Cultura Transversal

El Beso de Júpiter y Venus

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 4 septiembre, 2016

"JOAQUÍN

por Joaquín Albaicín – Vamos en el Alvia camino de Pamplona, muy de mañana y escuchando plácidamente en los cascos La vida llega de Pepe Luis Carmona cuando nos enteramos por el periódico del descubrimiento de Proxima b, un exoplaneta de dimensiones superiores a la Tierra que orbita en torno a la estrella Proxima Centauri y, a entender de los astrofísicos, cuenta con muchas papeletas para ser un cuerpo celeste habitable por los humanos. Además, parece claro que le quedan aún billones de años de vida, muchos más que al que desde hace varios manvantaras sirve de soporte a nuestras artes, guerras e intrigas.

La verdad es que a mí, en estos momentos y casi siempre, más que adónde irá la humanidad cuando el Sol se apague, me preocupa la delimitación de cuál sea el espacio eternamente respirable por el baile flamenco, es decir, aquel que le permita no travestirse ni aguarse y continuar siendo lo que es, y siempre he tenido clarísimo que tal planeta no es otro que el que gira sobre su propio eje en armonía con las claves, cimientos y hallazgos del baile gitano tradicional. Es decir, el Proxima b del baile se llama Farruco, un planeta al que, como su hija Rosario subrayaba hace poco en una entrevista, ningún otro ha quitado todavía las botas y sigue orbitando en el cosmos hondo en virtud de las semillas por sus pasos plantadas en los luminiscentes satélites que son sus nietos.

Miguel Morán, el astrofísico de El Bierzo que hace tres años reivindicó Pamplona como cuerpo de subsuelo y superficie enormemente fructíferos para el flamenco y estableció en tierras donde antaño pastaban los carriquiris de pelo rojo la estación espacial Flamenco On Fire, ha apostado de nuevo por Farruquito tras el apabullante éxito cosechado en la anterior edición en el Baluarte y el de clamor firmado también este año en la Suma Flamenca de Madrid. Esta vez, con un espectáculo nuevo: Farruquito y Familia.

Alzado ya el telón, como con pestañas bajadas de arcángel etíope o copto, descansaba silente a cada extremo del escenario una guitarra, apoyadas las dos sobre sendas sillas diseñadas, fabricadas y pintadas por alumnos del Aula Taller de Carpintería del Instituto Tierra Estella… Eran el símbolo de la presencia sutil allí, en calidad de guardianes angélicos del festival, de Sabicas y Juan Habichuela. La expectación era enorme, pues Farruquito la suscita como lo han hecho en todo tiempo las grandes estrellas y porque la afición de Pamplona ha erigido ya para él ese merecidísimo pedestal que tanta satisfacción reporta y a tanto obliga. Escribir una semblanza de este u otro de sus espectáculos no puede ser nada ni remotamente parecido a un análisis de cuestiones técnicas que, en el fondo, importan bien poco. Sólo decir, en ese sentido, que el ensamblaje de los procederes escénicos de los artistas con la proyección audiovisual inaugurada con el eco de fondo del genial Tomás Pavón y cerrada con el de Juan El Moreno ha sido realizada con gusto e inteligencia encomiables. Y bueno, tras la encendida presentación a cargo de Paco Suárez, los Farrucos con sus cantaores y guitarristas -una compañía tan sobria como elocuente en ademanes- comparecen ante el público y nos dan ya la alegría de constatar que hay ¡por lo menos una! familia flamenca que invierte en vestuario en estos tiempos de desaliño.

A Carpeta no habíamos tenido aún oportunidad de verlo, aunque le precedía el admirativo boca a boca. Es ya no tanto la firme promesa de esta egregia saga como un bailaor hecho y derecho en quien la herencia e intuiciones de Farruco se han reconcentrado para engendrar a un artista en quien el Duende respira y manda con naturalidad y soltura sumas. Y salió Farru y trazó como sobre el mapa de la Vía Láctea, cachaba en mano, unas figuras de dragones y otras criaturas de ensueño que quedarán para la historia de Flamenco On Fire y como uno de los pasajes de verdad para el recuerdo de cuantos las jaleamos. África Fernández recreó con donosura y garbo los modos y acentos por bulerías de la inolvidable Pilar La Faraona. Ahí dejó Polito su tarjeta de elegancia y coraje. Y Barullo brilló en el perfilado de un taranto macizo y serio. Por supuesto, todos ellos bailaron el cante -algo que, lamentablemente, empieza a ser tan poco frecuente como el vestir bien- y lo hicieron con majestad y regusto.

No sé qué sucede en Navarra, que Flamenco On Fire coincide siempre con fenómenos astronómicos -y, por tanto, astrológicos- no demasiado habituales, y la noche de los Farrucos vino este año a superponerse a un raro alineamiento planetario conocido como El Beso de Júpiter y Venus, lo que es tanto como decir el ayuntamiento del poder y el querer. Querer es poder, suele sentenciarse. Y la verdad es que no (o no siempre es así). No basta con querer, sino que hace falta poder, ser capaz. Y Farruquito no es Farruquito porque quiera, sino fundamentalmente porque puede, porque su amor por el arte flamenco está empapado de esencias jupiterinas. Su paso por Pamplona dejó de nuevo la estela de los planetas de natural auspiciosos y eternamente por descubrir. Y, antes de proseguir su ruta, nos presentó al nuevo satélite de la familia: su hijo El Moreno. Tres años y medio de edad y unos doscientos de sabiduría bailaora. Lo que decíamos: que no es suficiente con querer. ¡Hay que poder! Y puede… ¡quien puede!

Foto: José Luis Chaín
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