Cultura Transversal

Franzen, “El Potaje” y las aves

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 13 diciembre, 2016

"JOAQUÍN

por Joaquín Albaicín – Horas antes había circulado el rumor de una amenaza de bomba en la Gran Vía, lo cual no fue óbice para que el Café Berlín se llenara hasta la bandera de público anhelante de presenciar la actuación de Pellizco del Foro, el grupo liderado por Antonio El Potaje, cantaor entroncado en la tradición y en positivo ascenso en la curva de popularidad entre la afición capitalina. Nieto por línea materna de Pedro Jiménez El Pili, que fuera durante muchos años uno de los grandes del cante para el baile, es también en cuanto a su estirpe paterna pariente de María Albaicín, de Ray Heredia y de muchos otros flamencos que lo son tambien míos. Su tía es la madre de Chaleco, otro cantaor para degustadores de lo bueno, lo que le convierte en sobrino político del personalísimo Antonio El Chaqueta. Así que, en medio de tanto fuego cruzado de grandes artistas, Antonio El Potaje no podía sino sonar con voz propia.

Todas las artes están hermanadas de algún modo -ahí está el cine preservando para la historia las noches de Casa Patas gracias a la cámara de Jorge Biancotti, programador en el Berlín de las galas de blues– y la fraternidad entre literatura y cante queda cabalmente expresada hoy en inmejorable ensamblaje, a mi entender, en las figuras de Jonathan Franzen -quizá, el novelista estadounidense en nuestro tiempo más famoso- y El Potaje, pues si el primero pasa horas y horas observando aves con sus prismáticos y no hay día en que no descubra algún maravilloso enigma en el plumaje del guacamayo mil veces visto, el segundo vive a su vez rodeado de jilgueros a los que mima y alimenta con paciencia infinita a fin de extraerles ya el canto llano, ya el natural y en los que no sé si se inspirará para romperse por minera o tangos, como decía Farruco que él había “aprendido” pasos de baile de los caballos a los que, en su niñez, veía caracolear en las ferias.

Paso a paso, sin estridencias, El Potaje se ha convertido en uno de los cantaores más apreciados por el melómano bohemio que en Madrid no renuncia ni a salir de noche ni a perseguir el aleteo del duende. Su eco gitanísimo y su confianza en el corazón como fundamental motor del cante nutren el prestigio ganado, aval de su anuncio en los carteles del Café Berlín al frente de Pellizco del Foro, conjunto con el que se ha presentado ya en varios escenarios de la capital. La banda conforma un conjunto ejecutor de lo que podríamos llamar flamenco de cámara, en el que los tirabuzones oscuros dibujados por Pablo Rubén Maldonado sobre el tecldo del piano, la percusión de Guillermo García -secundado en esta ocasión por la siempre vibrante y rotunda de Julio El Indio– y la guitarra de Carlos Orgaz forman la base rítmica de fondo.

Más allá de las naturales influencias recibidas de Camarón, Caracol o Chaqueta, el de Potaje es oído que ha escuchado mucho y eco que resuena con acentos rancios y dolencias de peso. Rompió con autoridad por taranto para seguir con unas alegrías en las que combinó el rajo del martinete con la dulzura del bolero y presentar después credenciales de gran categoría cantando por soleá con aroma de tablao antiguo a las bailaoras Vanesa Losa -de espléndido y ceñido rojo- y María Keck -creyente en el poder terapéutico de la danza- que arrancaron aplausos con su danzar de impecables registros y no poca donosura. Guillermo García aportó su versión del Me llamo Juan de Lebrijano como Orgaz y Maldonado sus respectivos solos, y señalemos, además, como colaboración de lujo, esas jaleadas bulerías de Chaleco recordando los aires de su padre que él siempre borda con convicción y flamenquísimo aire.

La tradición judía y musulmana enseña que, en el Paraíso, Adán departía con Eva y los animales en verso porque hablaba el Idioma de los Pájaros, ese que después aprendió también Salomón. A la lengua hablada en el Edén era a la que, con ese nombre, se referían también en la Edad Media los Fieles de Amor y Dante. Curiosamente, en una antigua leyenda, es con el pájaro llamado martinete con el que Adán charlaba,dato que no sé si nos autoriza más que otros -para empezar, la condición de perpetuo exiliado del pueblo gitano- a señalar el flamenco como una música de nostalgias paradisíacas. Desde luego que para escribir o cantar con cierta excelencia se hace preciso estar dotado de determinadas alas y que esas alas, lo mismo Franzen que El Potaje, las tienen. ¡Que sigan volando alto!

Foto: José Luis Chaín

 

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Una respuesta

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  1. EVA said, on 16 diciembre, 2016 at 2:51 am

    Gran escrito, me encanto


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