Cultura Transversal

“El Corral de la Morería”, cuatro discos y un cantaor a rescatar del olvido

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 8 diciembre, 2016

"JOAQUÍN

por Joaquín Albaicín – En las Vistillas, muy cerca de donde tuvo su estudio Ignacio Zuloaga y a tiro de piedra de la antigua judería de Madrid, sobre la que hoy se alza la Catedral de la Almudena, abre desde hace sesenta años sus hospitalarias puertas el Corral de la Morería. Mucha historia es la atesorada por el Corral, de donde no es de extrañar que se esté preparando un libro que la recopila. Del Corral salió Antonio Gades convertido en estrella y el Corral pasaportó a María Albaicín a la portada de LIFE y a La Chunga al Show de Ed Sullivan. Entre sus cuatro paredes danzaron Mario Maya, Rosario y Los Pelaos, presentó Paco de Lucía Entre dos aguas y reverberaron los excelsos ecos de Gabriel Moreno por minera, La Paquera, El Pili, El Sevillano, Aznalcóllar y Porrina y las cuerdas de la sonanta de Sabicas. Siempre que volvemos allí nos parece que va a salir a recibirnos con los brazos abiertos y el pañuelo hundido en el bolsillo de la americana don Manuel del Rey, anfitrión de jovial talante y exquisitas maneras que se han perpetuado en Blanca del Rey y sus hijos, hoy al frente de este tablao de postín, punto de encuentro internacional de la ciudadanía flamenca y donde es siempre un placer saludar a Juan Manuel del Rey, cuyos padrino de bautizo fue Gades, quien, denotando gran visión de futuro, regaló al recién nacido una bicicleta y el libro Vida sexual sana. Estoy seguro de que el bautizado hizo a la edad pertinente adecuado uso de ambos obsequios.

La reunión más reciente en él celebrada ha venido a cuento de la recuperación por Universal Music -con motivo de las seis décadas que lleva abierta esta casa flamenca- de cuatro discos grabados en ella entre los años 50 y 70 por algunas de sus voces más emblemáticas y que el diáfano texto de José Manuel Gamboa que las acompaña nos ayuda a situar en su contexto histórico. Con Blanca del Rey -que acaba de recibir uno de los Premios de Honor del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba- como maestra de ceremonias y la ayuda de Gamboa, Arcángel, Couso -de la casa de discos- y La Chunga, la obra fue presentada en sociedad ante una nutrida representación del mundo hondo de la capital.

Allí estaban dos guitarras más que influyentes en el sonido de la casa: las de Felipe Maya y su hijo Leo de Aurora (el tercero de la saga, Jerónimo, andaba cumpliendo compromisos artísticos en Santander, Vitoria y Pamplona con Miguel Jiménez y Eva La Lagartija). Hicieron acto de presencia el cante añejo de María Vargas y el que viene empujando de Antonio Ingueta. Y la siempre recta espalda del gran Toni El Pelao, reciente triunfador en el Conde Duque. Y las plumas veteranas de Javier de Montini y Alfredo Grimaldos junto a las de más reciente alternativa de Rafael Manjavacas, María Larroca y David Calzado. Y Miguel Espín, y Juan Verdú con Enrique Jiménez Furu. Y el mundo de la radio, representado por Teo Sánchez y Alejandro Escribano. Y el incombustible Pepe Habichuela acompañado por Pilar Lezama, de Flamenco On Fire… Y, sobre el escenario, el baile bravo y encastado de Belén López, que anda desde hace un tiempo cosechando éxitos allá donde hace sonar sus zapatos de baile.

Por supuesto, que el Corral de la Morería cuente con una Estrella Michelín merced al buen arte de su chef David García torna aun más gratos, si cabe, estos encuentros y la degustación tanto de la torrija con helado como de la mousse de bacalao constituyen excelente antesala para la escucha de los álbumes, de los que recomendamos elegir como obertura la danza árabe de Sabicas, que parece introducirnos en una fantasía oriental del Hollywood en technicolor. ¿Qué más suena en estos surcos? El Entre dos aguas grabado por Paco y Ramón de Algeciras la noche de puesta de largo del histórico LP. Una media granaína y unos soberbios jaleos de Porrina. Los banderilleros en el redondel de Gabriela Ortega. La guitarra de Antonio Arenas secundando los melismas de Jarrito. Fosforito por taranto y alegrías. Antonio Mairena por tanguillos con Melchor a la guitarra. Un poema en honor de La Chunga declamado por Alberti. Varios toques de Juan Serrano. La vibrante Paquera con Manuel Morao. Un reciente directo por tangos de Arcángel con Dani de Morón y Miguel Ángel Cortés. Un zapateado de Toni El Pelao. Dolores de Córdoba por fandangos. La Chunga por bulerías. Fandangazos también de María Vargas. Las guitarras de Enrique Escudero y Paco del Gastor. El Gitano de Valladolid con Félix de Utrera en unos tientos de sabor extremeño. Gabriel Cortés, pareja artística -celebrada durante años- con su mujer, La Bronce. La recordada Perla de Cádiz. La bulería de Orillo de Chiclana

Y dejo para el final a un cantaor que, durante un tiempo, fue para mí un misterio. Tenía en casa una foto de 1936 en la que junto a Caracol, Pastora Pavón, mi abuelo Rafael, Argentinita y otros, posaba al lado del primero un gitano a quien no identificaba. El mismo hombre aparecía, también junto a Caracol, en una foto tomada cosa de treinta años después durante una fiesta en Pino Montano, la finca sevillana de los Gallos. Andando el tiempo, mi suegra puso nombre a su cara:

-Era Felipe de Triana, íntimo de mi padre.

Más adelante, una noche de tertulia en Casa Patas, Antonio El Rubio me habló de él, de lo excelso de su cante y de su baile. Bueno, pues por fin he logrado escuchar su eco, ya que en el tercero de estos volúmenes se incluyen unas bulerías por soleá de Felipe de Triana (Felipe Heredia Vargas – Sevilla, 1906 / Madrid, 1969), melismas verdaderamente luxuarios que, por sabor, acentos y gusto en el decir el cante, constituyen una de las joyas de esta colección. Probablemente haya muy poco grabado de él, pero no cabe duda de que se trata de un cantaor a recuperar. Tiene razón Antonio El Rubio: daba –y da- cien vueltas a unos cuantos. Así que ya saben: el cantaor que tanto me intrigaba pasó también por el escenario del Corral.

Cuatro discos, en fin, con sal para todos los oídos y mucho que descubrir. ¡El Corral de la Morería y sus misterios! Claro que gracias a las grabaciones, a veces, las paredes hablan y, tantos años al cabo, podemos nosotros asomarnos a ellos. Sin dejar de mirar atrás, no perdamos el hilo, por tanto, a sus sabores y misterios presentes y futuros.

Foto: José Luis Chaín

 

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