Cultura Transversal

Terror en el Museo de Cera

Posted in Autores, Cine, Joaquín Albaicín, Libros, Publicaciones by paginatransversal on 1 noviembre, 2016

"JOAQUÍN

por Joaquín Albaicín – Apenas llego al Museo de Cera, su director, Gonzalo Presa, observa que desde los tiempos del celebérrimo playboy Porfirio Rubirosa no veía a nadie apoyar sobre el hombro derecho con ese donaire la mano con que se sostiene el maletín. La verdad es que la comparación no me desagrada. Me comenta después que ha remitido a la Condesa de Romanones -¡Gonzalo, siempre en las alturas!- mi artículo del otro día sobre las memorias de John Le Carré. ¿Qué opinión habrá merecido a La Espía que Vestía de Rojo? Por si las moscas, miro a mi derecha e izquierda y también atrás antes de entrar con sigilo al museo. Dejo atrás a Banderas, a Rafael El Gallo, a Baroja, a Hernán Cortés, al carrusel, flanqueo la Última Cena y a Santiago de Compostela -en realidad, una estatua de Gadaffi posteriormente reciclada- y, por fin, alcanzo la Sala de los Espejos, donde va a celebrarse la presentación de Terror en el Museo de Cera, del escritor y realizador cinematográfico Víctor Matellano.

En torno a una mesa sobre la que reposan dos cráneos pelados y otros tantos candelabros de plata maciza, montan guardia Freddy Krüger, dos momias y Paul Naschy, además de Michael Myers -asesino en serie de La Noche de Halloween de Carpenter- y Jason, su homólogo en Viernes 13. Se trata de recordar una película maldita de Naschy, algunas de cuyas escenas fueron rodadas aquí y que, por no poder su director terminarla, no llegó a ser montada, ni sonorizada ni nada. “Ni siquiera quedan, que se sepa, fotos del rodaje”, observa su hijo Sergio Molina. El guión, desaparecido durante años, ha sido descubierto hace poco y la editorial Sial Pigmalión ha resuelto publicarlo junto con un ensayo dedicado por Matellano a las películas de miedo cuyo argumento transcurre en museos de cera. Por cierto que también nos acompaña -representado por su estatua, obra de Colin Arthur- Jack Taylor, protagonista de Wax, el largometraje dirigido por él en torno al asunto.

Bajo la atenta vigilancia de Michael trinchete en ristre, Gonzalo Presa toma la palaba para advertir que no saldrá vivo de esta sala nadie que no se lleve consigo el libro, consejo que el ruido de las cuchillas dactilares de Freddy sugiere que sería sensato seguir. No parecen, sin embargo, muy preocupados ni Molina, ni el autor, ni los editores Miguel Losada y Basilio Rodríguez, sin duda por tenerlo ya.

A fuer de la pertinente ficha de las películas inspiradas por tan cerúlea atmósfera y de algunos pormenores sobre el rodaje de la cinta perdida de Naschy, el libro incluye una jocosa carta dirigida por Juan Madrid al juez eximiendo de toda responsabilidad al Museo de Cera de la capital cuando, por encargo de Radio El País, ya se aprestaba a pasar una noche a solas en su Sala del Terror. Abunda, además, en curiosidades históricas: las cabezas de cera de Luis XVI, María Antonieta y Robespierre hoy expuestas en el Museo de Cera de Madame Tussaud de Londres, primero del mundo y con sucursales por doquier, fueron modeladas por la fundadora de la franquicia en los días de la Revolución Francesa, a partir de las auténticas cabezas cercenadas de los personajes. De hecho, la hoja de guillotina exhibida junto a ellas es la que decapitó a María Antonieta.

No vemos por aquí a Marta y Loreto Valverde, exuberantes starlettes de la desaparecida película de Naschy, tal vez porque, como señala Matellano, en el rodaje pasaron, en su día, un poco de miedo. Nosotros, la verdad, nos inquietamos un punto cuando, al acabar la ceremonia, una fémina se acerca a Gonzalo y le felicita:

-Quiero darle las gracias por devolverme a mi infancia. Sepa usted que la única vez que, siendo niña, mi padre me sacó de paseo, me trajo aquí: al Museo de Cera.

Por un momento, me pregunto si acto seguido no va la buena señora a sacar del bolso un machete y abalanzarse sobre él antes de acabar también con Jason, Michael y la momia, pero todo transcurre, por fortuna, en el marco de la más estricta cordialidad mientras Víctor Matellano firma libros a cuantos, comprensiblemente, desean salir de esta vivitos y coleando y los monstruos juegan a asustar a los escasos niños presentes. Aprovecho el momento para ir deslizándome del modo más discreto posible hacia la salida.

Ya en la calle, otra vez maletín al hombro a lo Rubirosa y con el libro dentro de él, el agua de la lluvia me refresca la cara y respiro hondo. ¡La vida empieza mañana!

Foto: José Luis Chaín

 

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