Cultura Transversal

América y la “Coproducción”

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Publicaciones by paginatransversal on 6 junio, 2016

"JOAQUÍN

por Joaquín Albaicín – Cada vez que pido a Valdemar un libro sobre el que me interesaría escribir y me acerco por él a la sede de la editorial, me calzo unos paseos de marca mayor. Domiciliada en uno de esos edificios de oficinas alzados en los años 40 ó 50 en la Gran Vía, Valdemar cae muy céntrica, pero hace tiempo que, en el panel de la portería, el rótulo con el logo de algunas empresas se ha desprendido y uno de los ausentes es el suyo. Además, el portero nunca está. Anda siempre de trajín por los sótanos o en algún lugar por mí ignorado. Entonces, por si apareciera, paso un rato esperando en el portal. Luego, tomo el ascensor y pruebo a subir, por ejemplo, al quinto piso y allí trato de recordar de qué puerta se trataba. Ando un rato por el pasillo. Regreso al vestíbulo. Transcurrido un tiempo razonable, subo a otro piso, donde vuelvo a leer las placas de las puertas a ver si atino antes de probar suerte en otro superior o inferior. Nada. Y bueno, la simpática responsable de prensa de la editorial se llama América y, a menos que vayas convenientemente esponsorizado, tampoco es cosa de ponerte a recorrer los pasillos del edificio gritando: “¡Américaaaaa! ¡Américaaaaa!!” El otro día logré dar con el despacho correcto gracias a un mensajero.

El caso es que, a los tres cuartos de hora, hay gente que me ha visto ya en dos o tres plantas y me mira como si pudiera ser un merodeador o, incluso, un espectro. Lo segundo no sería nada raro, pues Valdemar publica mucha novela gótica. En mi caso, suelo optar por las que de su catálogo recrean historias del Salvaje Oeste, preferiblemente de pieles rojas. La última que he leído no cumple del todo el requisito, pero su autor es un devoto del género y la historia gira en torno al proyecto de rodaje de un spaghetti western, es decir, una de indios y vaqueros ambientada en una Almería maquillada para el caso como en sus mejores días. Aquellas cintas solían ser coproducciones hispano-italo-alemanas, pero para dar con esta, ya hemos dicho, es a América donde hay que ir.

Cuando se abandona la editorial con el ejemplar en la mano y la satisfacción del deber cumplido, no es que al salir a la calle se dé uno de bruces con el paisaje almeriense de las ensoñaciones cinéfilas, pues lo cierto es que por la Gran Vía no es fácil ya cruzarte con Clint Eastwood, Conrado San Martín o Fernando Sancho ni con galeras de colonos asaeteadas por las flechas de los kiowas… Por fantasioso que uno sea, la verdad es que eso sólo le pasa a Daniel Terán, el protagonista de esta Coproducción (Valdemar) de Carlos Aguilar. Tras triunfar con una de jazz con Chet Baker como cabeza de cartel, Terán se estrelló con una de autor con Omero Antonutti al frente del reparto y ahora vive obsesionado con rodar una nueva versión de un celebrado eurowestern de Romero Marchent. Bueno: además de a Terán, quizá sucedan estas cosas al propio Carlos Aguilar, amigo de Morricone, John Phillip Law, Christopher Lee, Marisa Mell y Eli Wallach, soñador que lleva a Almería, la novela de quiosco y Ringo en el entrecejo, prolífico autor de monografías sobre el Séptimo Arte (el Octavo sería, según el Padre Apeles, la Alta Costura) y que ha volcado sus grandes pasiones en esta novela de homenaje a un género desvanecido en la que aparece, en un cameo, un Klaus Kinski al que, detrás de las cámaras, propina una buena zurra Romero Marchent.

Más allá de un canto al Oeste de cartón piedra, Coproducción es, al final, una historia de amores enfermizos, si es que no todos los amores lo son y el adjetivo, quizá, sobre. En ella, los amantes -salvo uno, que es abstemio- ahogan sus penas y anhelos entre carajillos y en lugares tan de referencia para algunos de nosotros como el Populart o el Café Central donde tan a menudo disfrutamos del saxo de Malik Yaqub, el Cine Doré o un picadero en Borox, pueblo de Domingo Ortega, los hermanos Lozano y David Mora. Escrita sobre fondo de jazz, como filmó Los felinos René Clément, Coproducción te deja al final con la mosca detrás de la oreja al levantar la sospecha de que quizá –y más, si el parecido físico ayuda un poco- las vidas de todos serían intercambiables sin mayor problema…

¿Está al alcance del fan convertirse en el personaje objeto de su admiración? ¿Puede el amante de una mujer no ya reemplazar a su marido, sino transferirse y adoptar la identidad de éste?

Es dilema sobre el que, con mucha menos rimbombancia que Gautier, ya Felipe Afau escribió pasajes memorables en Locos, donde nos condujo hasta aquel café toledano al que los escritores acudían en busca de personajes. Aquí, en Coproducción, es el turno de Carlos Aguilar, quien -con la convicción que sólo puede acompañar a los devotos del fantaterror- dice que sí, que se puede, que es pan comido. Con esta Coproducción, pues, no sólo vuelve a los quioscos, flanqueada por cornetas tocando carga, la novela popular de categoría, sino que aterriza en Almería la respuesta a un interrogante que inquiera al planeta Tierra desde que Rachel Welch impuso a las mujeres cro-magnon la moda del biquini. Llévensela a la playa este verano. ¡No se arrpentirán.

Foto: José Luis Chaín

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