Cultura Transversal

De Troya al hoy

Posted in Autores, Historia, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 25 marzo, 2017

"JOAQUÍNpor Joaquín Albaicín – No recuerdo si fueron Plutarco o Eliano, pero fuentes casi contemporáneas de Homero o, al menos, no muy lejanas a él en el tiempo dejaron escrito que la guerra de Troya fue a sabiendas no otra cosa que un fraude, pues la princesa de Argos se hallaba oculta en Egipto, no en Troya, y que los aqueos, pese a descubrirlo, optaron por no levantar el sitio a la ciudad a fin de no quedar en ridículo ante el mundo por haber fletado una armada por nada. Aquí tenemos, pues, una variante de la Edad del Bronce del timo de las armas de destrucción masiva, esas Helenas que estaban en Iraq y ahora nos dicen que en Irán y que quienes realmente poseen sin disimulo alguno son Estados Unidos y sus aliados, empezando por Pakistán. Mendacidades de este orden acaso sean los únicos vínculos hermanadores de una guerra como la narrada por Homero con la emprendidas por Bush y Blair y demás campañas de invasión y asedio de hoy.

Sobre la de Ilión, quien sabe mucho es Caroline Alexander, que ha publicado La guerra que mató a Aquiles. La verdadera historía de la “Iíada” (Acantilado). Más allá de su amena erudición y de su atinada selección de pasajes de una epopeya sobre la que, a día de hoy y por lo que sea, se continúa hablando, escribiendo y rodando películas, lo que más nos ha interesado de cuanto en este ensayo es puesto de manifiesto ha sido el antedicho contraste, es decir, no la verdadera historia de aquel conflicto, pues al fin y al cabo la interpretación de las fuentes puede servir para la elaboración de gafas de muy disímil graduación, sino la abismal diferencia detectable entre la guerra de verdad y la de mentira.

El final de los protagonistas de la Iliada, que nos resume Alexander, resulta en esto de lo mas aleccionador. ¿Algún gobernante o alto cargo militar de hoy encabezaría vociferante un ataque para cobrarse la revancha por la muerte de un amigo, como hizo Aquiles por Patroclo? Ni uno y ni harto de vino. Los políticos y militares de hoy quizá estén en forma para dar la talla en la oficina en cuanto a lisura de camisa, pero no más allá. El hijo de Aquiles mató a Príamo para vengar a su padre. ¿Lo habrían hecho en Iraq los hijos de Bush y Blair? Imposible, porque no estaban allí. De hecho, ni siquiera estaban sus padres, pese a ser el Agamenón y el Menelao del asunto.

Las guerras emprendidas hoy en Occidente son, pues, guerras de pijos y para pijos, un poco como esos safaris en que los nativos colocan al leopardo a tiro del bwana para que éste acierte el disparo y, el año que viene, vuelva. Las “batallas” de hogaño registran mucho muerto, sí, centenas de miles de ellos, pero resultantes del trabajo sucio de las cuadrillas de asesinos profesionales -agencias de seguridad nacionales y privadas- que proceden al corte masivo de cabezas después de que los drones hayan laminado a su gusto y conveniencia el campo de batalla.

Hay algunas coincidencias, claro. Casandra, hija de Príamo, nos cuenta Caroline Alexander, fue violada y luego tomada como botín. Esto lo hacen mucho los cascos azules, verdadera competencia de Boko Haram y Daesh en lo que a preocupación por las féminas se refiere. Está, claro, el ardid de Tetis, que -planificadora de un verdadero ataque de falsa bandera- pacta con Zeus un desastre bélico del bando aqueo sólo para favorecer el ascendiente de su hijo Aquiles entre las tropas. Y bueno, quien haya visto La verdad sabe ya la prisa que se dio el joven y belicista Bush en mover contactos a fin de librarse de ser reclutado para mostrar su patriotismo en la jungla de Vietnam. Contarlo cuesta, en la película, el trabajo a Robert Redford y Kate Blanchett.

Los calificados como “guerreros” americanos luchan hoy, en fin, desde los despachos. Señala Carolyn Alexander que muy pocos de los combatientes de la Ilíada -Paris y Eneas entre ellos- fueron salvados por intervención de los dioses, pero es que, en eso, los dioses casi les hacían un favor, por cuanto morir en combate era entonces una honra. En cuanto a la Guerra Mundial en curso, quizá sólo pueda citarse el caso del mullah Omar, que huyó “milagrosamente” en moto mientras las bombas estallaban a su alrededor. Los demás, ya digo, al estar en los despachos… Pues como que no. Las Ilíadas de hoy las protagonizan adalides como el general David Petraeus, ex director de la CIA y proclamado héroe de la guerra de Iraq sin haber pisado jamás un campo de batalla iraquí. Su actividad guerrera consistió, básicamente, en tareas de oficina. Mató a mucha gente, ya, pero desde allí. Y su victoriosa espada era el café en vaso de plástico que, entretanto, sostenía en la mano.

Es por eso que los destinos trágicos propios de los héroes les son escamoteados por la Historia a estos paladines de nuevo cuño. Cuando Petraeus regresó a casa después de tanto combate con sacarina, no conoció la gloria de ser asesinado en la bañera por su mujer, como Agamenón. Simplemente, cayó en desgracia debido a unos correos indiscretos lanzados al ciberespacio por la jaca a la que a veces galopaba en amasiato. Y no pasa nada, porque unos años después Trump le ha rehabilitado y reincorporado al equipo de héroes. ¡Un tipo con suerte, el invicto Petraeus “que lleva la égida”, que diría Homero! En realidad, los héroes de hoy se parecen, más que a Agamenón o Diomedes, a los jugadores de balonmano. En lo de la suerte, sobre todo.

Foto: José Luis Chaín

 

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