Cultura Transversal

Muertes en el campus

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 11 febrero, 2017

"JOAQUÍNpor Joaquín Albaicín – Hace unos años, quedé tan intrigado como impactado al conocer la noticia del asesinato de un tiro, en unos aseos de la Universidad de Chicago, del profesor Ioan P. Culianu, historiador de las religiones, discípulo de Mircea Eliade y autor de una obra de rara lucidez –Eros y magia en el Renacimiento– en la que erudición y gusto literario se amalgaman en singular yunta. En su momento, y tras la investigación escrita sobre el suceso por Ted Anton –El caso del profesor Culianu-, decidí componer también yo, para una revista, un ensayo sobre la vida, personalidad y muerte de éste, un crimen que creo que sigue sin resolverse pese a haber sido señalados como sospechosos del mismo otros profesores, alumnos a quienes la víctima tiraba el tarot y, al parecer, involucró en juegos de rol “mágicos”, ex agentes de la policía secreta de Ceausescu y antiguos nazis rumanos en el exilio.

Me he acordado de la historia de Culianu leyendo una novela corta publicada por Plataforma y que gira en torno a celos y disputas entre docentes y la agresión a tiro limpio de un profesor contra otro en un instituto de Los Ángeles: Míster Señor Brown, de Francisco J. Tapiador. Es una novela curiosa, aunque sólo sea porque sólo al término de la misma te es revelado el sexo y origen étnico de algunos de sus protagonistas, al estilo de aquella de Toni Morrison en que hasta el final no te dabas cuenta de que el protagonista era negro y todas las zancadillas, barrabasadas y golpes de “mala suerte” que se veía obligado a encajar eran debidos a la discriminación racial. En la novela de Tapiador, lo que prima como motor impulsor del crimen -y del planeta en general, diría yo- es fundamentalmente la envidia –el telón de fondo es aquí el acoso laboral- y, claro, la consiguiente mala leche generada por el sentimiento de insatisfacción que la distingue.

Algo que hasta cierto punto sorprende de estas novelas sobre desmanes cometidos por figuras del mundo académico o de la lectura en la prensa de sucesos acontecidos en el mismo ámbito es el perfil tan poco victoriano predominante, lo mismo en los escenarios que en las víctimas. A modo de contrapunto, hablábamos en algún artículo anterior sobre la elegancia, clase y buenos modos exhibidos por los asesinos de ficción de la Inglaterra todavía imperial, entre los cuales los de Agatha Christie descollaban con especial porte por su planificación de los asesinatos de modo que tuvieran lugar durante un crucero por el Nilo, en la sala asiria del Museo Británico, una linajuda mansión llena de armaduras o el exquisito restaurante del Orient Express. Debe decirse, pues es de justicia, que el asesino de La musa oscura de Armin Öhri, recién publicada por Impedimenta, se parece en sus despiadados y crueles métodos a los asesinos modernos, sí, pues no en vano el autor es un narrador de hoy y en los comienzos de su carrera, pero también que su dominio de la lógica se remonta a aquellos tiempos en que los estudiantes eran obligados a memorizar y aprender de verdad el temario. Entonces no resultaba de recibo que un científico fuera una autoridad mundial en hormigas pero incapaz de, por ejemplo, leer en latín La guerra de las Galias. Y es que, cuando -como recordara Macmillan- aún no había desaparecido la dulzura de vivir, las universidades no producían ceporros.

Pero nunca es demasiado tarde para aprender algo, la verdad, y, si el detective de las novelas de Phillip Kerr nos lleva al Berlín de la posguerra, el nazismo y Weimar, el de Öhri lo hace no al victoriano ni al eduardiano, pues nunca en Alemania reinaron ni la Emperatriz Victoria ni su hijo, pero sí al guillermino de Bismarck, que tampoco está mal y necesitaba un empujón en ese sentido. Gracias a la novela de Öhri nos enteramos de que el ser humano suele medir, en altura, más o menos siete veces la medida de la cabeza. O que en tiempos del daguerrotipo, es decir, en la prehistoria de la fotografía, cuando había poca luz, la policía empleaba para retratar el cadáver y la escena del delito a dibujantes como el héroe de esta novela. El villano es aquí, además, un intelectual fascinado por la quintaesencia del mal, o sea: un Hannibal Lecter y, por tanto y en virtud de su culto al método y la ironía robótica, un hijo del cientifismo prometeico del XIX, del que también otros protagonistas de esta novela descollan como acertadas recreaciones. Así que, si -desde el punto de vista de la cronología literaria- el asesino de esta novela “desciende” de Lecter, no deja tampoco de ser, por idiosincrasia, claramente antepasado suyo.

Es muy de agradecer que tanto Öhri –desde su Berlín ya desaparecido- como Tapiador –desde los institutos yanquis, espacios que junto con campus y gasolineras arrojan cada año un espeluznante balance muertos por impacto de bala- nos ahorren detalles escabrosos, cultivando ese respeto tanto hacia el muerto como hacia el lector ya exhibido por Vargas Llosa cuando quiso contarnos el trágico fin de Palomino Molero. Claro que, en estos menesteres, lo preocupante no guarda relación alguna con el estilo literario de Tapiador u Öhri, sino con el dato de que la gente dedicada hoy -ya en la vida real o en la de ficción- a matar en universidades o institutos, pese a tratarse de individuos doctorados en una o dos carreras y de quienes se espera que enseñen a los jóvenes a circular por la vida con una cierta brillantez, suela denotar tan poquísima pulcritud y metodología, además de nula imaginación y una carencia absoluta de talento. ¡Nada que ver en tal sentido, por ejemplo, el asesino de Öhri –cuyos rasgos sibaritas ya hemos apuntado- con el de Tapiador o el de Culianu! Porque… ¡Matar de cualquier manera! ¡Liarse a tiros, como cualquier borracho! ¡Y siendo profesor de Ciencias Ambientales, supuestamente responsable de propiciar un buen clima anímico! ¿Qué ejemplo estamos dando a nuestros hijos?

Volvamos a los días del Káiser, señores.

Foto: José Luis Chaín

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: