Cultura Transversal

Siempre nos quedará el “Corral”

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 18 abril, 2017

"JOAQUÍNpor Joaquín Albaicín – La primaveral semana comienza intensa, con el gran actor José Maya recibiendo su Premio 8 de Abril de Cultura Gitana en el auditorio del Reina Sofía con un discurso ante el atril sobre lo poco que las cebras van a la óptica y lo demasiado a menudo que a los cocodrilos adormecidos en la charca se les escapan los ñus, trasteo ante el que Sebastián Porras -escritor y presentador de la gala- no parpadea un ápice y rematado por el homenajeado cambiándose la muleta por la espalda para arrancar la ovación con una catilinaria contra el ego y un llamamiento para que no se deje de ir al teatro.

Prometemos hacerle caso, aunque donde nosotros sigamos sobre todo acudiendo sea a los figones flamencos como El Corral de la Morería, por donde están pasando a tributar sus loores a los danzarines anunciados en su VIII Festival Flamenco tantos importantes mascarones de proa de otras artes como en sus más áureos años: los más recientes, la gran concertista de viola Isabel Villanueva o el pintor Mikel Belascoain, a quienes nos presentó la otra noche Miguel Morán.

Nos convoca a plantarnos ante el ocre ocaso de las Vistillas, sobre todo, el nombre de Antonio Canales, protagonista en su momento de una obra de lustre y empaque –¡Torero!– en la que a él, lidiador, daba la réplica como burel un jovencísimo Ángel Rojas. Ambos cuajaban sobre la alfombra de la música de El Viejín, Ramón Jiménez y Oylem Goylem una faena inolvidable, y esta noche, como si César Rincón reapareciese mañana y le saliera de chiqueros Bastonito, el toro con el que triunfó cosa de dos décadas atrás, Canales iba a reencontrarse sobre las tablas del Corral con aquella misma fiera. Y nosotros, que vimos y aplaudimos a Canales en sus inicios vanguardistas, allá que acudimos a aplaudirle ahora que se ha transfigurado en bailaor goyesco que sin cesar mira de reojo al pasado, al flamenco de corrala y de tabanco y sigue haciendo por siguiriyas cosas tan importantes como plantarse con autoridad y sentido y transparentar durante todo el curso de su baile ese fondo de tristeza que tan necesario es en el flamenco.

Mas, para nuestra decepción, nada más llegar nos pone al tanto Armando del Rey de que ha tenido que salir a toda mecha hacia la ciudad del Sena. Habrá, no obstante, próximas ocasiones de verle, pues si ya dejó sentado Bogart que a él y a Ingrid Bergman siempre les quedaría París, a Canales y a nosotros siempre nos seguirá quedando El Corral de la Morería con su arco triunfal. Integran, pues, la terna final Ángel Rojas, La Lupi y Alfonso Losa. Rodeados de turbantes sijs, chadores jordanos y pláticas en neerlandés, asistimos a la airosa comparecencia de los tres por bulerías, y luego al templado cante por siguiriyas de Chelo Pantoja, a quien después vendrá a recoger su hijo Juañarito, una de las revelaciones de La Voz.

Empieza a deshacerse el hielo en la copa de balón. Ángel Rojas, ahora director del Festival Flamenco Madrid, sale a la arena, decíamos, sin matador, pero ceñudo y creciéndose ante el ronroneo de la afición, para dejar en el aire dibujos de elegante trazo y clase y un pasaje de gran belleza cuando el eco de Juan José Amador Perre suena para él por soleá con crepitante acento.

Le sigue La Lupi, huracán malagueño de flamencura reconcentrada que, sin darse ni darnos pausa, apuesta permanentemente por el desgarro, que nos regala en el juego de brazos algunas cosas antiguas y ya infrecuentes de ver hogaño y, en el vuelo por taranto del mantón y en sus remates rotundos y sonoros, deja patente que no es de las que dejan escapar a los ñus.

Y es el turno de Alfonso Losa, reciente triunfador en el Ciclo Bota y Tacón de Casa Patas, quien en la transición de la soleá a la bulería pásmanos con una patada de inaudita ejecución, en la que juega endiabladamente con el ritmo como colofón a esa rara capacidad suya, exhibida durante todo su baile, para acelerar y ralentizar con suavidad y precisión únicas. ¡Otro que no deja pasar un ñu!

Como fondo rítmico, las guitarras de Luis Miguel Manzano y Curro de María y el cante de Manuel Tañé, Pola, Perre y Galli, curtidos ya en infinidad de safaris bajo la luz de los focos.

Acaba la cosa y salimos a echar un pitillo bajo el farol. La noche puede parecer tranquila, pero no hay duda de que los ñus se acercan. Se barrunta en el aire… ¡No bajemos, pues, la guardia!

Foto: José Luis Chaín

 

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