Cultura Transversal

“El Pelao” y Sheherazade en el Conde Duque

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 27 septiembre, 2016

"JOAQUÍN

por Joaquín Albaicín – Camino vamos del Conde Duque, donde da comienzo el ciclo Flamenco Joven programado por Antonio Benamargo, y ya fluyen por los cauces televisivos, quiosqueros y cibernéticos noticias tan gratificantes para el planeta flamenco como la de la nominación a los Grammy Latinos de este año de Remedios Amaya -por Rompiendo el silencio– y de Antonio Reyes y Diego del Morao por su disco grabado en directo en el Círculo Flamenco de Madrid. Hay otros ecos de sociedad, claro, de los que tomar nota antes de chocar esos cinco a Pablo Sanz, coordinador del ciclo y a quien no veíamos desde los tiempos del San Juan Evangelista. Angelina y Brad se están separando. Antonio Maya expone con éxito en el Instituto Cervantes de París. Falta poco para que arranque el nuevo ciclo de cante de Casa Patas, encabezado por Luis El Zambo. La nave Rosetta de la Agencia Espacial Europea sigue su rumbo hacia el cometa 67P. Y ha muerto el padre Amorth, con lo que todos nos quedamos un poco más solos en la lucha contra el Maligno.

El Tiempo y el Maligno son, diría yo, casi un mismo ente, pues es la caída en las redes del primero lo simbolizado por el mordisco de Adán y Eva a la edénica manzana. Resulta, pues, normal que no abunden los artistas cuya arboladura y cordaje resistan con empaque el azote de sus vientos, mas no cabe duda de que uno de ellos es Toni El Pelao, estrella junto a su mujer Uchi de la primera velada, en la que, con lleno hasta la bandera, acudieron a aplaudirles insignes veteranos como Merche Esmeralda y Juan Quintero y en la que también mostraron sus cartas dos jóvenes valores: el tocaor normando Samuelito y la cantaora Filo de los Patios, a quien acompañó esa guitarra siempre rotunda y con sabor a bodega de Antonio Carrión.

Ya nadie saca esos recamados, fastuosos, áureos chalequillos con que ciñe su cintura El Pelao. Inspirado por el cante de José Jiménez, se deslizaba sobre el escenario por farruca el último mohicano de la dinastía y no pude evitar que me vinieran a la cabeza las crónicas de aquellas faenas crepusculares en Madrid y Sevilla brindadas por el Cagancho del 53 a Luisa Ortega. Pegó Toni pocos naturales, pero esos pocos fueron luxuarios y lentísimos y, echando mano del toreo de adorno, cosechó olés y regustos con esa solera suya que ni se compra ni se vende. Hubo un mágico, fugacísimo instante en que, plantado, respiró hondo y con enorme aplomo, se infló su plexo solar y pareció transfigurarse a ojos de todos en un halcón presto a alzar el vuelo. Ese momentazo valió por la biografía entera de muchos otros.

Bailaor de la generación de Farruco, Güito y Mario Maya, Toni El Pelao es -a no ser que a algún nieto o sobrino nieto dé en el futuro por calzarse los botines- el eslabón postrero de una saga grande por farruca, soleá y tangos y uno, viendo bailar a él y a una Uchi siempre elegante y ejemplo de buen gusto marcando, recuerda a su padre Juan El Pelao, recuerda a Faíco, y siente cierta melancolía al pensar que quizá esté asistiendo al canto del cisne de una prosapia egregia.

Pero llegan surcando las nubes otras aves, también con arte de herencia en unas plumas magníficamente simbolizadas por la espejeante bata lucida la noche siguiente, en su baile por alegrías, por Alba Heredia. El ambiente había sido previamente caldeado por la dulzura de la guitarra de Miguel Salado, acompañante tanto de la gaditana May Fernández como del chiclanero Samuel Serrano. En especial el segundo sorprendió con su doliente y entonadísimo cante por siguiriyas y soleá, de impecable clasicismo. Y bueno, lo que apuntábamos sobre las aves… De vuelta de su triunfo en Flamenco On Fire de Pamplona y camino de la Bienal sevillana, Alba Heredia salió a por todas y resuelta a demostrar que quiere y puede ser una de las reinas de ese aviario. Como ya señaláramos en una de nuestras columnas pamplonicas, la sobrina de Manolete incorpora a su baile pasajes no específicamente flamencos y más bien inspirados en el clásico español, y vehicula recursos teatrales y hasta diríamos que cinematográficos, como esos lapsos en que se planta con la idiosincrasia y la estudiada gestualidad de una Gloria Swanson o una Olga Chejova regalando planos para la Historia al cine mudo. Pero justamente tales licencias son las que, en parte, convierten ir a verla en algo más que ir a poner nota a una bailaora de tantas. Todo su hacer se ve realzado así por su estampa como por la firme determinación de triunfar patente en sus remates y dibujos de brazos, así que su danzar –muy bien, al cante, Johnny Cortés- fue algo así como el contrapunto cronológico y epocal al de Toni El Pelao y Uchi. Celosa como ellos del vestuario, dominadora también de los efectos escénicos, Alba Heredia encarnó la energía volcánica recién salida del cascarón y abocada a tomar el testigo, aspiración y destino incontestablemente refrendados por un público entusiasmado.

Y bueno, yo sigo viéndola como cabeza de cartel hoy con pocas rivales en un Amor Brujo o en alguna fantasía flamenca inspirada en motivos del Creciente Fértil donde fueron alumbradas las narraciones de Sheherazade. Es, claro, una impresión, un parecer… ¡Ya se verá por dónde tiene la vida escrito que encamine sus pasos artísticos!

Foto: José Luis Chaín

 

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