Cultura Transversal

En un lugar de Siberia

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 4 marzo, 2017

"JOAQUÍNpor Joaquín Albaicín – Comprendidas las urbanas, las leyendas son trenzadas siempre por la realidad, bien por la dura y tangible que nos depara sorpresas diurnas o vespertinas o bien por la más evanescente del mundo feérico. Así, Bajo los montes de Kolima, encuadernado en su colección de novela negra por Salamandra, sirve a Lionel Davidson para evocar las relativas a determinados experimentos al parecer ordenados en su día por Stalin desde aquel despacho suyo en el Kremlin en el que las luces nunca se apagaban y tendentes a la creación de una rama de simios inteligentes -futuros obreros y soldados perfectos- y, en general, todo aquel mundo soterráneo de hombres de ciencia -Korolyev, Tupolev…- caídos en desgracia a ojos del Partido y, luego, oportunamente repescados de los gulags donde habían perdido ya casi todos los dientes para asumir desde el anonimato la dirección de la batalla por la conquista del Cosmos y otras menudencias.

Algunas de aquellas fantomáticas ciudades secretas, inexistentes para los cartógrafos y cuyos residentes eran exclusivamente investigadores de alta cualificación e inmersos en proyectos más o menos visionarios, deben aún seguir en pie. No todas, pues ya a principios de los 90 destapó la prensa internacional la ruina en que vivían sumidos los ciudadanos de una de las principales, Akademgorodok, convertidos de la noche a la mañana en miserables soviéticos de a pie, clientes de economatos tan vacíos como sus bolsillos. Pero sin duda que las hoy deshabitadas han sido reemplazadas por otras, y tal es el marco en que transcurre la novela de Davidson y que le sirve para ilustrarnos sobre de qué ingeniosísimos modos puede un agente secreto burlar la vigilancia de los servicios de inteligencia de Putin y ser introducido de tapadillo en el más remoto rincón del Extremo Norte ruso, y sobre con qué sutileza puede pedirse desde dichos confines ayuda a un organismo de espionaje foráneo con la seguridad de que la respuesta no se demorará más allá de un par de años.

En realidad, aquellos sueños fantacientíficos -de creer a genetistas punteros del presente como Salvador Macip o Aubrey de Grey- no serían tan quiméricos. Esto, al menos, aseveraba el primero hace nada en una entrevista concedida a La Vanguardia: que la manipulación celular que permitiría alargar –manteniendo excelentes condiciones físicas y mentales- la vida del hombre hasta los doscientos años o “mejorar” a un individuo haciéndole más inteligente, más aficionado a la música o menos rubio sería operación ya perfectamente factible hoy, impidiendo tan sólo su puesta en práctica ciertos límites legales y principios éticos más o menos en vigor. Así que convertirte en un piel roja de Canadá con variopinta formación universitaria, experto en técnicas de combate cuerpo a cuerpo y manejo de armas y vehículos de guerra y políglota en tropecientos idiomas -incluidos varios de pueblos aborígenes- en virtud de no se sabe qué reclutamiento o instrucción podrá ser, a la vuelta de treinta o cuarenta años, algo al alcance de todos. ¡Será cosa de una simple elección de perfil! Partir hacia Siberia -como Porter, el nada convencional agente protagonista de la novela- en busca del cuerpo perfectamente conservado -en un glaciar y, luego, en un laboratorio- de una bellísima fémina cromagnon carecerá para entonces del menor interés, y las hazañas cinematográficas de Tom Cruise o Daniel Craig nos parecerán torpes ensayos simiescos, infantiles tentativas de chimpancé en comparación con nuestras apasionantes vivencias cotidianas.

Además, de cara a realizar proezas de toda laya, podremos permitirnos prescindir por entero de mezclarnos con los primitivos personajes que pueblan el rudo y putero mundo de los camioneros siberianos. El Porter de Davidson, Bond, Jack Ryan… se están quedando antiguos sin darse cuenta.

Bajo los montes de Kolima llega a nuestras manos, además, ionizada con las claves cifradas que nos descubren nuestra vida como un cansino y perpetuo intento de avanzar a paletada limpia al volante de un quitanieves y, también, como una persecución no menos carente de sentido y acometida con el concienzudo afán de cubrir objetivos inanes tanto para el perseguidor como para el acosado. Mas no hay que inmutarse por nada si se quiere seguir en el juego, y eso lo ha entendido Porter con la impasibilidad de androide que es ley en estos tiempos. Eso sí, sin dejar de ser – como Bond y Bourne- fiel a su manera a sus hembras, lo cual le honra.

Me viene a la cabeza la impresión, y la suelto, de que Corea, tierra poco frecuentada por la novela negra, se resistiría a Porter un poco más que la Rusia de Putin. Pero eso no tardará en dejar de ser un problema. Kim Jong-Nam, hermanastro del Amado Líder que un día quiso volar como polizón hasta la Disneylandia japonesa y fue, por ello, enviado al exilio, cayó hace poco muerto en el aeropuerto de Kuala Lumpur por los alfilerazos envenenados de dos coléricas superagentes coreanas. Dentro de poco, esa eventualidad será impensable. Bastará con unos simples retoques genéticos que te hagan detestar desde la infancia al Pato Donald para que tanto el pecado original como los fallos de seguridad cometidos por la escolta de Kim Jong-nam se conviertan en cosas de la Edad de Piedra. De hecho, ya hemos avanzado mucho, porque el Porter que en la novela recorre Kolima de incógnito piensa en un tono más robótico que humano y sus cálculos de probabilidades se asemejan a los sueños de un cromagnon congelado al que hubieran aplicado durante la secular siesta un tratamiento de inteligencia artificial. De ahí que sea prácticamente invencible incluso si es derrotado, que ya es serlo.

Kim Jong-Nam, por desgracia, no ha pasado la prueba. Seguramente ni siquiera había leído esta aventura del agente Porter, algo que creemos imprescindible en tanto aguardamos la comercialización de los tratamientos celulares vaticinados por Macip y De Grey. Porque no, a nosotros no nos alcanzarán los sicarios del Amado Líder. No seremos unos mártires de una ciencia caduca que ya es pasado, como lo ha sido Kim Jong-Nam. Seremos como Porter, que, aunque muere, muere lo bastante poco como para poder ser, y en plena forma, el protagonista de la próxima novela de Davidson… que esperamos leer también, para continuar el entrenamiento.

Foto: José Luis Chaín

 

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