Cultura Transversal

Kelian Jiménez y lo añejo

Posted in Autores, Flamenco, Flamenco en Crónicas, Joaquín Albaicín, Música by paginatransversal on 2 mayo, 2017

"JOAQUÍNpor Joaquín Albaicín – Como en esta vida, según reza el dicho, siempre llega una primera vez para todo, decido acercarme al Corral de la Morería, pero al primer pase, a eso de las ocho de la tarde, cuando aún no ha anochecido del todo, a ver qué se siente… Claro que, en honor a la verdad, lo de asistir a una gala flamenca a tales horas es lo normal en todas partes salvo en España, tierra de horarios asombro del orbe. Es decir: los raros somos los de aquí, no los aficionados o curiosos foráneos que antes de la puesta de sol -y, por lo común, ya cenados- abarrotan los tablaos. Aparte de que, una vez traspasas su umbral, reinan siempre en casa de los del Rey atmósfera y estética de madrugada. El cuerpo, pues, se pone a tono en un santiamén.

Sigue su curso, en fin, el VIII Festival Flamenco del Corral de la Morería, donde ya en el vestíbulo sentimos que nos atisban desde sus marcos ilustres fiambres del celuloide como Boris Karloff, la Lana Turner de El hijo pródigo o Yul Brynner. No sé si llegó a caer por aquí Peter Lorre, a quien Juan Carlos de Laiglesia dedica ahora un libro. Pero bueno, también somos recibidos por ilustres vivos, como Sarah Jessica Parker del brazo de Belén López o Richard Gere del de Lola Greco. Porque esto… ¡Sigue!

Hemos venido a ver a Kelian Jiménez, gitano madrileño y de Cañorroto, una de las cunas de la rumba y también una meca de la guitarra a la que debemos tañedores como El Nani, Jerónimo Maya, El Entri, Jesús de Rosario, El Viejín, Felipe Maya, Ramón Jiménez… Crianza flamenca a raudales la suya, por tanto. Curtido en compañías como la de Canales o Arrieritos, hace tiempo que se perfila como bailaor de impronta singular, pues en tanto la inmensa mayoría de los de su quinta fían todo casi en exclusiva al alarde de facultades físicas, él baila a veces sin apenas moverse, marca con solera -como patentiza esta noche en la soleá por bulerías- y se entrega en los remates más a lo flamenco de la intención que a la preocupación por la estridencia.

Su estampa de bailaor antiguo ya no abunda. En realidad, permítanme decirles que todo verdadero bailaor ha de parecer antiguo, añejo. O eso es lo que a mí me gusta. Yo, al bailaor que no me parece añejo incluso en los andares, la verdad es que no me lo termino de creer. Dijo Farruco hace ya años, en una entrevista concedida a Manuel Bohórquez: “No me gustan los que hablan de evolución y fabrican el baile como si fabricaran plástico. Si no hay esencia, sabor, memoria y arte, todo es plástico, mentira… Mucho estudio y mucho ensayo”. ¡Memoria! ¡Importante palabra!

Los desplantes, el paseo, el fraseo con los brazos en ocasiones apenas esbozado… Como todo ello le sale de modo natural a Kelian Jiménez, su rica sobriedad deja al aficionado con ganas de volver a verle, apareciéndosenos como uno de los que nos evidencian que ese espíritu de Farruco -no otra cosa que el espíritu flamenco, sin necesidad de más adjetivos- perdura.

Forman terna con él en esta velada otros dos danzarines, granadinos ambos. Se aprecian una templanza y sentido de la medida diríamos que influencia de la estela dejada por Mario Maya en el baile por taranto y tangos extremeños y de la raya de Portugal de Anabel Moreno, primera bailaora de la compañía de Juan Andrés Maya, quien cerrará el festival a finales de mes. Cosecha fortísimos aplausos su donosura, al igual que en la caña -baile que, de un tiempo a esta parte, los tablaos están recuperando- un entusiasta Adrián Sánchez que guiña el ojo a maestros de su tierra como Manolete o Juan Andrés.

Entre medias, una Virginia Gámez ceñida por gualdo mantón rinde culto con cristalino metal a la granaína y la media ídem que le valieron hace no mucho el trofeo de La Unión. También al cante, pero atrás, escuchamos -doliente, como siempre- a José Jiménez Bocadillo, camino de convertirse en un clásico del melisma para el baile en la línea de ecos que -como Felipe de Triana o El Pili– hicieron historia en el Corral, secundado por las gargantas en trance de prometedora consolidación de David Vázquez y Jesús Corbacho. A la guitarra se luce alante Mario Montoya, como su compañero Víctor El Tomate tanto inspirando el baile como el cante solista de Virginia Gámez.

Salimos, no avistamos en las inmediaciones ñu ni jabalí alguno… No ha anochecido aún del todo, si bien ya esta encendida la Almudena. Y emprendemos el regreso a casa enfilando el puente por el que tantos bailaores, sólo que a más tardías horas, han avanzado durante los últimos sesenta años. ¿Leeremos hoy, por fin, el libro de Antonio Ortega sobre el Bizco Amate? ¡Va siendo hora de decidirse!

Foto: José Luis Chaín

 

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