Cultura Transversal

Manual de supervivencia apache

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 1 mayo, 2016

JOAQUÍN ALBAICÍN - Foto José Luis Chaín-Soria Taurina

por Joaquín Albaicín – La carne preferida por los apaches es la de mulo. Siguiendo a las codornices –que beben mucho- o las abejas, no tarda uno demasiado en encontrar agua hasta en el más desértico paraje. A la hora de encender una fogata, lo prudente es proceder a ello bajo un árbol frondoso, pues su copa dispersa el humo y hace más difícil que quien acampa sea visto desde lejos. Llevar adornos brillantes es una temeridad, pues el sol se reflejará en ellos y cualquiera –incluso a bastante distancia- podrá percatarse de tu presencia. En las camisas de piel, los flecos ayudan a que el agua resbale y, por tanto, se seque antes la ropa. Es útil saber que el hombre, cuando camina, aplasta la hierba en la dirección en que avanza, mientras que, si es el caballo quien la pisa, la hierba se pliega en la dirección de la que el équido procede. Las huellas de perro o lobo dejan la marca de sus uñas, no así las del gato o el puma, que las retraen.

Son algunas enseñanzas en las que somos aleccionados durante la lectura de Hondo, de Louis L´Amour, una de las mejores novelas publicadas en la colección Frontera de Valdemar, junto con otros truquillos que no es necesario ser apache para conocer, como el de pescar siempre cara al sol, pues, si el pescador tuviera a Helios a su espalda, su sombra se proyectaría sobre el agua y los peces, al saberle allí apostado, huirían.

Llevada al cine en una película –si la memoria no me falla, una de las primeras rodadas en tres dimensiones- a la que John Wayne y Geraldine Page pusieron cara, Hondo, una aventura en la que tanto indios como casacas azules se baten con valor y, algunos de los segundos, con tanto que, al morir, les es respetado el cuero cabelludo, es, además de un manual de supervivencia en territorio apache, un tratado de los buenos usos cultivados por el pueblo de Gerónimo, como los de reprobar la mentira o –los jefes- dar la mitad de su caza a las ancianas viudas y sin hombre que las proteja. No tan saludable costumbre era la de torturar hasta la muerte al prisionero para brindarle la oportunidad de exhibir su coraje, pero esa es crueldad en cuyo ejercicio –y sin tan noble incentivo- se han entretenido, y frecuentemente con delectación, casi todos los pueblos del mundo.

En Hondo, historia resultante del desarrollo de El regalo de Cochise, un cuento escrito años antes por su autor e incluido a modo de apéndice en esta edición, ambientada en la guerra del gran jefe Victorio, protagonizada por éste, un explorador del ejército y una mujer y su hijo abandonados en el país apache por el marido crápula, aprendemos que, para derrotar al enemigo, siempre hay que hacer justo aquello que él no espere. Me lo he apuntado y, desde que aplico la fórmula, todo me sale bien. ¡No paro de cortar cabelleras! Quien quiera hacerse todo un cinturón de ellas, que no desoiga este consejo.

Foto: José Luis Chaín

 

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