Cultura Transversal

Las reliquias de San Serafín

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 4 octubre, 2016

"JOAQUÍN

por Joaquín Albaicín – Ya recogidos los confetis de la fiesta que se pegaron la noche antes los artistas participantes en el homenaje tributado en el Apolo al mayor de los Sordera y en vísperas del chupinazo de salida -con Luis El Zambo– del nuevo ciclo de cante en la Sala García Lorca, se puede decir que arrancó de verdad la temporada otoñal de Casa Patas con un cartel atractivo y con mucho que comentar y jalear. Al anuncio de dos buenos bailaores –Saray La Pitita y David Paniagua- se sumaba la guitarra de lujo de Jerónimo Maya como artista invitado. Sobre el cajón de ritmo, Antonio Losada. En la media luna cantaora formaron Antonio Amador El Ciervo y la garganta en ascenso de Samara Losada y, junto a ellos y haciendo su primer paseíllo en Madrid, Miguel Jiménez, cantaor riojano afincado en Pamplona, donde regenta junto a Eva La Lagartija la academia de baile Cuarto de Corralillos. Miembro en su día de Siroco, conjunto en la línea de La Barbería el Sur que -inmerecidamente- no trascendió las fronteras locales, protagonista junto a Jerónimo de una de las balconadas de Flamenco On Fire de este año, declaraba por la mañana a Pablo Garcia Mancha, para Diario de la Rioja, que se sentía como Roca Rey a mitad de la faena de San Isidro. Ya era hora, la verdad, de que se le escuchara en la capital.

También desayunando leí que, en una Soyuz y prendidas al pecho de un cosmonauta, Rusia va a trasladar pronto a la Estación Espacial Internacional, donde permanecerán durante ciento quince días, las reliquias de San Serafín de Sarov, canonizado en tiempos del último Zar y que, según la tradición ortodoxa, resucitará, como Enoch y Elías, poco antes del Fin del Mundo para predicar el Reino. La verdad es que mientras escuchaba el toque por tangos y soleá de Jerónimo Maya sentí algo así como si viajara yo con adormecida lentitud por el cosmos junto a las recuperadas reliquias de San Serafín hasta una ISS donde me esperaran la Gran Duquesa Anastasia y Gagarin para dar cuenta de una copa y de un plato de jamón de Jabugo. Además, como Miguel Jiménez, a fuer de poner de manifiesto sus tablas cantando para el baile, denota en su cante querencia hacia los sonidos añejos legados por Juan Talega o Terremoto, me acordaba de lo de Roca Rey. Así que se amalgamaban en mi sentir el sonoro silencio del espacio profundo con las ovaciones cerradas de Las Ventas.

Al fin y al cabo, en estos tiempos de urgencias, apremios e información procesada a velocidad de vértigo, la música gitana no deja de ser una reliquia orbitando a su bola alrededor de la Tierra como pronto orbitarán las de San Serafín. Jerónimo Maya ejecutó un toque por soleá que requiere siglos de fermentación y cuya velocidad se mide en años luz debido sólo a lo reposado y suave de los remates que lo jalonaron. He de decir, en honor a la verdad y echando por delante mi admiración y respeto a todos los grandes guitarristas del ayer y el hoy, que nunca he escuchado una soleá compuesta desde un concepto tan ambicioso, tan rica en matices y lecturas, tan hindú y tan gitana, tan añeja y tan avanzada como esa con la que Jerónimo Maya, con el ceño propio de quien es consciente de la trascendencia del momento, arrancó los olés en esta velada del Patas.

Aparte de la del exitoso debutante Miguel Jiménez hubo, decía, otras voces en liza. Samara Losada quizá sea, entre las cantaoras más jóvenes a quienes he escuchado, la que con más sabor, aire y autenticidad da vueltas -seguimos orbitando- sobre el fuego a la bulería. En los tangos que interpretó alante brotó en varios momentos ese impulso salvaje por que se distingue el cante de su padre, Amador. Y ¡qué flamenco rasga el aire el eco del Ciervo, siempre desgarrado, siempre quemando como una estrella que se agota y renace de sus cenizas con el ¡Viviré! camaronero en el corazón!

Y hubo baile del bueno. Si dirigimos la vista hacia la cantera de bailaores jóvenes, los botines de Paniagua se cuentan, para mi gusto, entre los más dotados de musicalidad. Porque hay o debe haber, sí, una musicalidad en los pies que, en el caso de la mayoría de los bailaores de hoy, se obvia y pierde. A la elocuencia de sus tacones une Paniagua remates y marcajes elegantes y de sabor antiguo, y por eso sus comparecencias ante la afición se cuentan por éxitos. Veíamos por vez primera a Saray La Pitita, que trae de Granada una flamenquísima estampa y un baile por soleá valiente y bien moldeado, sin aditamentos y centrado en lo esencial –planta, compás, convicción- que desgrana con naturalidad encomiable. Seguro que la veremos más veces sobre este escenario antes de que las reliquias de San Serafín culminen su viaje interestelar, en el que -me parece- las han precedido algunas de uno de los santos más gitanos: San Jorge.

Y bueno, aquí les dejo por hoy… ¡Hay que darse prisa si se quiere cruzar la Plaza de Santa Ana y llegar al Callejón antes de que Dolores y Mistela echen el cierre!

Foto: José Luis Chaín

 

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