Cultura Transversal

Mario Maya y “Sacromonte”

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 11 septiembre, 2016

"JOAQUÍN

por Joaquín Albaicín – Sobre los tejados, campanarios y veletas y por entre las callejuelas y balconcillos de esta edición de Flamenco On Fire de Pamplona, festival dedicado por norma al recuerdo de un guitarrista genial que sigue contando con casa abierta –La Casa de Sabicas– a tiro de piedra de la suya de nacimiento y, este año, también a Juan Habichuela, ha venido asimismo a agitar sus élitros y planear poderosamente el numen de otro flamenco para la Historia: Mario Maya. Se cumplía el XL aniversario del estreno en la ciudad de Boabdil, Lorca y el Concurso de Cante Jondo de 1921 de Camelamos naquerar, obra de José Heredia Maya que supuso un antes y un después en su carrera de bailaor amigo de intelectuales, escritores y pintores, pues no en vano con ella rompió definitivamente en figura y pudo ver materializado su sueño -una atracción fatal incubada en sus días en el ballet de Pilar López- de que su andadura artística transcurriera primordialmente sobre las tablas teatrales.

Así que para hablar sobre Mario y lo que en aquella época representó el montaje puesto en pie por él junto al exquisito bardo que fue Pepe Heredia fuimos invitados a las Jornadas de Arte Flamenco del festival de este año, y con mucho gusto procedimos a ello templando las telas como mejor supimos, presentados como siempre por el gran Ricardo Hernández de Gaz Kaló y con la inestimable colaboración de Mara Ibarra, esposa de Mario y presidenta de la fundación que lleva su nombre. Granada, Mario y Pepe, por tanto, anduvieron de tapas por Pamplona.

Pero Mario había estado allí, además, ya en la víspera, por cuanto la artista anunciada en el Tres Reyes fue su hija Belén, bailaora y bailarina de fina escuela a quien fueron a ver y aplaudir dos Habichuela que han pegado fuerte en el festival: Pepe y Pepe Luis. Más Granada, pues. Hija del Guadalquivir y no del Darro, pero también artista de dinastía, Alba Molina, había llenado también la madrugada anterior el Tres Reyes -ese salón donde la afición escucha cantar por siguiriyas bajo lámparas de araña- de un público deseoso de sentir revivir en su voz las bulerías y tangos de Lole y Manuel.

Allí mismo, en el Tres Reyes y ante muchos artistas sentados a sus veladores -Pepe Habichuela, Vicente Amigo, Salomé Pavón, Carlos de Jacoba, Jolis Muñoz, Pepe Luis Carmona, Toñi La Pescaílla, Carlos Habichuela, Miguel Jiménez, Eva La Lagartija, Remedios Heredia, Rafael de Utrera, el actor José Maya…- volvió a aparecer Mario también después de mi charla y de las tapas y en el espectáculo Sacromonte, con el que Juan Andrés Maya quiso honrar su memoria, así como la de Juan Habichuela y Marote. Pasada la medianoche dio comienzo la gala, apenas compareció sobre el escenario una formación flamenca restallante de colorido, armada con modos y argumentos clásicos de la zambra del Sacromonte y con Jerónimo Maya en el centro de la media luna. Muchos de los olés de la noche fueron para él y su guitarra. No es ni muchísimo menos habitual que, mientras se baila, broten olés dirigidos al guitarrista, lo cual dará cierta idea de a qué altura sonó su toque, que recordó en sus melodías -sin duda, deliberadamente- al de Marote, pero entrelazado con hebras propias y, por supuesto, con ecos de Django o Ravi Shankar, cuya alma flamenca no es un secreto para Jerónimo.

Al cante se entregaron Repompilla y Juan Ángel Tirado, en tanto percusión y palmas fueron de la incumbencia de Rafi y Eli Heredia… No palpitó en esta velada tanto como habría cabido esperar el bombeo de la aorta de Mario, quien, aunque siempre cuidadoso de su forma física, fue un bailaor dechado de sutileza y suavidad y artífice de un baile un tanto intelectualizado, no tanto por influencia de sus amistades como por el natural de su temperamento, mientras el de Juan Andrés, Alba Heredia e Iván Vargas brota con contornos mucho más violentos y, a veces, con la centelleante contundencia del rayo. En la construcción de los bailes, en el afán perfeccionista de su acabado, sin embargo, resultaba patente la vitalidad y actualidad de la escuela de Mario.

En su rango de capitán de zambra, Juan Andrés Maya sigue siendo el bailaor valiente, rotundo y apasionado de sus comienzos, dotado de esa seguridad que otorga un empaque notable a cuanto hace -aquí un desplante, allá un recorte capote a la espalda- e instala en quienes lo contemplan la convicción de que su proceder es puro, sin trampa ni cartón. Es un bailaor-puente, de los que garantizan la solidez en la transmisión del legado tradicional. Su sobrino Iván, bebedor sin duda alguna de su fuente, ha acertado a dotar a su danza de acentos personales en marcajes y remates. Como Juan Andrés, sabe sostener la tensión y el hilo narrativo de los espectáculos, sin dar ni darse tregua. Ambos formaron una magnífica díada que contribuyó mucho al clímax que estaba por llegar.

Alcanzado este punto, la sensación de la noche fue sin duda Alba Heredia, galardonada en el certamen de Las Minas del pasado año y que dejó al público literalmente fascinado por el cromatismo de las múltiples energías por ella puestas en concurso. Su flamenquísima estampa, su cintura mimbreña y su dominio del compás se conjugan para perfilar una figura flamenca singular, porque, siendo fundamentalmente una bailaora que, curtida en las cuevas del Sacromonte y, por tanto, en la cercanía con el público, domina por completo los recursos gestuales que hechizan a éste en la corta distancia, la puesta en escena de su danza nos hace también pensar en una bailarina de Diaghilev soñando con El pájaro de fuego de Stravinsky. Ahí, en lo teatral y en la redondísima perfección del montaje de su baile, también “reaparecieron” de algún modo Mario y su herencia escénica, hoy quizá encarnada en Manolete mejor que en nadie. Cuenta Alba Heredia con la gran ventaja de que su propuesta estética no se parezca a la de ninguna otra bailaora de hoy que nos venga a la retentiva y, la verdad, yo la veo muy para teatro, muy para -por ejemplo- un Amor Brujo, con el que tardaría cinco minutos en consagrarse y convertirse en un nombre imprescindible y con mucho recorrido por delante. En esta madrugada, su perfecta compenetración con el toque de sutilezas astrales de Jerónimo Maya sumió a los presentes en algo parecido al trance suscitado por la mirada de la cobra, por lo que las ovaciones sonaron con fuerza de verdad.

Sólo aduciría el pero de la larga duración de sus bailes. Mas lo cierto es que el público no quiere que la cobra vuelva pronto al cesto, espera hipnotizado que siga cimbreándose, le gustan los bailes así, largos… Soy yo quien los prefiere cortos, así que el fallo, si de tal modo cabe hablar, es en todo caso mío.

Fue un placer, en fin, poder recordar a Mario Maya no sólo de palabra, sino también tomando el pulso a lo que se cuece, a lo que está brotando del caldero en el ambiente artístico del que surgió en aquellos días en que quería ser guitarrista, mientras Juan Habichuela aspiraba a llegar a figura del baile. Hoy danzan en Granada otros nombres, otras figuras (ahí está, volvemos a recordarle, Manolete con su academia en lo alto del Monte Sagrado), pero su estela sigue ahí, encarnada en sus parientes de las nuevas hornadas, de cuyo arte pudimos disfrutar en este Flamenco On Fire que también está creando tendencia y abriendo caminos y cada año homenajea al gran Sabicas en una hoguera en la que el fuego del flamenco caldea las palmas de cuantas manos se acercan a ella.

Foto: José Luis Chaín

Guardar

Guardar

Guardar

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: