Cultura Transversal

Nocturnos

Posted in Autores, Joaquín Albaicín, Libros, Literatura, Publicaciones by paginatransversal on 1 abril, 2017

"JOAQUÍNpor Joaquín Albaicín – Me ha dado por Kazuo Ishiguro, cuya prosa se extiende incensaria como el aliento del dragón que inspirara su novela más reciente –El gigante enterrado– y que no ha mucho leímos. De esa he pasado a Nocturnos, también en Anagrama, libro de cinco cuentos que parece haber urdido para dar la razón al Jardiel Poncela que escribiera aquello de que la música es admirable para, mientras suena, hablar de otras cosas… Los protagonistas de estos relatos son -bien por haber ya satisfecho sus ambiciones, bien por ser muy difícil que lo consigan- gente con expectativas, sí, pero con no demasiadas y que terminada frustrada, pero tampoco en exceso, claro, pues no estaba el listón de sus sueños tan alto como para caer en una depresión por su descenso. En cuanto a la música de fondo o banda sonora de cada historia, su elección viene dada por un cierto deseo de invitar al rescate nostálgico y con un punto de veneración de esas melodías que propician el abrazarse y bailar lento o espolvorean el abono que hace brotar entre hombres y mujeres la conversación, es decir, más la simpatía y la cordialidad que el amor o el sexo, modo harto inteligente de plantearlo, pues, como dice Rocío Cagancho, la inteligencia es cícilica: cuando te pasas de listo, vuelves a ser tonto. Y es que, en cuanto atañe a la seducción, es muy, pero que muy fácil calibrar mal las propias posibilidades de éxito.

Los músicos deambulantes por estas páginas no brillan en la primera fila: tocan en orquestas contratadas para amenizar con versiones de El Padrino o Cheek To Cheek cenas y meriendas en hoteles y terrazas de la Plaza de San Marcos y sitios así. Carecen de reputación o nombradía fuera de su mundillo, lo cual no es óbice para que uno de ellos, por ejemplo, piense de su composición en curso que: “Yo creo que ahí hay añoranzas y pesares como no se han escuchado nunca”. ¡Ya es algo! Porque, ¿quién va a creer en la valía de uno y de su obra si el propio interesado no se concede un margen de confianza?

En Violonchelistas, la mujer del relato parece por un momento ser una especie de vampira eternamente errante por el mundo, de hotel en hotel, en busca de un alma gemela masculina que ponga remedio a su soledad elitista. Tanto ella como el joven cuyo talento decide dirigir se cuidan mucho de, en ningún momento, pasarse de listos más que lo justo. Claro que -y no pretendo dar consejos- quedarse corto tampoco es bueno, pues la indecisión puede dejar a uno embarrado en el dilema de por vida.

En cuanto al argumento de Nocturno, que da título al libro, se hace eco de inquietudes rabiosamente actuales. Someterse a una cirugía plástica… ¿No residirá ahí el secreto del éxito? ¿No será tras ese paso adelante que sonarán los añafiles de la consagración? El músico protagonista, Steven, es un feo cuyo problema, según su novia y su representante, no es tanto ser feo como ser un feo de los que no rompen, no ser un feo como Adrien Brody o Quentin Tarantino, por ejemplo. ¿No debería, pues, pasar por el quirófano y cambiar de cara? En la clínica que le costea el novio de su ex novia empieza su nueva vida, pues le toca por vecina de habitación y convalecencia una celebridad carente de talento, pero estrella de la televisión y de la prensa del corazón y que –intuimos- está bastante buena incluso con toda la cara vendada a lo Amenofis. En qué acaba el asunto es algo que contará el propio Ishiguro a cuantos hayan adquirido el libro y llegado a la página que corresponde.

De cualquier modo, no es bueno alimentar ilusiones porque sí. Más guapos o menos, los políticos romanos de la Antigüedad trataban, por lo que sabemos, de peinarse como -según estatuas y mosaicos- creían que lo había hecho Alejandro Magno, pero Pompeyo, uno de los que se apuntaron a esa estrategia del tupé medio caído así como casual, fue luego vencido por el calvo Julio César. Nunca se sabe, pues, de dónde puedan proceder los desafines que frustran la melodía de una carrera o vida. Yo creo que son, en gran medida, coletazos propinados por el feroz escualo llamado Destino. De cualquier modo, que siga Ishiguro haciendo sonar las cuerdas de su pluma, y ¡que no nos falte la música!

Foto: José Luis Chaín

 

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