carteles a la cabeza. Lo previsto era que la presentación de hoy en la Sala José María de Cossío de Las Ventas del ciclo isidril de Casa Patas fuese conducida mano a mano por Vicente Soto Sordera y Carlos Escolar Frascuelo, pero imponderables de última hora han impedido asistir al segundo y, valiente, le hace el quite otro matador, Paco Machado, que por aquí anda.

Vicente, que será el primer cantaor del ciclo en romper plaza- evoca a Caracol cantando a Curro en la Maestranza y Machado su amistad con Morente y alguna frase de Rafael El Gallo, y alguien de entre el público se acuerda de Talavante en Badajoz diciéndose un fandango mientras presentaba al toro los vuelos de la sarga. A mi lado escucha el pintor Miguel de la Torre, que se dio un día el gustazo de torear una becerra mientras El Príncipe Gitano le cantaba por soleá y es aficionado al arte de la lidia desde tan verde edad que hasta tiene una foto de niño junto a Vicente Pastor, que ya es tener foto. Le apetece mucho ir al Patas la noche de La Cañeta y me invita a comer en su casa unas alubias con manitas a las que habrá que hacer el honor.

En la misma fila y cerca nuestra, dispara su máquina Paco Manzano como si, aunque en persona sólo esté aquí Vicente Soto, pudiera plasmar la imagen de todos los demás flamencos anunciados en el cartel, sobre los que Martín Guerrero y Antonio Benamargo nos aleccionan desde la mesa presidencial: José de la Tomasa con Manuel Parrilla, La Cañeta, Riqueni, Miguel El Rubio mano a mano con su hijo Ingueta, Antonio Reyes, Esperanza Fernández, Capullo, Moneo, Carmen de la Jara, Óscar Herrero, Tony Maya y Antonio Campos. Las combinaciones de la flamenca feria gustan a Amara Montoya -del Instituto de Cultura Gitana- y gustan al gran banderillero Chocolate y gustan a Enrique Jiménez Furu, que me avisa de la inminente inauguración del tablao del Café Berlín.

Pensando en esto de los ciclos, me parece recordar que a La Marelu –tonante voz de los tablaos de los 70 reaparecida la otra noche en la García Lorca del Patas– no la escuchaba yo cantar desde que Vicente Soto y Pedro Atienza la anunciaron en la Tribuna del Flamenco por ellos programada en el Centro Cultural de la Villa hará ya dos decenios. Bastantes artistas -la exquisita Diana Navarro, Ingueta El Rubio, Salomé Pavón, Ramón El Portugués, Miguel El Rubio, Cancanilla de Málaga y Mayte Martín, que actuaba al día siguiente en el Auditorio Nacionalacudieron a saborear sus sones en una velada en que la casa colgó el no hay billetes. Marelu lleva años apartada de los escenarios y se puede decir, en fin, que, como era de prever, le echaron una corrida con muchos kilos y mucho que lidiar. Pero, como en aquellas tardes crepusculares en las que Curro nos encendía la pupila con una media sedosa como muslo de ragazza napolitana o Rafael nos hacía crujir el alma con un trincherazo aquí y dos ayudados por alto allá, no dejó Marelu –bien auxiliada por el siempre entonado Paco Cortés y dos rehileteros que se las saben todas, Enrique Pantoja y Toni Maya- de patentizar ese regusto y ese arte por tangos y jaleos que la hicieron triunfar en las noches flamencas de Madrid junto a Bambino, Camarón, Ramón El Portugués o Juan Villar en los tiempos del Eso que fuman los moros.

Comentamos todo esto después, en el bar de enfrente de la plaza, sede de la Peña José Tomás, mientras calentamos motores para las gozosas jornadas de cante y toros que se avecinan en honor del Santo Patrón de Madrid al que, cuando se echaba a dormir, los ángeles reemplazaban en el arado. Sigue lloviendo fuerte. Al salir, caen boquerones. Pero no importa. Ladran, luego… ¡Cabalgamos!

Foto: José Luis Chaín

 

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