Cultura Transversal

Paño del bueno

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 15 noviembre, 2016

"JOAQUÍN

por Joaquín Albaicín – Amanecidos con la noticia del tránsito de Leonard Cohen al lugar donde se escriben las buenas canciones, pocos lugares mejores donde, ya puesto el sol, brindar por él que la Sala García Lorca de Casa Patas, así bautizada en honor al poeta cuyos versos hechizaron al judío errante que brindara en el Palace con Morente cuando ninguno de los dos pensaba que estuviera aproximándose su Omega.

Asuntos odontológicos nos impidieron el viernes pasado asistir al recital de Paco del Pozo, de lo cual se congratularían quienes, gracias a nuestra ausencia, encontraran mesa libre. Paco, en torno a quien se apiña una de las peñas más activas de Madrid, anduvo sus primeros pasos junto a Paco de Antequera, a quien tantas veces -¡años ha!- escuchamos rasguear a la izquierda de Chato de la Isla. Frecuentó después a otro tañedor importante -Felipe Maya- y su familia. Ganó una lámpara minera. Estudió los arcanos del Tarot. Se sacó un cinturón negro de judo. Formó tándem escénico con el poeta Félix Grande. Grabó un disco cantando las hazañas lidiadoras de la dinastía de los Ordóñez, Dominguín y Rivera… Todas estas influencias y una desmedida afición han desembocado, en fin, en un perfil de cantaor clásico y ortodoxo al que da gusto escuchar. Pronto saldrá su nuevo álbum –En este momento– producido por Paco Vidal y con el concurso de seis sonantas: la del productor más las de Manolo Franco, José María Gallardo, Antonio Carrión, Juan Ramón Caro y José Luis Rodríguez.

En tanto sale el disco, plantados ya a la puerta del Patas e intentando captar su wi-fi, saludamos a Cancanilla de Málaga, quien a propósito del artista de esta noche, Perico El Pañero, nos asevera: “Es de los mejores que hay ahora. Los cantes de Tomás, los hace para morir”… Ya en la barra, se palpa que el ambiente sigue en tono alto, pues los carteles del ciclo incorporan un puñado de nombres de interés, y Juan Castellón nos habla del disco recopilatorio -ya en la calle- del Noi, uno de los reyes de la rumba, y de su propuesta al Ayuntamiento de que ponga a nombre de su tío, El Príncipe Gitano, una calle en las inmediaciones de la Plaza de Santa Ana, escenario de tantas de sus hazañas galantes y bohemias. Aparece Alejandro Escribano, conductor del espacio de radio Círculo Flamenco. Y Miguel El Rubio. Y Gabriel de la Tomasa. Y María Larroca. Y los hermanos David y Carlos de Jacoba, protagonistas hace nada de una triunfal noche en el Café Berlín. Y Pola, que promete pasarnos el libro de Bollaín sobre Belmonte.

El Pañero es cantaor joven y de alta estatura, que toma asiento muy derecho sobre la silla y emana aura de buena sombra. Vástago de una familia gitana afincada en Algeciras, le viene el sobrenombre de un abuelo dedicado a la noble venta de telas y es lógico que ese sabor a errabundez vaya de modo innato incorporado a su cante de aristas antiguas, textil sobre el que, como pronto vamos a constatar, ninguna manchita ha venido a caer para mermarle el valor. Suenan los primeros compases de la guitarra de Antonio Carrión y da comienzo la velada, en la que, en los estilos rítmicos, tendrán el gusto de aportar el compás de sus palmas dos buenos cantaores: Pola y Cancu. Rotundo y flamenquísimo metal distingue por soleá al Pañero, que por ahí y por tangos se centra en los estilos de Triana y alrededores, esparciendo aromas de Joaquín el de la Paula, Manolito de María, Talega y Mairena, si bien con acentos propios y, como nos avisara Cancanilla, muy filtrados por la querencia tomasiana. Incluso por taranta suena a soleá y a Triana, por lo cual por fandangos nos desconcierta un tanto, pues los esperábamos chocolateros y se decanta por Huelva, pero bueno: el enigma de por qué se toma a veces una decisión, y no otra, forma parte indisociable de la sal de la vida.

Equipado con unas maneras y un eco obviamente destetados y templados en las fiestas familiares, se nos muestra El Pañero como cantaor transmisor del flamenco más añejo y rancio, dotado con el carisma imprescindible para entablar con gusto y éxito diálogo gestual con la audiencia y que dice el cante –un cante al que encaja a la perfección la compañía de la sonanta melchoriana de Carrión- con rotundidad y señorío. Por momentos resulta patente la influencia del inolvidable Paco Valdepeñas curtido en las juergas de Utrera, y en particular nos llega la excelencia con que El Pañero liga los tercios en las bulerías por soleá, que nos parece que son su palo junto con la siguiriya, por donde rompe y su dominio y paladar arrancan los olés en varios pasajes. El paño que vende es del fino, por lo que la afición de la capital le esperará siempre con caluroso anhelo.

En breve y sobre el mismo escenario, los extremeños. Y después, Jerez: Juana la del Pipa, Vicente Sordera y Lela Soto. Procuraremos no perdérnoslos.

Foto: José Luis Chaín

 

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